martes, 17 de septiembre de 2019

El discurrir y el discurso de las vías pecuarias - 2


TIPOLOGÍAS DE LAS VÍAS PECUARIAS
Las vías pecuarias están clasificadas en cuatro categorías, según su anchura.
CAÑADAS: hasta 75 metros de anchura (90 varas castellanas).
CORDELES: hasta 37,5 metros de anchura.
VEREDAS: hasta 20 metros de anchura.
COLADAS: cualquier vía pecuaria de menor anchura que las anteriores.
La red de vías pecuarias no se extiende sobre todas las regiones españolas, sino que está restringida a aquellas zonas donde las condiciones climáticas impiden la explotación de los pastos durante todo el año. Por lo tanto, en Galicia y a lo largo de la Cornisa Cantábrica, no existen vías pecuarias.
En el resto de España, las vías pecuarias reciben distintos nombres. En Aragón se conocen como cabañeras, mientras que en Cataluña se llaman carreradas. En Andalucía son veredas de la carne y en Castilla, aparte del nombre genérico de cañadas, se denominan también galianas, cordones, cuerdas y cabañiles.
La longitud total de las vías pecuarias españolas es de 125.000 kilómetros, (el trazado del ferrocarril tiene unos 15.000) y ocupan una superficie de 425.000 hectáreas, equivalente a la provincia de Pontevedra, lo que representa el 1% del territorio nacional.

jueves, 4 de julio de 2019

El discurrir y el discurso de las vías pecuarias-1




Introducción 
La gran red de las vías pecuarias españolas constituye un extenso, rico y diverso entramado que serpentea de Norte a Sur por el territorio de la Península. Los pastores, conduciendo sus rebaños, en primavera se desplazaban por cañadas, cordeles, cabañeras y veredas, hacia los pastos de verano o agostaderos, en las sierras norteñas, regresando en otoño hacia el Sur, en busca de invernaderos.
La decadencia de la ganadería, la disolución de La Mesta, la aparición del ferrocarril primero y del automóvil después, la profunda modificación de los usos tradicionales debido a los modelos de desarrollo potenciados en nuestro país a partir de los años sesenta, entre otros, han sido factores determinantes del deterioro galopante de esta reliquia histórica que, conservada durante muchos siglos, hoy está gravemente amenazada.
La salvaguarda de la red de vías pecuarias pasa necesariamente por la aplicación de la Ley de Vías Pecuarias aprobada por el Consejo de Ministros en 1995, acordada básicamente con los gobiernos autónomos y las entidades locales, y redactada con criterios conservacionistas que contemplan la reconstrucción y la reutilización de la red, mediante la definición de nuevos usos, compatibles con los prioritarios de facilitar y potenciar el tránsito ganadero y las comunicaciones agrarias, pero que también responden a las actuales necesidades que reclaman los ciudadanos.
El gran interés y preocupación que vienen de- mostrando por las vías pecuarias y su futuro los investigadores y especialistas, la presión de las asociaciones ecologistas y de defensa del patrimonio, así como la receptividad de los responsables de las instituciones, tanto del Estado, autonómicas y locales, como de las europeas, nos hacen concebir esperanzas de que la demanda de tantos estamentos genere en breve el marco legal que, respaldado por una decidida voluntad política de hacerlo cumplir y potenciado por una movilización social activa, ponga en valor este patrimonio único que estamos obligados a conservar para uso y disfrute de las generaciones venideras.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Haciendo historia - 11


Cuadro de texto: CCuadro de texto: OCuadro de texto: NCuadro de texto: F

Ahora bien, aunque los trashumantes serranos necesiten de los extremos para cerrar su ciclo económico, no pueden evitar que la gente de los valles desconfíe de ellos. Las moradas montuosas, de suelos pobres, naturaleza salvaje y culturas arcaicas, serán vistas por las poblaciones de las planicies como un mundo adusto y marginal a las civilizaciones. Es por eso que los guardianes de la ortodoxia situarán en las alturas inhóspitas los reinos diabólicos del hechizo y la brujería, la superstición y el aquelarre, los miedos reflejados de los intelectuales de las ciudades. Y las montañas sólo perderán esta condiciónCuadro de texto: P E C U A R I A S de monstruosas en el siglo XIX, cuando los románticos las conviertan en “templos  de la naturaleza”, los geólogos las utilicen para leer la historia de la tierra y pintores y novelistas del realismo se recreen en su majestuosidad. Pero también cuando se inicie la ruina ecológica de las mismas de la mano de la minería y la deforestación, las obras públicas y la contaminación.


