martes, 23 de agosto de 2016

Vías pecuarias y pastoreo intensivo - 3



La jerarquía y variedad de vías pecuarias es un reflejo de la adaptación de los sistemas de pastoreo al ambiente climático mediterráneo.
En el mediterráneo la producción  vegetal se concentra en uno o dos periodos dependiendo de la modalidad  de clima, con máximos que cambian espacialmente según lo hacen en el tiempo las condiciones favorables. En verano la producción se limita en general zonas bajas favorecidas por la continua llegada de agua y nutrientes, siendo más aleatoria a medida que disminuyen los valores medios de precipitación anualCuadro de texto: C  O N G R E S  O.
En estas condiciones la complejidad de topografía, los suelos y climas locales, obliga a los pastadores a desarrollar  adaptaciones  en su comportamiento  que les permitan afrontar la incertidumbre  en la disponibilidad de recursos. La capacidad de aprendizaje, la experiencia de los animales líderes y la autonomía del grupo para desplazarse en busca de recursos, juega en ello un papel importante.
Cuadro de texto: A C T A SCuadro de texto: D  E LCuadro de texto: ILos ecosistemas modelados por el pastoreo extensivo ocupan una importante extensión en España. Las razones residen en las características físicas de la península, elevada altitud media, su clima fluctuante -con alternancia de periodos secos y húmedos en el área de clima mediterráneo - y la complejidad del relieve. Son factores que determinan situaciones muy variadas de productividad en los pastos que difieren tanto en su calidad y abundancia como su predecibilidad  interanual.  El aprovechamiento  de este recurso escaso, y disperso tanto en el tiempo como espacialmente, sólo se logra con la movilidad de animales rústicos, de distintas especies y razas, adaptados a las diferentes condiciones ecológicas. Los sistemas silvopastorales constituyen un caso relevante de ecosistemas en los que el manejo humano se ajusta con éxito a la productividad  vegetal fluctuante.

Las vías pecuarias representan adaptaciones al tercer nivel en la escala de herbívora, el segundo se ve apoyado tanto por algunas vías pecuarias locales como por las sendas trazadas por el comportamiento de los animales en las áreas de campeo. El pastoreo local dirigido, en torno a una majada con ida y retorno diarios utiliza sendas/cañadas de menor anchura, propias de este segundo nivel de herbívora.

martes, 2 de agosto de 2016

Vías pecuarias y pastoreo extensivo - 2





Cuadro de texto: ECuadro de texto: RLa superficie y variedad de contenidos de la red de vías pecuarias y los terrenos dedicados al pastoreo extensivo asociados a ella, son el mejor testimonio del papel ecológico que ha desempeñado la trashumancia en el territorio de España.
Cuadro de texto: FLas vías pecuarias representan la incorporación tecnológica de las escalas de pastoreo que desarrollan los herbívoros silvestres en su comportamiento espontáneo.
Cuadro de texto: CCuadro de texto: OCuadro de texto: NLa herbivoría, es una función general en los ecosistemas, contribuye al reciclado de la biomasa, ayuda a mantener la fertilidad del suelo y elimina material combustible. En relación con ello, el comportamiento espontáneo de los ungulados pastadores organiza el aprovechamiento de los recursos mediante distintas escalas de actividad. La menor y más inmediata es la relacionada con la selección entre distintas ofertas de alimento y se realiza de forma individual por los animales, de acuerdo con la experiencia adquirida, dentro Cuadro de texto: P E C U A R I A Sde una determinada área de campeo. El área de campeo sería el segundo nivel y en él es esencial el movimiento del grupo básico de herbívoros, que se desplaza a diario entre distintas zonas, retornado a los lugares de refugio o descanso, dirigidos por individuos líderes En este caso el determinante principal de los desplazamientos es la topografía y naturaleza del terreno que condicionan  la oferta vegetal.
La siguiente escala sería la que motiva el desplazamiento largo estacional en búsqueda de áreas de producción complementaria. Los grupos básicos confluyen formando hordas de herbívoros que se dirigen, de acuerdo con comportamientos aprendidos, hacia pastizales más o menos distantes según las características del territorio y el ritmo climático estacional.
Cuadro de texto: N A C I O N A  LCuadro de texto: D ECuadro de texto: V I A SLa estrategia alimentaría de los grandes herbívoros –ungulados pastadores- es oportunista. Aprovechan con dedicación y eficacia un recurso cuando este es abundante y se desplazan en busca de alternativa cuando el primero escasea. Por su capacidad de trasladarse, estos herbívoros son característicos de los ambientes oscilantes, responden a una adaptación para aprovechar recursos abundantes en distintos lugares y momentos, cuando los ritmos de condicionan la disponibilidad son más o menos previsibles. Se benefician de la ventaja que supone aprovechar los recursos cuando están en máximos productivos.


