martes, 31 de mayo de 2011

Trashumancia en Extremadura - Historia - 1

Protohistoria de la Trashumancia en Extremadura

Pueblos prerromanos
Entre los pueblos que habitaron esta región en la época anterior a la invasión y conquista romanas (siglos V y IV a.C.) aparecen: vetones, lusitanos y turdetanos.
Los vetones se caracterizan por representar el substrato cultural más primitivo, con un sistema de organización tribal y con una economía basada en la posible existencia de una propiedad comunal, siendo el ganado la base de su sistema productivo, aunque también pudo existir el cultivo del cereal y de pequeñas huertas, permaneciendo la recolección y la caza como formas de actividad económica que en determinadas circunstancias pasaron a primer plano. Este pueblo celtíbero habitó en buena parte de la provincia de Cáceres. Su localización dentro de la actual región extremeña sería el área septentrional.
Los lusitanos mantenían un sistema productivo similar al descrito para los vetones basado en una economía pastoril, pero más evolucionada. Sin embargo, la estructura social y política difería al existir un proceso de modificación de la organización tribal, instaurándose unas relaciones personales de dependencia en la que los individuos de las clases bajas pasaban a depender de los más poderosos, favoreciéndose una creciente concentración de las riquezas en manos de la aristocracia. Los lusitanos orientales tuvieron su núcleo fundamental de asentamiento entre los ríos Tajo y Guadiana, aunque sus límites son imprecisos y probablemente inestables.
Los turdetanos, ocuparon la parte más meridional de Extremadura, al sur del Guadiana (el sur y sudoeste extremeño posiblemente formaba parte del Estado de Tartesos, con centro en la actual Andalucía occidental). Serían los más evolucionados desde el punto de vista socioeconómico y político. Las características de este sistema venían definidas por la implantación de la esclavitud y un mayor predominio de la agricultura, ajeno a la organización tribal y a la propiedad comunal

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Proceso de romanización


La primera fase de la conquista romana se desarrolló por el sur y el este peninsulares, afectando, entre otros pueblos, a los turdetanos, establecidos en las regiones más ricas y civilizadas. La siguiente fase de la conquista romana tuvo como principales fuerzas de resistencia a los lusitanos, con la alianza de los vetones y de otros pueblos. En este período destaca con especial relevancia la figura de un lusitano, Viriato. Pastor desde niño y acostumbrado a la vida montaraz, se erigió como líder en las campañas contra los romanos. Un erudito extremeño, Vicente Paredes, explica las razones de la resistencia a los romanos en los siguientes términos: «cuan importante sería para los españoles la ganadería y cuan arraigada tendrían esta costumbre de trashumar con sus ganados, y cuanto les era necesario, lo veremos en los sucesos posteriores a la época reseñada; pues de ellos son buenas pruebas las guerras que sostuvieron con los romanos, que no fueron otras las causas, sino que los conquistadores pretendían desarrollar y fomentar la agricultura, y ellos procuraban estorbarle, porque con ella quitaban pastos a los ganados. y se creaban trabas a la trashumación». La romanización implicaba la asimilación de las formas socioeconómicas romanas.

Entre las características de este sistema productivo destacan: mejora de las técnicas (arado romano, expansión de algunos cultivos como el olivo y la vid); concentración creciente de la propiedad; introducción del trabajo de los esclavos en la agricultura; desarrollo urbano (creación de las primeras ciudades que pueden considerarse como tales: Medellín y Metida y puede que también Cáceres y Badajoz); crecimiento demográfico y extensión de las tierras cultivadas, si bien este proceso se desarrolló especialmente en el entorno de las ciudades, por lo que los extensos territorios de Lusitania se mantuvieron relativamente al margen del proceso, conservando probablemente su economía pastoril, modificada por el aumento de las relaciones comerciales con la ciudad.
En el siglo III, tras un período de crisis se configura un nuevo tipo de sociedad en la que destacan los siguientes aspectos de interés: se sustituye la figura del esclavo, como principal fuerza de trabajo, por los colonos; las ciudades dejan de ser el eje de la vida económica del Imperio, siendo reemplazadas por los grandes latifundios, que tienden a autoabastecerse de los productos fundamentales.