Cuadro de texto: V I A SEntretanto, el folklore primitivo de las culturas montaraces se puebla de monstruos y liturgias paganas, sobre todo cuando tanto reformados luteranos y calvinistas como católicos tridentinos desaten la caza de brujas y se lancen a la cruzada de cristianizar los márgenes. A despecho de la devoción religiosa que siempre tuvieron los mesteños. La respuesta es un aferrarse a las libertades montañesas, con cuya barrera tropiezan el orden político y social de las tierras llanas, hasta convertir a aquéllas en un mito literario, por donde transitarán los arquetipos del buen bandido, el anacoreta, el perseguido por la ley, el milenarista y, ya en nuestros días, el guerrillero y el ecologista. La huida de la civilización se dirige a los desiertos, las islas y los bosques incontaminados. Como sentenciaba el viajero ilustrado: “Los lugares más escarpados han sido siempre el asilo de la libertad”.

Cuadro de texto: N A C I O N A  LCuadro de texto: D EPor otra parte, fruto de las construcciones mentales, el mundo de la ganadería presenta referentes sociales, religiosos y literarios. El pastor como grupo socioprofesional, diferenciado del propietario ganadero y de los oficios complementarios a la trashumancia, es portador de una cultura privativa en la que plasma su vida empírica y naturalista que va del conocimiento  astronómico al geográfico, del relato oral a las artes decorativas, y donde tienen cabida los elementos simbólicos y los prodigios maravillosos.

lunes, 2 de julio de 2018

Haciendo historia - 10



En otro orden de cosas, la metrología será más antropocéntrica entre los agricultores, donde el cuerpo y sus miembros constituían las unidades aldeanas por excelencia, mientras tenía connotaciones espaciales entre los mesteños, que medían las dehesas de los extremos y los puertos de las cabeceras en millares o superficie que proporcionaba  yerbas a mil ovejas y quintos a quinientas cabezas. La conversión o la equivalencia de estas medidas antiguas a las actuales sólo puede ser aproximativa, puesto que no era lo mismo una cabeza de hierba en la umbría que en la solana, en terreno limpio o pedregoso, en alto o en llano. Por fin, la imposición del sistema métrico decimal que acompaña al triunfo de los regímenes liberal-burgueses, sin ir precedida de la pertinente revolución mental en agricultores y ganaderos, deshumanizará estas tradiciones pastoriles, empíricas, armónicas y mesuradas. La abstracción del metro, materializada en una barra de platino conservada en el Museo de Artes y Oficios de París, estará siempre más alejada del campesino que su relación ecológica con el medio natural.


Mientras la ganadería estante se integraba en las explotaciones agrarias, las migraciones pecuarias eran contempladas con recelo por el labrador, que consideraba a los herbazales y a las tierras marginales como un seguro de vida en años de carestía y vigencia de la ley de rendimientos decrecientes. El campo de visión del paisaje que tiene el pastor desde la cañada y los extremos le permitía tener una sucesión de horizontes de la que carecía el labriego apegado a su terruño. En cambio, su procedencia serrana, en la medida en que las montañas eran consideradas la reserva de la brujería y los miedos para los habitantes de los burgos y las villas, y su calidad de “hombre  de paso”, contribuyeron a su fama de asocial en el seno de las culturas sedentarias. La consideración de los pastores migratorios como “intocables” y etnia marginal la hemos constatado desde las tribus nómadas hasta los mesteños a los que alude el romancero castellano. Y es que la antítesis a las sociedades agrícolas, al mundo culto, y, por tanto, cultivado, viene dada por los pueblos ganaderos y montañeses.
Cuadro de texto: NEl ciclo trashumante  entre llanuras y cordilleras ha sido clasificado por los geógrafos en las modalidades de ascendente, descendente y doble, y por los historiadores en normal, inverso y mixto. Pero más que la forma que adopta la actividad pastoril en las sierras, nos interesa la polivalencia de las mismas, pues pueden ser a un tiempo fortalezas mili- tares inexpugnables y refugio para marginados y razas malditas, pueden hitar fronteras entre formaciones políticas e integrar a poblaciones de las dos vertientes, como ocurre entre mesteños y vaqueiros en la divisoria asturleonesa o entre españoles y franceses en los Pirineos.