domingo, 10 de julio de 2016

Vías pecuarias y pastoreo extensivo - 1

Cuadro de texto: S
Cuadro de texto: ACuadro de texto: SCuadro de texto: MCuadro de texto: ACuadro de texto: GCuadro de texto: ICuadro de texto: SCuadro de texto: TCuadro de texto: RCuadro de texto: ACuadro de texto: LCuadro de texto: ELa trashumancia, considerada en un sentido amplio como el desplazamiento oscilatorio del ganado entre áreas de producción vegetal complementaria, sigue jugando un papel relevante, no sólo como medio de vida de determinadas comunidades campesinas, sino también como mantenedora de de recursos y paisajes de gran interés patrimonial y estratégico. Su vitalidad en algunos países y la  generalizada importancia  histórica en el conjunto de Europa, ha quedado reflejada en las publicaciones derivadas de proyecto de la Comunidad Europea “Trashumount: una revisión del papel de la trashumancia en los procesos y dinámica de los ecosistemas de montaña”  En ellos quedaron de manifiesto los servicios ambientales que cumplen para sociedad los sistemas trashumantes.  Podemos afirmar que la persistencia de numerosas comunidades rurales, especialmente de áreas de montaña, singulares razas ganaderas, hábitats y especies catalogados en las directivas europeas, saberes muy probados sobre los recursos y algunos de los más valiosos paisajes culturales europeos, dependen de la trashumancia. En el conjunto de Europa más de cuatro millones de hectáreas de pastizales y terrenos agrícolas están asociados a esta modalidad ganadera. Los paisajes de la trashumancia son considerados como zonas agrarias de alto valor natural en el contexto comunitario.  Llama la atención sobre la necesidad de defender estás prácticas muy asociadas al origen de los paisajes europeos y mantener su función de conservación de la biodiversidad.

Cuadro de texto: NCuadro de texto: CCuadro de texto: I¿Cuáles son las razones que determinan  la importancia  estratégica de la trashumancia para la conservación de la naturaleza? La respuesta tiene para nuestro país un particular interés, por tratarse del territorio europeo donde mayor proyección histórica, económica y ecológica han tenido los desplazamientos oscilantes, pautados a escalas espaciales muy variadas, de la ganadería.

viernes, 17 de junio de 2016

El medio natural y la trashumancia y 15

Como resumen de lo expuesto hasta aquí cabe decir que, a nuestro entender, las rutas iniciales las marcarían muy probablemente las manadas de herbívoros salvajes con sus migraciones estacionales entre los pastizales montañosos de verano y los de suaves temperaturas invernales; que en esas migraciones se inspirarían los ganaderos de las épocas romana e inmediata anterior y los que continuaron las prácticas trashumantes o volvieron a ellas en la Edad Media, y que ya quizá por entonces el hombre habría hecho camino de esas cañadas que el paso de los animales labraron con sus desplazamientos estacionales. En principio tales caminos serían sólo de herradura. ¿Por qué no, si por ellas pasaban, además de rebaños lanares y caprinos, las hateras de los pastores e incluso hatos vacunos? Después sirvieron para la carretería. Tampoco había motivo de prohibirlo, dados los antecedentes: ¿no coincidían en muchos parajes la cañada de la Vizana y la calzada romana de la Plata? Con ello, esas vías de tránsito humano, montadas en no pocos trechos sobre las cañadas, llegaron con categoría de caminos reales hasta que en tiempos más recientes se transformaron en carreteras.

