domingo, 12 de agosto de 2012


LA PROMOCIÓN DE LA CULTURA PASTORIL: MUSEOS, FERIAS, FIESTAS Y ENCUENTROS- 2 


Tal y como ocurre en el Museo Etnográfico Provincial de León (El pastoreo, función la Trashumancia y la Trasterminancia), Museo Etnográfico de La Tercia y Arbas de Villamanín, León (Formas de vida: la Trashumancia), el Museo Etnográfico de la Lechería en Morcín, Asturias (Costumbres agropecuarias), el Museo Vortell de Malpartida de Cáceres sito en un lavadero de lanas del siglo XVIII o el Centro Etnográfico Pérez Enciso en Plasencia (Etnografía cacereña)
Con independencia del tratamiento museográfico del fenómeno de la trashumancia, hay que reseñar que otro factor clave para la difusión del mismo como aliciente turístico es el de la celebración de fiestas, ferias y encuentros monográficos. Algunos tienen antecedentes históricos con valor de tradición, muy vinculados a ferias comerciales antiguas (Porto, Teruel, Navarra, Mallorca, Guipúzcoa o Huesca), en las que en la actualidad sigue primando el valor de los intercambios comerciales habidos en las mismas, junto a muestras de ganado, venta de productos locales y demostraciones de habilidad ganadera: pastores, perros ganaderos, artesanías pastoriles,…


Otras  se  inician  en  los  años  ochenta  y  noventa  del  anterior  siglo,  como  resultado de la actuación de personajes singulares que, procedentes del mundo ganadero y de la  cultura trashumante, propician el desarrollo de fiestas de la trashumancia: éste es el caso  de la de Somiedo, que reivindica la tradición de los trashumantes vaqueros de alzada  con  jornadas,  celebraciones  festivas,  muestras  de  ganado,  etc.,  las  oscenses  jornadas de pastoralismo centradas en el mundo pirenáico y del somontano, la turolense «Vive  la trashumancia» de la mano de grupos gremiales como el Ligallo de Pastores en asociación  con  ayuntamientos  de  fuerte  tradición  ganadera,  o   como internacionales.
Como resultado de una generalizada puesta en valor del fenómeno trashumante, que se empieza a perfilar desde finales de los noventa, empiezan a aparecer desde el tránsito del milenio una treintena de manifestaciones que reivindican la trashumancia como fenómeno vivo, con sus correspondientes implicaciones económicas, territoriales, culturales y antropológicas, puestas de manifiesto en encuentros ferias, fiestas, jornadas, congresos, etc., tanto de carácter nacional como internacional.
Un conjunto de actuaciones debidas a grupos locales de interés, grupos culturales o universitarios, grupos gremiales y acciones de corporaciones municipales, han cristalizado en eventos que empiezan a sumar sucesivas ediciones en las que el número de asistentes crece de forma notable y continuada.

Ejemplos paradigmáticos al uso, pueden considerarse los encuentros internacionales de pastores trashumantes que como el de Guadalaviar sumará ya en 2007 siete ediciones, con una extraordinaria calidad de las actividades llevadas a cabo, con la invitación a delegaciones de pastores trashumantes del pueblo Sami (Finlandia), indios Crow norteamericanos, ganaderos nómadas africanos de Kenia o Tanzania, vaqueros de los Alpes, pastores trashumantes de Mongolia, etc., junto a otras actividades culturales (Conferencias, demostraciones de habilidad pastoril, cultura y artesanía pastoril) o académicas (Jornadas monográficas, publicación de monografías, reuniones de grupos de investigación, etc.), todo ello en el marco de celebraciones locales veraniegas, con una gran afluencia de público venido de diferentes procedencias y contando con una estimable repercusión mediática en periódicos, televisiones y emisoras de radio.
La multitudinaria fiesta de Brieva, que suma ya el mismo número de ediciones, es otro de los ejemplos más destacados al respecto, congregando a cientos de personas que reciben un rebaño trashumante llegado de lejanos invernaderos del mediodía español, en un ambiente festivo (Artesanía popular, degustación de platos pastoriles, demostraciones de esquileo, folclor pastoril…) y de reivindicación cultural de la trashumancia (Conferencias, muestras artísticas, visitas de trashumantes de otras regiones, etc.). Administración local y regional son las responsables del apoyo a dicha manifestación, en tanto que grupos gremiales, ciudadanos, universitarios, culturales y conservacionistas avalan el evento, uno de los más concurridos de toda la muestra de celebraciones referidas a la trashumancia en España.
Otras manifestaciones en reivindicación de la trashumancia tradicional han ido apareciendo en diferentes áreas del país en los dos primeros lustros del presente siglo, como las Jornadas sobre Trashumancia, Cañadas y Desarrollo Rural de Logroño auspiciadas por Caja Rioja y la Conferencia Internacional sobre Cañadas y Vías Verdes organizada por la Junta de Extremadura, que ya un decenio antes había impulsado una primera monográfica sobre el mundo de la trashumancia en dicha región. No sólo se reivindica la función de la trashumancia en los territorios peninsulares ibéricos, si no que otros agentes sociales de los ámbitos insulares españoles impulsan la celebración de ferias de la trashumancia y fiestas de los Pastores y de la Lana en la isla del Hierro, reivindicando la figura del pastor trashumante y del nomadeo ganadero en Canarias, del mismo modo que en ferias localizadas en las Baleares como las de Sineu, Llucmajor o Vilafranca de Bonany, se pone de relieve el tradicional papel de la ganadería en dicho archipiélago, con el recuerdo de los tradicionales desplazamientos en altura a la Sierra de la Tramontana o al Plá oriental de la isla de Mallorca.