La Extremadura visigoda
Las invasiones de los suevos, vándalos y alanos alcanzaron Extremadura a comienzos del siglo V. Sin embargo, hacia el 470 fueron expulsados por los visigodos, quienes dominaron estas tierras hasta la invasión musulmana. La presencia visigoda no alteró la orientación del sistema socioeconómico. En líneas generales parece que la aristocracia hispano-romana siguió siendo la poseedora de latifundios en Extremadura, aunque la situación de la nobleza era inferior, en contraposición con la prosperidad de la Iglesia.
Los visigodos prefirieron la ganadería a las cosechas y el pasto al cultivo, y destinaron términos vacantes al pasto común y aumento del ganado. En el más antiguo Código español, el Fuero Juzgo de los visigodos, se atendían ampliamente las necesidades pastoriles de los trashumantes (acceso sin restricciones a las tierras abiertas, derecho de los pastores a cortar árboles, se prohibía a los pueblos cercar sus comunales, obstruir las cañadas o impedir acceso a los terrenos baldíos situados en la vecindad).


Los musulmanes en Extremadura
Los musulmanes penetraron en la Península a comienzos del siglo VIII, en una fase de decadencia del mundo visigótico, aprovechando sus querellas internas. El período de conquista fue breve, procediendo al asentamiento y organización del territorio ocupado, al que denominaron Al-Andalus.
En general, los árabes se reservaron las mejores tierras, especialmente las del valle del Guadalquivir. Los bereberes se asentaron en las altas tierras meseteñas y en las laderas de las sierras buscando, como los árabes, unas condiciones más semejantes a las de sus lugares de origen, que encontraron en parte de los territorios extremeños. En estas localidades favorecieron una economía ganadera, basada especialmente en la oveja. Esta orientación ganadera ovina tendría una innegable influencia en el futuro de Extremadura.
En el comienzo de la dominación los territorios eran considerados propiedad colectiva del estado musulmán; sin embargo, progresivamente fue realizándose el reparto individualizado de las tierras, el cual estuvo tan discriminado en favor de los árabes, que fue ocasión y estímulo para la sublevación de los bereberes. Por tanto, el sistema de producción es herencia casi completa del anterior, sumándose al latifundismo hispanogodo el latifundismo musulmán.
El propietario musulmán pasó además a residir en las ciudades próximas a sus territorios, desde donde recibía las rentas de sus aparceros (antiguos campesinos hispanogodos), dando así un impulso al renacimiento de las ciudades. Esto atrajo a la población circundante e introdujo una agricultura intensiva en las proximidades de las urbes, que se basaba en la noria y en el regadío.
La situación geográfica de Extremadura, sin «fronteras naturales», influyó también sobre el sistema productivo, acentuando la inclinación a la ganadería, de más fácil defensa por su movilidad. Esta característica de la región extremeña se pondría aún más de relieve durante la Baja Edad Media, en la que fue encrucijada de estados feudales (marca fronteriza musulmana con los reinos de León y Castilla, mientras que por el oeste soportaba las presiones guerreras de la vecina Portugal).