La explicación de tanta coincidencia itinerante de hombres y animales se halla en los condicionantes físicos. El solar peninsular es el resultado final de la contraposición, a lo largo de millones de años, de unas fuerzas endógenas y otras exógenas. Entre las primeras, destacan las fases finales de los plegamientos de la era terciaria, esto es, los alpinos. Encontraron unas partes endurecidas por empujes anteriores y por surgencias magmáticas. y a la vera de ellas, extensas sedimentaciones de materiales que los agentes exógenos —cambios térmicos, lluvias, viento, etc.— habían arrancado a aquéllas. Con los sedimentos, de gran plasticidad, los empujes formaron arrugas de elevaciones y depresiones o, lo que es igual, anticlinales y sinclinales. Las endurecidas, debido a su misma rigidez, no pudieron plegarse y se fracturaron, de tal manera que, por las fallas, unos bloques se deslizaron hacia arriba y otros lo hicieron hacia abajo. Son, respectivamente, los horsts y las fosas tectónicas. Las fuerzas exógenas continuaron y prosiguen su actuación arrancando materiales a los anticlinales y a los bloques elevados y depositándolos sobre las partes deprimidas. Debido a la gravedad, las aguas que descargan las nubes sobre las alturas terminan canalizadas en torrentes, arroyos y ríos, que se deslizan hacia las zonas deprimidas, en las que su propio paso va a su vez excavando, arrastrando los materiales que arrancan y orillándoos. Tras esa larga historia geológica, expuesta de forma tan tosca y esquemática, la resultante es el conjunto de cordilleras, fosas, mesetas y depresiones que ahora constituyen en líneas generales el conjunto orográfico del solar peninsular.

Los medios de ingeniería y mecánicos actuales permiten al presente horadar montañas y saltar vaguadas y ríos. En época romana ya se alcanzó a salvar esas corrientes fluviales con puentes de piedra. Pero, en momentos anteriores e incluso posteriores a ella, hombres y animales tuvieron que eludir la dificultad montañosa haciendo uso de las fosas transversales y de las depresiones intramontañosas; y cruzar los ríos, por los lugares en los que la corriente suaviza su curso, se ensancha o abre en brazos gracias a los cantos, arenas y limos que ella misma ha ido depositando. Unos y otros parajes montañosos y fluviales son los pasos por los que las manadas de animales salvajes, con toda probabilidad, realizarían los desplazamientos estacionales a que les obligaba el clima y, en función de él, la abundancia o escasez de herbaje. Son los que prefirieron utilizar a continuación quienes, con los herbívoros que consiguieron domesticar, sometidos a las mismas incidencias climáticas, practicaron la trashumancia. Estos pastores extremaron el aprovechamiento del medio físico haciendo también vía pecuaria de los valles e incluso de los cauces secos de los arroyos o, en cualquier caso, de las riberas donde unos y otros coinciden en dirección hacia el lugar en que se va a estacionar el ganado durante los meses estivales o en el centro del invierno, según el clima y la posibilidad de herbaje que se deriva de él.
En definitiva, los agentes que modelaron y continúan modelando el solar peninsular, esto es, los que, en principio, lo plegaron y fracturaron, y las corrientes fluviales que prosiguieron y prosiguen su actividad retocadora del gran conjunto escultórico, marcaron los que iban a ser más fáciles parajes de tránsito. Son los que los animales salvajes, a impulso de su instinto, seguirían y a su vez remarcarían más; los que, a continuación, supieron aprovechar los hombres para trasladar por ellos sus propios rebaños y para trasladarse ellos con o sin cabalgaduras y carruajes. Y son los que, por el mismo hecho de la vitalidad que entrañaban, atrajeron población a su vera o en su entorno en no pocos casos. Es la razón del emplazamiento de muchos de tales núcleos. Y, a la vez, es la sinrazón de que, al modernizar tales vías camineras, antes ganaderas al menos con preferencia, se haya roto la continuidad de éstas en numerosos puntos. Porque al ataque que sufrieron las cañadas por parte de los agricultores vecinos se ha sumado más recientemente la más radical de quienes desde sus despachos de planificadores mueven las poderosas máquinas que ensanchan y convierten en carreteras y autovías las que fueron calzadas y, antes, sólo largas reservas ganaderas que podrían ser ahora, al menos, de asueto y de respiro.
