Cuadro de texto: NAhora bien, aunque los trashumantes serranos necesiten de los extremos para cerrar su ciclo económico, no pueden evitar que la gente de los valles desconfíe de ellos. Las moradas montuosas, de suelos pobres, naturaleza salvaje y culturas arcaicas, serán vis- tas por las poblaciones de las planicies como un mundo adusto y marginal a las civilizaciones. Es por eso que los guardianes de la ortodoxia situarán en las alturas inhóspitas los reinos diabólicos del hechizo y la brujería, la superstición y el aquelarre, los miedos reflejados de los intelectuales de las ciudades. Y las montañas sólo perderán esta condición

domingo, 22 de abril de 2018

Haciendo historia - 9




La cultura mesteña
La presencia entre los pueblos de la Península Ibérica durante siglos de una modalidad de pastoreo trashumante de largo alcance, reglamentada y tutelada en el caso castellano por la corporación del Honrado Concejo de la Mesta, ha dejado una huella imborrable en el patrimonio y la idiosincrasia ibéricos, puesto que la misma dinámica de las migraciones cíclicas facilitó el intercambio de objetos y productos característicos de nuestra cultura popular.
De manera que podemos hablar de la existencia de una "cultura mesteña", diferenciada tanto del mundo agrícola como del urbano, algunas de cuyas manifestaciones han venido proyectándose hasta nuestros días y forman parte de las señas de identidad de la piel de toro.
Ahora bien, las manifestaciones culturales ganaderas no son homogéneas, sino que responden a la ordenación estamental de la sociedad y a las categorías que jerarquizaban a los propios agremiados. Por consiguiente, y sin negar la "circularidad" cultural entre ganaderos propietarios y mayorales y pastores asalariados, irán contraponiéndose las casas solariegas y los ranchos a la choza y la cabaña de raíces paleolíticas, el vestuario señorial a la indumentaria campera, el mobiliario lujoso al modesto ajuar salido de las manos del pastor artesano.


Donde la cultura pastoril plasma sus rasgos más arcaicos y naturalistas es en el arte pastoril, la medicina popular y la herboristería, la indumentaria y la gastronomía. El pastor autodidacta decora a punta de navaja y raspado colodras y cuernas con temas astronómicos, vegetales, cinegéticos y taurinos. El utillaje doméstico que ora porta el caballo hatero ora puebla la desnudez de la choza, utiliza la madera y el corcho de las dehesas de paso y majadeo.
De la zamarra y los zahones al zurrón y al morral, de las albarcas a la manta y del cayado a la honda, el vestido del ganadero recicla pieles, huesos y, cómo no, lana labrada en husos, ruecas y telares. El poder curativo de las yerbas se reforzaba con la creencia primitiva en las piedras del rayo colgadas al cuello u ocultas en el fondo del talego. Las migas canas y las calderetas reconfortaban los estómagos, como los rabeles -de origen árabe-, las flautas y las panderetas armonizaban las fiestas


domingo, 11 de marzo de 2018

Haciendo historia - 8



La percepción del espacio.
Las diferencias en la percepción del espacio han sido muy acusadas entre los hombres sedentarios y transeúntes. Ya definamos a unos como agricultores o burgueses, ya a los otros como viajeros o trashumantes, lo cierto es que encamarán arquetipos contrastados en su relación con el medio circundante. De manera que en sus respectivas visiones se han venido contraponiendo las formas de vida estable y móvil, estática y dinámica, aferradas a la tierra y la urbe o utilizándolas como vectores de desplazamiento. No es más que el contrapunto entre la idealización de la vida pastoril por las élites literarias y artísticas del mundo culto y la dureza de los afanes reales que exigía el ejercido de la granjería pecuaria.
De resultas, la visión del pastor desde sus confines migratorios en la montaña o la dehesa le han conferido una mayor profundidad de campo, al tiempo que sus cíclicas marchas a extremos le proporcionarán una experimentación cinemática del paisaje, en la que se suceden imágenes en movimiento a la velocidad del careo de los rebaños. Las especies ganaderas que integraban las cabañas modelaban con sus formas de pastar y sus cuitados el territorio transitado. La práctica de una modalidad pecuaria tan histórica como la trashumancia fue definiendo sobre el terreno itinerarios privativos entre los campos cultivados. Lo que será, en fin, un patrimonio viario intrínseco a la cultura pastoril de los pueblos del Mediterráneo y similar al de las ganaderías móviles del mundo.
El alumbramiento de estas sendas ganaderas fue gestado por las mismas trochas que abren los animales de forma espontánea en busca de abrevaderos y pastizales. Esto conlleva la concepción de! camino, así como de la vía pecuaria, como un suceso natural convertido en artificial por la evolución del utillaje mental de las sociedades modernas. A partir de este estadio se dará una superposición, reutilización e intersección de rutas antiguas, calzadas romanas, cañadas ganaderas, carriles de ruedas y herraduras, carreteras y raíles ferroviarios. Cada sistema de comunicación dispondrá de redes, medios y vectores privativos, lo que no es óbice para que sean complementarios e integradores en el proceso de ordenación territorial de cada paisaje.