La Reconquista

En los siglos de la Reconquista, Extremadura constituía una vasta entidad geográfica al sur del Duero; de ahí su denominación. El nombre de Extremadura, aplicado a esa región, se encuentra en los textos literarios y diplomáticos de la época, distinguiéndose perfectamente de la Transierra, la zona más meridional del reino de León y a la que más se ajustan los límites actuales de la región extremeña.
Extremadura -usando el término en su concepción geográfica actual- aparece más tarde designando el territorio más meridional del reino leonés.
El primer contacto directo de Extremadura con la conquista sucede cuando los reyes cristianos intentan atravesar el Sistema Central Para pasar hasta las riberas del Tajo. Esta etapa viene simbolizada en la región por la plaza fuerte de Coria, cuya primera toma fue llevada a cabo por Alfonso VI en 1079, en lucha contra el reino de Badajoz. La reconquista definitiva de la línea del Tajo se realizó con Alfonso VII, en 1142, al final del período almorávide, durante el cual no tuvo lugar ningún avance militar de importancia, especialmente a causa de los conflictos internos de los reinos cristianos. La segunda etapa de la reconquista, el paso del río Tajo al Guadiana, acaece tras el hundimiento musulmán en la batalla de las Navas de Tolosa, en un brevísimo período del reinado de Alfonso IX. El año de la toma de Badajoz, 1230, será el de la unificación de los reinos castellano y leonés bajo Fernando III, quien terminará la reconquista extremeña.
Dentro de todo este proceso merece especial mención la colaboración prestada por la Iglesia, la nobleza y, muy particularmente, por las Ordenes Militares. Las principales Órdenes Militares que se asentaron en el territorio extremeño fueron las siguientes: Orden de Santiago. Ocupaba una amplísima franja en el centro de Extremadura que se prolongaba hacia el Sudeste. Algunas de las principales cabeceras de esta Orden fueron Montánchez, Mérida, Llerena, Alange, Hornachos y Reina.

Orden de Alcántara. Poseía extensiones en la parte noroeste de Extremadura y en torno a La Serena, con Alcántara y Magacela como centros.
Orden de los Templarios. Ocupaban el sudoeste extremeño, con Jerez de los Caballeros como centro principal. Tras su desaparición se incorporaron las posesiones a la Orden de Santiago.
La repoblación del territorio conlleva la expansión de la actividad agropecuaria. En este caso se favoreció desde un principio la aparición de un tipo de colonización señorial y latifundaria, de acusado carácter pastoril. Estos factores influyeron de forma notable en la orientación ganadera que tomó la región. Nobleza, monasterios y órdenes militares apostaron por la ganadería extensiva, que requería un menor grado de ocupación y una mano de obra menos numerosa.
Se daban así los factores básicos para que la opción ganadera y forestal se impusiera sobre la orientación agrícola. Además, la incorporación de Extremadura y otros inmensos territorios al ámbito político y económico cristiano influyó poderosamente en la extensión de la trashumancia. Extremadura, región de clima relativamente suave en invierno, constituía en esa época un conjunto de excelentes pastos de invierno (penillanura trujillano-cacereña, La Serena, Tierra de Barros, vegas del Guadiana...).


Así, pues, en palabras de Paredes Gullén: «Al paso que arrojaron los moros de las tierras llanas, fueron estableciendo en ellas sus ganados, y extendiendo los límites de su prosperidad con los del imperio. La diferencia de las estaciones les enseñó a combinar los climas, y de esta combinación nació la de los pastos estivos con los de invierno, y acaso también la dirección de las conquistas, pues que penetraron primero hacia Extremadura que hacia Guadarrama. Así que, cuando aquella fértil provincia se hubo agregado al reino de León, el ardor y sequedad del mismo territorio se convino con la frescura del antiguo, y la trashumación se estableció entre Extremadura y Babia y entre sierras y riberas, no para afinar las lanas, sino para conservar y multiplicar los ganados. Esta necesidad es indispensable: ella estableció la trashumación, y a ella sola debe España la rica y preciosa grangería de sus lanas que tan largo tiempo es celebra en la historia».
Ya a mediados del siglo XIII, hacia 1252, Fernando III ampara a los ganaderos de Béjar en el derecho a utilizar los pastos de la tierra de Plasencia durante la temporada invernal, confirmando una costumbre practicada ya desde la época de su abuelo, Alfonso VIII, a quien se debe la fundación de la ciudad plasentina.



miércoles, 25 de mayo de 2011

Trashumancia en Sanabria - Historia y 7


Aunque la mayor parte del ganado trashumante que agosta en Sanabria pertenece a los Churreros de Aliste, aún pervive la práctica de desplazarse en verano hacia las sierras sanabresas entre los ganaderos de Extremadura.
Los sanabreses denominan merineros a los grandes rebaños que tradicionalmente han llegado hasta sus sierras procedentes de estas tierras más sureñas, haciendo con ello referencia a la raza ovina que componía los hatos.
Actualmente son cuatro los rebaños de merinas que agostan en Sanabria, procedentes en su mayoría de la provincia pacense y en menor cuantía de la de Cáceres. Los ganaderos tienen en común la tenencia de fincas propias en sus lugares de origen, donde permanece el ganado entre los meses de noviembre y mayo.
A diferencia del sistema de trashumancia existente en la comarca de Aliste, basado en la formación de grandes cabañas, cada uno de los ganaderos extremeños desplazan sus ganados por separado y arriendan las fincas de agostada de manera individual.