domingo, 29 de mayo de 2016

El medio natural y trashumancia - 14

La embocadura de los puertos de montaña y los cruces fluviales importantes atrajeron mercadeo y elaboración de lanas y pieles en función del tránsito de los animales que, de esta manera, contribuyó a fundar o a desarrollar núcleos inmediatos de población. Los mismos visitadores cañariegos del siglo XIX aseveran, así, que la cañada «entra en la población de Tudela [de Duero) por la puerta del Castillo» y «atraviesa por mitad de la villa». La Segoviana, según informan, «pasa por la calle pública» en el madrileño de Guadarrama, y, más al sur, «entra en medio de la población de Quijorna». Y la Soriana lo hacía en la ciudad de la que toma el nombre por la plazuela del Marqués de Vadillo y por la «calle o camino de Los Rábanos» y, más adelante, «pasa por medio del pueblo» en el toledano de Fuensalida y en Los Pozuelos de Calatrava.
Se deduce que el núcleo se habría ensanchado abrazando la ruta de los rebaños. En general, no en los muy importantes y bien cercados por murallas, como Toledo o Salamanca, que los hatos se limitaban a circunvalar, pero sí en otros muchos. Así, uno de los ramales de la cañada Soriana, según informa el correspondiente visitador, atravesaba la población de Quero con el siguiente itinerario: «Calle Real, calle de la Vereda. Deja la iglesia parroquial a la izquierda...», y otras vías pecuarias pasaban también por la denominada calle Real en Manzanares el Real y en Villana de San Juan. En Tomelloso una lo hacía por la plaza de la Constitución, y en Argamasilla de Alba, inmediata a la iglesia y, de igual manera, por la plaza de la Constitución. En otros casos seguían la calle de la iglesia, como en la localidad cordobesa de Villaharta. Es decir, en general, la cañada recorría los núcleos por su parte más céntrica, como se deduce de tales denominaciones de calles y plazas o de la inmediatez al templo parroquial. Y esos recorridos pecuarios obligaron a dejar más ancha la arteria de paso: en el lugar manchego de Manzanares, discurría por la «Plazuela de los Paradores» —que requeriría amplitud para su trajín—, y en Santa Cruz de la Zarza, por la vía que, precisamente. se denominaba «Camino Ancho». Es lo que puede verse en Salamanca, donde ahora los rebaños trashumantes la rodean —a altas horas de la noche para evitar el movimiento automovilístico— por lo que fueron rondas orientales de la última muralla y, cuando las abandonan, continúan por las calles que, por haber sido importantes vías pecuarias, contrastan por su anchura, en sus tramos más modernos, con las del núcleo histórico.
A pesar de tantas disposiciones protectoras como se emitieron, los caminos ganaderos fueron perdiendo amplitud, mordidas sus márgenes por el arado de los agricultores vecinos. Los historiadores conocen bien este progresivo proceso de estrechez. Los mismos visitadores no dejaron de denunciarlo. Pero estos últimos tampoco silenciaron las pérdidas que las cañadas habían sufrido ya, no sólo en su anchura, también en sentido longitudinal. Al iniciarse la segunda mitad del siglo XIX, sobre la cañada Leonesa se sobreponía el camino de Talavera de la Reina a Alcolea de Tajo; en la Segoviana lo hacía el que enlazaba las localidades madrileñas de Quijorna y Villamanta; en la Soriana, los toledanos de Valmojado a Fuensalida y de Arcicollar a Villamiel o Camarena. En la misma reserva cañariega o en la denominada de Cuenca, hacían igual los enlaces camineros de esa capital con Fernán Caballero, Villarta de San Juan con Herencia, Alcázar de San Juan con Villarrubia de los Ojos, Almagro con Puertollano. Argamasilla de Alba con Manzanares... Y «durante largo trecho», como se indica respecto al que iba desde Argamasilla de Alba a Tomelloso: o como, en la prolongación andaluza de la misma cañada Soriana, que en el término de Almodóvar del Río e incluso antes de entrar en él, la ruta merinera «sigue siempre la dirección del camino de Sevilla», expresión que viene a indicar que ya se daba más importancia a la vía trazada para el tránsito ecuestre y de carruajes que a la originaria de las ovejas con la que coincidía.
Ejemplos de coincidencia de calzadas y vías pecuarias  No sólo porque muchos rebaños utilizaran el puente romano. O porque desde que se intensificó en él el tránsito de vehículos pesados y cuando se ha transformado en peatonal, los hatos que por estos pagos se mantienen fieles a las prácticas trashumantes estén utilizando el de Enrique Estevan, de principios de siglo, según hemos dicho. También porque, como en las denominaciones actuales de las vías que se dirigen por el sur a alguno de esos puentes, también se confunden las denominaciones, que en unos casos hacen alusión al uso pecuario y en otros se cambia por el de calzada, trueque usual en la provincia.
No se piense que esos caminos que montaron sobre las vías pecuarias fueron simples trochas o veredas: los visitadores definen como «camino real» el de Talavera de la Reina a Velada y precisan que en el lugar segoviano de Fresnillo de la Fuente y siguientes, «coincide con la cañada el camino real de Burgos, construido sobre ella misma». Es que muchos de los caminos que podemos denominar «cañariegos», porque a expensas de esas reservas pecuarias se formaron, pasaron a ser calzadas o carreteras importantes. Tanto que, en la denominación del tramo coincidente, llegó a pesar más el de ellas que el de la vía pecuaria precedente. Así, en el término de San Lorenzo de El Escorial, la Leonesa, según el respectivo visitador, «baja a la Calzada Real de Madrid, por la que continúa medio cuarto de legua» y, después, discurre por la «antigua de Valdemorillo». Y desde Guadarrama, «continúa por el camino de Castilla» y «sigue la cañada el camino real adelante» y, en el término madrileño de Piñuécar, «vuelve la carretera a incorporarse a la cañada». De igual manera, la Soriana se encuentra ocupada en no pocos tramos a su paso por distintas provincias: en territorio de Algara, de la guadalajareña, dice el visitador que prosigue por la «carretera nacional de Zaragoza [ahora definida como  N- III  que va sobre la cañada por espacio de ciento treinta varas». Y, claro está, coincidían en los tramos urbanos, como en la calle Real de Villarta de San Juan. Y, lo que es más grave, el organismo oficial encargado de las obras públicas no siempre se había limitado a construir la carretera por uno de los lados de la vía ganadera, sino incluso hasta por el centro de ella. ¿Cómo no hacerlo si hasta en medio de la Soriana, y del camino de Tomelloso a Socuéllanos que la utilizaba, se había levantado la «ermita de San Antón, que está en el centro de la cañada»? Así, en la Soriana «entra la carretera nacional otra vez por la cañada, dividiéndola en fajas», y en otro lugar, «la mencionada carretera [de Francia] divide el camino pastoril en dos fajas desiguales».