Otras convocatorias más recientes, que han tenido lugar de 2003 a 2006 están contando con una notable repercusión y asistencia de público, tal es el caso de la riojana Fiesta de la Trashumancia celebrada en la no menos celebérrima Venta de Piqueras, dentro del Parque Natural de la Sierra de Cebollera, que ha recibido más de tres mil visitantes en su última edición, y la Ruta Madrileña de la Trashumancia «Trashumad», impulsada por la Comunidad de Madrid, en la que a lo largo de cuatro días del mes de julio se realiza un recorrido a pie, en el que se acompaña un rebaño ovino desde Colmenar a Buitrago atravesando diferentes cañadas madrileñas; además, en paralelo al desarrollo de la ruta se realizan varias fiestas trashumantes en distintas localidades con demostraciones de perros de pastoreo, esquileo, cardado de lana, fabricación de quesos, cocina pastoril, música popular castellana y artesanía tradicional, convocando a un numeroso público proveniente de distintas localidades de la madrileña sierra de Guadarrama, que en esas fechas albergan a una nutrida colonia de veraneantes, atrayendo igualmente a un público proveniente de otras procedencias.
En estos últimos años cabe destacar también la celebración de fiestas vinculadas a la trashumancia de ganados en otras localidades de menor población pero con una larga tradición trashumante, como la Fiesta de los Esquiladores en Teruel, la Fiesta de la Trashumancia en la segoviana localidad de Escarabajosa de las Cabezas, o la homónima de la valenciana Cheste, en la que se atraviesa su antigua vereda y se ofrecen demostraciones pastoriles populares, la de Aldeacipreste en la provincia de  Salamanca  con importante participación de jinetes promocionado el caballo como vehiculo de transporte por la Cañada Real Soriana Occidental, que atraviesa el termino municipal.

Un primer balance de todo lo expuesto en este capítulo permite avanzar varias afirmaciones al respecto: la trashumancia, aún atravesando una evolución recesiva en buena parte del país, sigue estando viva como fenómeno funcional y productivo pese a los distintos obstáculos estructurales que la afectan; además, se observa con nitidez que sigue estando muy presente tanto en la memoria social y espacial de los naturales de las zonas en las que se ha producido y se sigue manteniendo, destacando a su vez la disposición de numerosos grupos de interés (Universitarios, gremiales, culturales, excursionistas, etc.), que muestran una preocupación creciente por el mantenimiento de su memoria y por su mejor difusión en las áreas en las que aún pervive.
Lo que en decenios anteriores se valoró como un desinterés social generalizado por esta práctica ganadera, se ha focalizado ahora como un verdadero aliciente para el mejor conocimiento de los territorios afectados por el modelo productivo y social trashumante. La demanda local de sus valores y costumbres ancestrales ha llevado a distintos ayuntamientos a reclamar sus viejas tradiciones, muchas veces de la mano de grupos locales de interés integrados por personas con vínculos propios o parentales con la trashumancia, tal es el caso de la burgalesa Neila, reclamando un mayor interés social por dicho fenómeno. E incluso se advierte un cierto interés político por parte de algunas agrupaciones regionalistas, puesto de relieve a la hora de reclamar una mayor atención al respecto en sus áreas de implantación.
De ahí procede la génesis de diferentes museos, ferias o fiestas, en las que se produce una acción mancomunada de grupos locales y ayuntamientos o comunidades autónomas, siendo éstas dos instituciones las encargadas de la captación de los fondos necesarios para su materialización, a las que suele añadirse el correspondiente apoyo público de otras administraciones ya provinciales o estatales.