Dos de los rebaños pasan la temporada invernal en el área de La Serena, ubicada en el tercio medio sudeste de la provincia de Badajoz. Son las únicas ganaderías de la comarca que realizan esta trashumancia ascendente, ya que La Serena es más propiamente un lugar de destino; esto es, un invernadero que acoge los rebaños originarios de las cabeceras soriana y conquense.
Otro de los rebaños, también de la provincia de Badajoz, tiene su asiento en San Vicente de Alcántara, municipio que es, a su vez, invernadero frecuentado generalmente por los trashumantes de las sierras leonesas.
Por último, en el término municipal de Brozas (Cáceres) inverna un rebaño de menor tamaño que los anteriores. El desplazamiento del ganado se hace por carretera; los camiones lo recogen en la misma finca de invernada y lo descargan en las majadas arrendadas en las sierras de Porto.
Para ello se utilizan caminos rurales y vías pecuarias, realizándose el trayecto en menos de una jornada. Generalmente, el ganado llega en los camiones por la noche poder realizar éste en las horas más frescas de la mañana.

A partir de Puebla de Sanabria partir cada rebaño iniciará su andadura independientemente hasta sus correspondientes sierras. Realizan el mismo itinerario que los churreros. Atraviesan el arrabal de Puebla, cruzan el río Tera y tras pasar el puente se desvían a la izquierda siguiendo el cordel que llega al Mercado del Puente. Antes de atravesar esta localidad hacen una breve parada en las cercanías del puente romano a la espera de ser alcanzados por las caballerías que desembarcan más tarde. Continúan por la carretera que va a Sotillo y tras la desviación de Quintana, inician la subida de “Las Canteras” que termina en el lugar de dormida, “Lamarredonda”. En la siguiente jornada, y tras pasar el Espinazo del Perro y Peña Bubela, sestean en la Fuente de los Gallegos concluyendo el día al pie de la presa de Puente-Porto. A partir de este punto cada rebaño prosigue diferentes caminos hasta llegar a sus correspondientes majadas.
El sistema de trashumancia y la organización del mismo difiere en algunos aspectos del llevado a cabo y descrito para los alístanos.
En primer lugar, y como ya se ha comentado anteriormente, las cabañas alistanas se constituyen como asociación de pequeños rebaños cuyos propietarios los confían al encargado. Por contra, los merineros trashuman de manera individual, teniendo contacto tan sólo durante el viaje. Mientras que los diferentes personajes de las cabañas alistanas (encargado, pastores y arreadores) tienen intereses directos, al ser propietarios de parte del ganado, en el caso de los extremeños estas figuras se corresponden con personas contratadas, sin otro interés que el salario (a excepción de las tradicionales escusas que poco a poco van desapareciendo). Los ganaderos propietarios de las merinas suelen vigilar el embarque-desembarque, están informados sobre las incidencias del viaje" y ocasionalmente aparecen en aquellos puntos adonde el coche les permite llegar, si bien no suelen acompañar al rebaño durante el ascenso a las sierras, limitándose a realizar esporádicas visitas durante la temporada para asegurar el buen funcionamiento de la agostada.
El capataz o mayoral ejerce las mismas funciones que el encargado en las cabañas alistanas, pudiendo ser la misma persona o no durante la temporada de verano. En las ganaderías de La Serena los capataces son extremeños, mientras que en la de San Vicente de Alcántara este puesto lo desempeña un sanabrés. En la subida a las sierras estos tres mayorales acompañan al rebaño, pero una vez establecidos en las correspondientes majadas esta función pasa a cargo del pastor de mayor experiencia.
El mayoral suele llevar un vehículo de apoyo, con equipajes y comida. En el coche llevan también periódicamente las provisiones y sacos de sal que el rebaño necesita como complemento en las sierras.
Los pastores de los merineros en estas sierras son lugareños de Sanabria (fundamentalmente del municipio de Porto), quienes son contratados para la temporada de verano, si bien algunos también desempeñan esta función en las tierras de Extremadura. De ellos son los perros carea de que se sirven para el manejo del ganado, mientras que los mastines suelen ser propiedad del dueño del rebaño.
El período de estancia en las sierras también difiere del de los alístanos, y está en función de la posibilidad de aprovechamiento de los pastos de invierno. Los merineros tienen una primavera más temprana y una otoñada más tardía que en la Tierra de Aliste, circunstancia que los obliga a alargar la estancia en las sierras sanabresas, donde permanecen desde finales de mayo hasta mediados de noviembre. Esto los hace soportar las difíciles condiciones climáticas del final de verano en las sierras (nieblas, heladas, lluvias e incluso nevadas), dificultades que son soslayadas por el gran conocimiento que de estos parajes tienen los pastores, oriundos de ellas.
Una vez alcanzadas las sierras, las formas de manejo y la organización entre los pastores vuelve a distinguirse de la de los Churreros. Debido al largo tiempo de estancia, los rebaños comienzan su pastoreo en una de las majadas, a partir de la cual van recorriendo las siguientes en una especie de círculo cerrado. Antes de que el ganado vuelva al punto de inicio ha transcurrido el tiempo suficiente para permitir la recuperación de sus pastos.
Los pastores distribuyen su quehacer estableciendo turnos de dos o tres días repartidos entre dos o tres de ellos, según los rebaños. De esta forma siempre queda un solo pastor al cuidado de las ovejas, mientras que los otros descansan en su pueblo.
Una última diferencia entre merineros y churreros viene implícita en estos nombres con que los distinguen los sanabreses. Los rebaños extremeños están compuestos por ovejas de raza merina. Poco hay que se pueda decir de esta raza que no haya sido ya largamente escrito, sobre sus características morfológicas, su nombre , su aparición en la geografía española, así como sobre su importancia en la organización mesteña y en la economía española durante siglos.