domingo, 15 de mayo de 2016

El medio natural y trashumancia - 13

Coincidencia de cañadas y cursos fluviales
Las vías pecuarias iníciales y las que después ordenó la Mesta, muy probablemente coincidentes con aquéllas, según hemos dicho, buscaron los cruces montañosos y fluviales más fáciles. Pero, traspuestos unos y otros, también siguieron caminos naturales en lo posible. Los citan por doquier las mismas descripciones decimonónicas de las que nos estamos sirviendo. En el término abulense de Higuera de las Dueñas, la cañada Leonesa baja un trecho «arroyo abajo del Parrón»; en el pacense de Castuera, «continúa subiendo por el río Guadalefra»; en el de Berlanga, de la misma provincia de Badajoz, «prosigue por el arroyo, dejándole en medio de la Cañada, por ir ésta por partes, es decir, mitad por un lado y mitad por otro», y más adelante, en Fuente del Arco, discurre cierto trecho «todo un arroyo abajo». A la vez, una de las derivaciones «sigue el río por la izquierda de la cañada» antes de llegar ésta a Quero. El ramal que va desde Medellín hasta Fuente de Cantos, en Extremadura, lo hace «arroyo arriba de Botocillo» en Usage, y continúa «por la ribera o margen izquierda del río Ardilla», en Fuente de Cantos.
De igual manera, la Soriana asciende «por la orilla del río Guajaraz» en Argés y «arroyo arriba» en Layos. Y el ramal que se dirige desde Villacañas al valle de Alcudia, lo hace en Consuegra «siguiendo un arroyo arriba». El ramal de la Soriana que se incorpora a la de Cuenca realiza este enlace donde el río Jabalón «linda por la izquierda con la cañada», cuyo itinerario discurre por «la vega abajo» en Quero, en Herencia y en Almagro. Y. tras trasponer Sierra Morena esa misma vía pecuaria, uno de sus ramales se trazó en Torrecampo por las márgenes del río Guadalmez y, más adelante, «orilla del arroyo Pereza, que corre por la izquierda, y se sigue hacia abajo». Son ejemplos que podemos completar con el relativo a la zona de Hornachuelos, donde la cañada tenía entonces su continuación por la orilla derecha del arroyo Guadal vacarejo y, pasada la confluencia con el Bembézar, que es su colector, «sube por la orilla de éste, que corre a la izquierda». En definitiva, al iniciarse la segunda mitad del siglo XIX,  según la misma descripción que tanto estamos utilizando, tales vías tenían muchos de sus trechos sobre valles o riberas de ríos e incluso por el mismo cauce fluvial, por los abundantes arroyos o riveras de aguas discontinuas.