LA PROMOCIÓN DE LA CULTURA PASTORIL: MUSEOS, FERIAS, FIESTAS Y ENCUENTROS -1 


El fenómeno del turismo puede concebirse desde distintos puntos de vista en lo que  concierne  a  un  hecho  como  el  de  la  trashumancia,  basado  en  varios  elementos  confortantes: evolución histórica (Base jurídica, La Mesta, Casa de Ganaderos  de  Aragón,  gremios  trashumantes  locales,  etc.),  infraestructuras  asociadas  (Majadas, corrales, vías  pecuarias,  descansaderos,  abrevaderos,  ranchos  de  esquileo, contaderos, chozos, etc.), riqueza etnológica (Ajuares pastoriles, folclor, cultura popular, tradiciones,
espiritualidad…), conocimiento del medio físico (Saber territorial, climatología empírica,  sistemas de explotación sostenible de pastos y dehesas, la red de vías pecuarias, etc.),  valores culturales y paisajísticos de los espacios en los que se desarrolla (Áreas de montaña, espacios naturales emblemáticos, agostaderos, invernaderos…), concluyendo con la valoración de sus aportes al medio rural (Base económica, modelos de organización territorial, estructuración del espacio rural, actividad sostenible y respetuosa con el medio  ambiente).
En suma, un conjunto de valores históricos, patrimoniales, paisajísticos y territoriales puestos de relieve mediante propuestas de contenido marcadamente cultural, de las que ya se están llevando a la práctica numerosas iniciativas como museos monográficos permanentes, exposiciones, ferias y fiestas de la trashumancia, algunas de las cuales tienen ya una cierta tradición habida cuenta de las distintas ediciones con computan algunos de los eventos señalados.

Los antecedentes sobre las primeras experiencias de musealización sobre la trashumancia, acaso haya que buscarlos en el Museo del Pueblo Español, entidad pionera en estas lides desde su fundación. Si se hace una revisión de sus propuestas y actividades bajo la dirección magistral de Julio Caro Baroja, y pese a las diferentes alternativas que ha sufrido la vida de dicho Museo, se abordan tanto temas de orden etnológico en general como apartados monográficos que cobrarán carta de naturaleza en experiencias posteriores; el mundo pastoril en sus variadas facetas será objeto de una especial atención, mostrada desde siempre por dicho director y otros miembros de la entidad, teniendo como exponente tanto la presencia de varios bloques de objetos en exposición permanente hasta la aparición de una serie de trabajos en los Anales de dicho Museo desde 1935 en adelante, en los que se insertan excelentes trabajos debidos a autores como José Miguel de Barandiarán, los geógrafos Robert Aitken o Juan Dantín, el arqueólogo Juan Cabré, así como
otras aportaciones desde diversos enfoques como los debidos a Francisca Vela, a Juan Contreras (Marqués de Lozoya), Javier Zapata, Matilde Fernández o Carlos Jiménez, en los que se abordan temas como la trashumancia intrapirenáica, el esquileo en Segovia, la trashumancia en Ayllón, el paisaje rural, los aprovechamientos comunales de bosques, el comunalismo agropecuario en la Sierra de la Demanda, etc.
Otra aproximación a los procesos de musealización del fenómeno trashumante puede realizarse a partir del monográfico sobre museos españoles dedicado por la revista Anales del Museo Nacional de Antropología (II de 1995), en el que se incluyen interesantes aportaciones sobre los museos etnográficos desde el XIX, pasando por los conjuntos museo- gráficos de comunidades autónomas como las de Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Cataluña, Extremadura, Galicia, Madrid, Mallorca, Murcia, Navarra, País Vasco, Rioja o Valencia, integrados por museos de titularidad pública, privada y también los desarrollados por departamentos universitarios.