Trashumancia en Sanabria - Historia - 6

Una vez en la sierra, el encargado organiza los equipos y turnos de los pastores. Para ello hay que seleccionar a los pastores que tendrán que convivir estrechamente durante varias semanas. El buen hacer depende en gran medida de las relaciones personales, por lo que la elección de los equipos es una de las decisiones más delicadas que ha de tomar el responsable.
Finalmente, y con arreglo a los mismos criterios que se tuvieron en cuenta para la subida a las sierras, el encargado decide el momento óptimo del regreso a los pastos bajos para aprovechar “la espiga”. Y así, tras el viaje de vuelta, la responsabilidad del encargado termina cuando se aparta el ganado. El momento del recuento simboliza la entrega al propietario del rebaño del que se hizo responsable durante la temporada de verano. Con el ajuste de cuentas la campaña concluye hasta el año siguiente.
No obstante lo dicho, durante la campaña de 1992 se advirtieron diferencias organizativas entre unas cabañas trashumantes y otras. Así, el encargado de la cabaña de Palazuela, la más numerosa, habia dirigido directamente todos los trabajos hasta hace pocos años, con sus más de ochenta años sigua organizando el viaje trashumante, delegando algunas responsabilidades pero manteniendo una autoridad que nos transporta a otros tiempos; acompaña a la hacienda en coche, saltando de un punto de parada al siguiente, para tener preparada la llegada del rebaño. Se trataba del tío Felones, hoy desaparecido que era considerado como una institución entre los Churreros del Aliste   En la cabaña de Valer, el propio encargado ejerce, a su vez, funciones de arreador en el viaje, así como de pastor en la sierra. Las demás cabañas de churreros no tienen una estructura tan rígida, aunque mantienen la figura del encargado.