lunes, 25 de abril de 2016

El medio natural y la trashumancia -12


En primavera y en otoño, épocas del trasiego pecuario, las lluvias pueden producir avenidas y dificultar que los animales vadeen. Un avispado vecino se aprovecharía de ello poniendo a disposición de pastores y animales alguna almadía, pontón o barca. Los hubo en Castrillejo de la Olma, del término palentino de Villoldo, y en Villacastín, Puebla de Alcocer, Hornachos, Navalagamella, Villanueva de Perales, Casasbuenas, Santa Cruz de la Zarza, Granátula, Manzanares, Hornachuelos... En general, sobre arroyos, pero también, en algunos casos, sobre corrientes de más porte, como el Guadiana en Herrera del Duque y el Guadalquivir en Almodóvar del Río, dificultades de paso que en ambos casos se realizaban mediante una barca. Incluso cabía que el concejo se encargara de montar el utensilio de cruce en el momento adecuado, como hacía el de Fernán Caballero, en «Las madres del río Bañuelo, que se atraviesa por pontón que suele poner el Ayuntamiento». También a esos elementales sistemas se recurrió donde existía puente, pero inservible, como en el caso de la travesía del soriano río Verde, «con vestigios de puente arruinado, y se pasa por pontón». En otros lugares se construyó donde había antes prestado tal servicio alguno de aquellos medios rudimentarios. Así, junto a la ya señalada travesía del Guadiana en Herrera del Duque «hay un puente moderno, que parece que se ha hecho por los mismos que tenían la barca para el paso de los ganados». Y al anterior remedio de cruce parece aludir el nombre de «la Barquilla» que se dio al puente que sobremonta el soriano arroyo de San Gregorio. Es significativo al respecto que se denominara «de las Ovejas» el que se levantó sobre el Guadiana en el término ciudadrealeño de Alcolea de Calatrava. Y la misma fuente informativa revela que, en su tiempo, en Fuentidueña de Tajo se salvaba este importante río por el puente colgante de la carretera Madrid-Valencia, pero que antes se hacía mediante una barca. Todas son noticias recogidas en la descripción que dejaron del reconocimiento que realizaron los mencionados visitadores de las cañadas meseteñas ente 1852 y 1860
Como casi con toda seguridad habían hecho antes las manadas de animales salvajes, los rebaños se condujeron primero desde aquellos pasillos montañosos hacia los vados más frontales y fáciles. Después, hacia el puente que los sustituyó. O a uno y otro. Como en Salamanca, donde se forma una de las grandes confluencias de vías pecuarias. Las de procedencia suroccidental y meridional se encaminan hacia el puente romano, y la central, al denominado de Enrique Estevan, que, desde principios del siglo actual, cruza el mismo Tormes al costado oriental del romano. Antes de que existiera éste, o cuando el romano estuvo inutilizable debido a avenidas del río, los rebaños lo atravesaban por el vado que existía donde, algo más al este, se halla el paso de la vía férrea. Se denomina puente del Pradillo, porque al final del vado existía un prado que era donde las ovejas, fatigadas y con la lana mojada por el vadeo, descansaban. Todavía hacia ese lugar se encaminan las dos cañadas más orientales, aunque de una de ellas deriva un ramal hacia otro vado situado aguas arriba, junto al pueblo de Santa Marta.