Recientemente han ido apareciendo distintos museos dedicados monográficamente a la trashumancia en varias localizaciones, como las de Oncala (Soria), Guadalaviar (Teruel), Piqueras (Rioja), Naraval -Tineo (Asturias), Masegoso (Guadalajara), Caldearenas (Huesca), Uztarroz (Navarra), Legazpi (Guipúzcoa) o Tornavacas (Cáceres) Varios de ellos proceden de iniciativas de asociaciones culturales apoyadas por ayuntamientos, otros se originan por la acción de asociaciones locales en colaboración con instituciones autonómicas, otros tantos proceden de actuaciones de comunidades autónomas, en tanto que algunos más se deben a iniciativas particulares. En todos lo casos, salvo en la última tipología, su mantenimiento se verifica con ayudas públicas al efecto
Existen, además, otras tantas entidades museísticas en las que si la trashumancia no es objeto directo de la musealización, si está muy presente en los contenidos. Se trata de varios museos etnográficos en los que la trashumancia es abordada de forma preferente









LA TRASHUMANCIA COMO ATRACTIVO TURÍSTICO


La evolución de la actividad trashumante en la Península Ibérica ha ido transformándose a lo largo del tiempo en función de distintas coyunturas económicas, políticas y territoriales. En la actualidad la trashumancia adquiere valores periclitantes en muchas áreas del país es las que su peso económico tuvo carta de naturaleza hasta hace muy pocos decenios, dándose un fenómeno de involución en su importancia por causa del precio de los pastos, la competencia de las fibras artificiales o la competencia de otros países hiperespecializados en la producción ganadera. Además, incide negativamente la falta de regeneración generacional en el sector, la escasa atención de las administraciones sectoriales, el precio del transporte de las cabañas ganaderas, el deficiente estado de la red de vías pecuarias, y por qué no decirlo también, la dureza de una actividad laboral que hoy atrae sólo a personas vinculadas parentalmente o que desarrollan una gran vocación por dicha actividad pecuaria, que obliga —entre otras cosas— a permanecer fuera del domicilio habitual largas temporadas a lo largo del año.
Sin embargo, la trashumancia sigue viva en diferentes regiones de España con distintos formatos: trashumancia de largo radio de acción, trashumancia vertical en los períodos estivales, trasterminancia o movimientos locales de ganado, tanto con ganado ovino y vacuno, como con ganado caprino en menor proporción. El ovino para canal de carne y el vacuno de ciertas razas autóctonas más resistentes como la avileña negra, conforman una parte sustancial de las cabañas ganaderas que practican todavía la trashumancia, en tanto que en ámbitos como el balear o el canario es posible encontrar aún distintos movimientos estacionales con rebaños caprinos de dimensión limitada.
Teniendo como referencia estudios recientes al respecto, la actividad trashumante sigue practicándose con mayor o menor intensidad y con diferentes tipos de formato en sierras del macizo galáico-portugués, Sanabria, Picos de Europa, Cantábrica castellana, Sistema Ibérico, Pirineos, Castilla y León, Sistema Central, Extremadura, Castilla-La Mancha o Andalucía, con otros movimientos de menor entidad hacia la costa catalano-levantina, en Mallorca y algunas islas del archipiélago canario.


En otras áreas en las que tradicionalmente la trashumancia constituía una verdadera monografía económica, ha ido desapareciendo paulatinamente como actividad productiva relevante, dejando un reguero de cabañas antaño trashumantes que han pasado a la situación de estantes, o bien, se han transformado en otro tipo de empresas pecuarias como los cebaderos o sociedades que practican la ganadería intensiva estabulada, hecho que ha restado una parte significativa de las anteriores cabañas dedicadas a la ganadería trashumante en su dimensión tradicional.
En la medida en la que la trashumancia pasa de tener un papel destacado a desempeñar  un protagonismo meramente testimonial o de bajo perfil en el medio rural, según que comarca o región se trate, se observa hasta fechas muy recientes un escaso interés real por esta actividad pecuaria por parte de las autoridades sectoriales, hasta un punto de inflexión, en el cual se viene a producir una reivindicación de dicha fórmula de tradicional ganadería en medios del sector, en entidades académicas y culturales de carácter local e incluso de alcance nacional, que de algún modo ha supuesto un verdadero revulsivo para el anodino proceder de la administración en este campo. A modo de ilustración y como ejemplo, cabe reseñar que la primera ley de vías pecuarias aparece en 1995, no siendo hasta el horizonte del cambio de siglo cuando aparezcan las primeras leyes autonómicas al respecto.