Los trashumantes de Tábara (con menos antigüedad en estas prácticas ganaderas) juntan rebaños más pequeños (menos de 2.000 cabezas), de menos propietarios y, por tanto, más manejables. El encargado de la cabaña suele acompañarse durante el viaje de un coche de apoyo que transporta equipaje y comida durante el recorrido.
Los pastores son los responsables de cuidar la hacienda en la sierra. Sus ocupaciones varían en función de las cabañas, del sistema de agostada adoptado y de las peculiaridades de cada uno de ellos. El día se emplea en acompañar al ganado en su careo por la sierra, atendiendo los problemas que surjan. Los más jóvenes suelen encargarse del avituallamiento y de la cocina.
Los churreros siempre tienen pastores con intereses en el rebaño. Al ser cabañas formadas por ganaderos de muchos propietarios, siempre hay alguno que quiere quedar de pastor para velar más de cerca su hacienda. En el caso de los pastores de Tábara el sistema de organización es “a rodas”; es decir, con turnos rigurosos entre todos los propietarios del rebaño, siguiendo una ancestral costumbre local. Tan sólo en la cabaña de Palazuelos se mantienen los mismos pastores durante toda la temporada en la sierra. Otra posibilidad que a veces se elige es el reparto de tiempo en función del número de ganado que se aporta a la cabaña.
Durante el traslado de la cabaña a la sierra surge otra figura: los arreadores. Son pastores cuya misión consiste únicamente en guiar al ganado desde los pueblos de origen a los pastos de destino, donde acaba su responsabilidad. Cada uno lleva sus perros de trabajo, que volverán con ellos cuando acabe el recorrido. Son, en muchos casos, propietarios del ganado y durante el verano, en ocasiones, también harán turnos en aquellas cabañas que así lo organicen.
Los perros resultan un auxiliar fundamental para el trabajo de los pastores y arreadores.
Los grandes son mastines, de mayor o menor pureza de raza, cuya misión exclusiva es la protección del rebaño. Durante el viaje acompañan a la cabaña con paso cansino y aparentemente abúlico: unos caminan al lado del rebaño, otros dentro, y en algunos casos abren la marcha. A veces se tumban entre las ovejas andariegas, y quedan rezagados, momento en que reanudan su marcha hasta recuperar su posición unos centenares de metros más adelante. Durante las dormidas, y desde que comienza a llegar la noche, cualquier ruido anormal es captado por los perros, que con un ladrido avisan a sus compañeros. En un momento se forma una gran algarabía que fácilmente disuade a cualquier visitante nocturno. Las primeras noches del viaje son las más inquietas. Las ovejas se extrañan unas a otras y los perros están alerta, pues no en vano se transita por territorio del lobo. Sólo la presencia de los pastores, que velan casi toda la noche, consigue tranquilizar a los animales.
En algún momento se oye la voz estruendosa del encargado, quien al grito “¡Ah, maricón!” espanta lobos reales o imaginarios.
Los perros pequeños o carea son utilizados para el manejo del rebaño, trayendo y llevando las reses que se escapan del grupo. Son de gran inteligencia y enorme vitalidad, y en los puntos conflictivos resulta inestimable su ayuda. Difícilmente se separan de su dueño y esperan prestos y ansiosos cualquier orden de mando (voz,  gesto, piedra), pero siempre que venga de su amo.
Los perros, conocidos o no de años anteriores, establecen sus jerarquías en las primeras horas del viaje; pequeñas escaramuzas posteriores confirman el rango de cada cual.
De otra parte, los pastores dicen que “los perros bien comidos se vuelven tontos” y llevan a rajatabla el precepto: los alimentan con pan, sobras de las comidas y desechos de las reses que mueren en el camino o en la sierra.
Finalmente, los trashumantes más tradicionales prescinden de vehículos de apoyo, sirviéndose todavía de animales de carga para el transporte y el avituallamiento (las yeguas han desplazado al tradicional burro alistano en este cometido). El aprovisionamiento en las sierras se hace cada tres o cuatro días con su ayuda. Con todo, la utilización de caballerías va desapareciendo al mejorar las condiciones de estancia de los pastores trashumantes, ya que casi todas las majadas tienen camino de acceso para vehículos de motor. Es uno de los motivos por los que la raza del asno alistano ha estado a punto de desaparecer.