viernes, 2 de febrero de 2018

Haciendo historia - 7


La visión del mundo pastoril
En lo que atañe a la visión del mundo del pastor, como en otras ganaderías móviles del planeta, delata una filosofía natural y empírica, una concepción cíclica del mundo, en la que las dimensiones para ese vivir sobre e! terreno y desplazarse estacionalmente las ofrece el juego de planos entre el firmamento, la cañada y el horizonte. Esta actitud vital se evidencia en la medida del tiempo, la percepción del espacio y, en suma, en las manifestaciones de la cultura mesteña.


La medida del tiempo.
La medida del tiempo en los pastores se aleja de la campana eclesiástica y del reloj burgués, del tiempo sagrado de la Iglesia y del tiempo civil del mercader, que desbrozan la vida cotidiana de la aldea y la ciudad. A diferencia del comerciante que veía en el dominio de la cronología una inversión, el militar una estrategia y e! político una forma más de administración, el tiempo de los humildes mesteños se recreaba en los ciclos naturales, los movimientos del sol y las fases de la luna. Si la ortodoxia religiosa había monopoliza-do el tiempo diurno, fraccionado en horas litúrgicas "ángelus, tercia, nona, etc.- y medido en avemarias y padrenuestros, la cronología pagana seguía reinando en el tiempo nocturno, empleándose códigos visuales y auditivos, como la puesta del sol y el canto del gallo.
Las divisiones del calendario oficial habían sido impuestas desde instancias culturales ajenas a la ganadería, como el mes de los romanos y la semana de los hebreos, y los mayorales que guiaban la cabaña miraban más a los signos de! cielo y el paisaje. Estos variaban de acuerdo al medio atravesado por las vías pecuarias, pues, mientras en tas poblaciones los trashumantes y trasterminantes miraban a los relojes solares situados en el frontispicio de las iglesias y edificios civiles de paso, en plena naturaleza tomaban como referencia los albures meteorológicos, la posición del sol y las estrellas y los signos silvestres (cantos, vuelos, ruidos, etc.) tan familiares a los ganaderos de todo tiempo y lugar.
A diferencia del sedentario, que no podrá llevar consigo la medida del tiempo hasta que se popularice e! reloj, la cronología siempre fue portátil para e! trashumante, aunque en tiempos recientes aspirará a atraparla en la caja mecánica que se asociaba con un instrumento de ostentación burguesa. El proceso de aculturación experimentado por los pastores ha seguido un ritmo acelerado a medida que nos acercamos a nuestro siglo y los nuevos medios de comunicación han terminado con su aislamiento temporal en las mar-chas y los pastizales.

Las actividades laborales en las cabañas estaban supeditadas al paso de las estaciones, contrastando la dureza de la paridera con la cosecha lanar del esquileo, adelantándose o retrasándose la marcha a extremos de acuerdo con los cambios climatológicos y la mayor o menor dureza de !a vía pecuaria. De ello nos ha dejado cumplida noticia el hermano mesteño Manuel del Río, dándonos cuenta de la repartición de pastores y perros, número de chozos y orden de los rebaños, efectos de los nublados y enfermedades de ¡os ganados, y dejando constancia de cierto sentido pasional de la trashumancia por las cañadas: "Cuando los ganados emprenden su marcha para las sierras, los Pastores no sienten el camino, por el gusto que llevan de poner el fruto de sus tareas en manos de los amos, y el deseo de llegar a su país para descansar y ver a sus familias. Estos placeres no dejan de estar mezclados de disgustos, por los continuos acontecimientos que les suceden en el camino...".

El arriendo de yerbas y los contratos laborales se ajustaban por San Marcos y San Juan de acuerdo al calendario eclesiástico fruto de la cristianización de las fiestas populares. Por lo tanto, la vida de estos seminómadas, desde la demografía familiar a su percepción del espacio y de! tiempo, era cíclica y circular.