Trashumancia en Sanabria - Historia - 5


La composición de la cabaña tiene que estar perfectamente estructurada para obtener el óptimo rendimiento en la marcha y en el pastoreo de los rebaños. Son varios los protagonistas responsables de velar por la hacienda: el encargado o capataz, los pastores, los arreadores, y como fieles acompañantes, los perros grandes, los carea y las caballerías (yeguas, mulas y burros), que en casi todos los casos están siendo desplazadas por vehículos a motor. De todas formas, transportar determinados bultos hasta las majadas sigue necesitando la ayuda de los equinos.
El encargado de la cabaña es el máximo responsable de los rebaños que realizan todo el recorrido a pie. Los churreros confían el cuidado de su hacienda a esta persona, que se hace cargo de ella hasta la vuelta en el mes de septiembre.
Las responsabilidades del encargado comienzan con la selección de los rebaños que compondrán la cabaña. Para ser aceptados en ésta se tienen en cuenta la antigüedad, los lazos de amistad, la disponibilidad de pastos y de pastores y el número total de cabezas de ganado ya comprometido. De esta forma, muchas veces ganados de un mismo pueblo se reparten entre diferentes cabañas.
Al tiempo que perfila la composición de la cabaña el encargado busca los pastos de arriendo en las sierras. El origen de éstos es variado: subastas de montes del Estado, de los Ayuntamientos e, incluso, de particulares. Los precios y calidades de los pastos varían mucho, por lo que hay que confiar en la habilidad y en la experiencia para conseguirlos en cantidad y calidad suficientes y a buen precio.

El encargado decide la fecha de salida a las sierras en función de la disponibilidad de alimento en la zona baja, del estado de los pastizales de verano y de las condiciones meteorológicas. Rápidamente se establece una pequeña táctica: hay que aguantar en Aliste lo justo para que «las sierras estén buenas» y procurar iniciar el tránsito por el cordel antes que los demás para disponer de alimento durante el camino, a cuyos efectos se intentará sonsacar a los integrantes de otras cabañas la fecha de partida.
Dispuesta la salida, el encargado indica a los arreadores su posición durante la marcha, establece los lugares de sesteo y dormida, que año tras año suelen ser los mismos, y se encarga del avituallamiento durante el recorrido.


Trashumancia en Sanabria - Historia - 4

En las sierras sanabresas confluyen rebaños procedentes de dos invernaderos distintos: uno lejano, localizado en las provincias extremeñas, y otro próximo, asentado en las comarcas zamoranas vecinas, integrantes del partido de Alcañices, que incluye las Tierras de Aliste y de Tábara. De manera ocasional se añaden un rebaño de la comarca de Sayago (Zamora) y otro de la provincia de Salamanca.
Ahora bien, así como la trashumancia de procedencia extremeña es un hecho sabido, y en particular la originaria de la comarca de La Serena, de la que proviene la mayor parte del ganado merino, por contra es poco conocida la trashumancia de las comarcas próximas a la de Sanabria, a pesar de su elevada participación en el pastizal sanabrés.
Por todo esto, casi se puede considerar que es la Tierra de Aliste la que proporciona las claves del mantenimiento de la trashumancia en el extremo noroeste de la Península, motivo por el que se dedicará una mayor atención a las características geográficas y sociales de este peculiar y cercano invernadero que, en adelante, denominaremos genéricamente Aliste.


Churreros
Bajo el nombre de «Churreros de Aliste» se conocen en Sanabria a los ganaderos trashumantes que proceden de la vecina comarca alistana, y por proximidad geográfica engloban también a los procedentes de la Tierra de Tábara. Los límites que definen este invernadero son: la Sierra de la Culebra, al Norte; el río Esla, al Este; el río Duero, al Sur, y la frontera con Portugal, al Oeste.
Las cabañas
En la época estival se reúnen diversos propietarios de diferentes pueblos para realizar conjuntamente el desplazamiento y el aprovechamiento de los pastos de las sierras sanabresas. La unión de estos rebaños (de 30 a 500 cabezas) forman las cabañas.
En Aliste cada cabaña local trashumante es conocida por el nombre del pueblo en donde reside el «encargado», que, como la misma palabra sugiere, se responsabiliza de todo lo relacionado con la actividad trashumante. De esta forma se puede hablar de cuatro cabañas: Palazuelos, Valer, Fradellos y Riofrío, a las que se puede añadir una quinta, la de San Vicente de la Cabeza-Rabanales. En Tábara hay tres y para diferenciarlas se las conoce con el nombre del propio encargado.

De entre las alistanas, la cabaña de mayor entidad es la Cabaña de Palazuelos, que arrienda sierras en los términos de Hermisende (La Tejera, Cástrelos y Sierra Gamoneda), Pedralba (Sierra Gamoneda y Calabor), Requejo (Sierra Gamoneda) y Lubián. Le sigue en importancia la Cabaña de Valer. Los pastos de verano arrendados en esta campaña se localizan en el término de Porto; unos son de titularidad municipal y otros se encuentran en montes del Estado transferidos a la Junta de Castilla y León.
La Cabaña de Fradellos engloba se desplazan a Valdecasares, Valdalastra, La Piedriña, Aciberes, El Gañeron, Segundera II y Valdelacasa, en el término municipal de Porto, y Sospacio, en el de Pedralba. La Cabana de Riofrío, compuesta de unas 2.000 reses, agrupa rebaños de Abejera (Riofrío) y Rabanales que se dirigen a El Cabril y Santa Coloma (Porto). La Cabaña de San Vicente de la Cabeza-Rabanales, con 1.400 efectivos, a una dos rebaños que aprovechan los pastos en las cercanías de Robledo, al sur del término municipal de Puebla de Sanabria.
Las tres Cabañas de Tábara recogen unas cuatro mil cabezas, todas ellas pertenecientes al pueblo que les da nombre. Dos de ellas se forman con el ganado de varios propietarios (cuatro en cada caso), mientras que la otra es de un solo ganadero que lleva ovejas y cabras. Las fincas arrendadas se localizan en diferentes sierras del término municipal de Porto.

Los rebaños que en otro tiempo formaban la cabaña ovina alistana eran de raza Churra, por lo que estos trashumantes eran conocidos en la región sanabresa como los «Churreros de Aliste». Sin embargo, las cualidades de esta oveja, especialmente su rusticidad y sus cualidades lecheras, no han servido para procurar su supervivencia pura. Poco a poco ha sido sometida a cruzamientos raciales y posteriormente reemplazada por la oveja Castellana, que con su triple aptitud leche-carne-lana es la que tiene mayor presencia. Los motivos de este cambio vienen determinados por el mercado de la carne, al ser éste el producto más rentable, especialmente en una época en la que la leche no se considera suficientemente remunera-da y la lana apenas adquiere valor, máxime teniendo en cuenta que mientras el peso medio de la oveja Churra oscila de 40 a 65 kg, el de la Castellana varía entre los 55 kg en las hembras y los 70 kg en los machos. Es este mayor tamaño el factor decisivo para elegir la raza Castellana como productora de corderos lechales, objetivo principal de las explotaciones.
Otro tanto puede decirse respecto de la raza Manchega, con la que en los últimos años se están realizando nuevos cruces para obtener corderos de mayor envergadura (las ovejas manchegas pesan de 55 a 70 kg y lo moruecos de 70 a 90 kg). A pesar de ser de mayor tamaño que la oveja castellana, es menos rústica y sobria, si bien tiene a su favor que, en condiciones favorables, la fertilidad es de hasta el 100' y la prolificidad llega a oscilar entre 130 y 160 corderos por 100 partos.
La mayor parte del ganado ovino que trashuma hacia Sanabria corresponde a estas dos razas autóctonas (la Castellana y la Manchega) y de aptitud carne-leche, con cuyos cruces se pretende mejorar la producción del cordero lechal.