La actividad de algunos nuevos líderes del sector ganadero trashumante, de entidades empresariales vinculadas al mundo de la trashumancia, de colectivos de profesores universitarios de distintas disciplinas, de entidades conservacionistas y grupos excursionistas, está suponiendo en la práctica un posicionamiento social favorable al mantenimiento de este tipo de tradicional práctica pecuaria, no sólo por la entidad de su mero peso económico, si no también por su carga histórica, cultural y por su contribución al mantenimiento de modelos socioeconómicos sostenibles para el medio rural español.
Por otra parte, la difusión del fenómeno trashumante a partir de museos monográficos, ferias ganaderas, fiestas de la trashumancia, publicación de monografías, congresos y seminarios especializados sobre geografía, historia, etnología o economía de la trashumancia, además de su valoración desde una perspectiva ambiental, socio-cultural y educativa, está generando un creciente interés social por la pervivencia de este legendario tipo de ganadería, que en el caso español se remonta a los albores del neolitismo y de las primeras sociedades humanas organizadas en la Península Ibérica.
Como consecuencia de la asunción de los valores enunciados en el párrafo precedente, ha comenzado a generarse desde hace unos pocos años un interés creciente por el acercamiento al fenómeno descrito. Los primeros colectivos interesados han sido el educativo en sus distintos niveles (Especialmente universidad y formación básica-secundaria), colectivos autonómicos interesados en el campo de la cultura popular y colectivos de grupos excursionistas (Senderismo, cicloturismo y sociedades de montaña).


La  docencia  e  investigación  universitaria  desde  el  punto  de  vista  de  un  fenómeno  vivo,  en  tránsito  hacia  su  desaparición,  o  como  un  hecho  pretérito,  están  marcando  la  actuación  de  diferentes  profesionales  de  la  universidad  española  que  desde  varios  enfoques  y  disciplinas  abordan  un  tema  caracterizado  por  su  complejidad  y  múltiples
facetas, procediendo a la difusión del fenómeno en los apartados curriculares de los programas de determinadas asignaturas, así como por intermedio de la configuración de los  primeros grupos multidisciplinares estables de investigación que congregan a profesores  de diversas universidades, siendo resultado de su trabajo la aparición de monografías y  libros de actas que recogen los trabajos presentados a congresos o seminarios especializados, contribuyendo también a su difusión en medios generales de comunicación y en otros foros especializados.
El interés del fenómeno cara al planteamiento de proyectos y currículos formativos o didácticos, especialmente en la enseñanza básica y secundaria, queda de manifiesto con la aparición de fichas y experiencias didácticas aplicadas a los distintos niveles de la educación escolar, ya de carácter elemental como con contenidos más avanzados, en los que se verifica la visita física a enclaves donde se practica o se ha practicado la trashumancia, entrevistas con pastores, acceso a infraestructuras ganaderas, recorridos por vías pecuarias, etc.
Otro de los grandes pilares que sustentan la eclosión del interés social por la trashumancia en España, deriva del atractivo cultural de dicha actividad para aquellos colectivos cada vez más extendidos que practican el excursionismo en sus distintas modalidades, en los que la identificación de una herencia histórica, la visualización y participación en un fenómeno vivo y palpitante, como el de la trashumancia, suponen un atractivo añadido cuando no prioritario en sus desplazamientos lúdicos.


Buena parte de los parámetros reseñados suponen el origen de una corriente turística que se ha empezado a pergeñar a partir de la trashumancia ganadera, no sólo en España, si no también en otros países en los se practica tal modalidad pecuaria, en los que las ferias, fiestas o festivales de la trashumancia suponen un destacado vehículo de promoción y difusión comunitaria, tanto para grupos específicos preocupados por el tema (Especialistas, investigadores, docentes, medios de comunicación, grupos culturales y excursionistas…), como para segmentos más difusos de la población con interés potencial por el fenómeno expuesto
La configuración de un conjunto de actividades vinculadas, de redes sociales y de un sistema de difusión social de la trashumancia empieza a advertirse ya en lo que puede catalogarse como un proceso con incipiente generación, en el que destacan varios agentes implicados como autoridades sectoriales a nivel nacional, autonómico y local, universidades y demás instituciones educativas o académicas, iniciativa privada por parte de agrupaciones empresariales ganaderas o del gremio del turismo rural, así como otras entidades dedicadas a la promoción rural, grupos culturales y agentes del mundo del ocio y de las actividades lúdicas.

TRASHUMANCIA Y MODELOS SOSTENIBLES DE DESARROLLO RURAL


Cabe valorar con un moderado optimismo el cambio positivo registrado en la evolución de la demanda social, en lo que se refiere al fenómeno de la trashumancia y a sus perspectivas territoriales y culturales. En este orden de cosas, trashumancia y desarrollo rural conforman un binomio en el que se advierte una fuerte trabazón, ya que no en vano dicha práctica ganadera ha marcado muchas de las señas de identidad de numerosos espacios rurales de montaña y tierras llanas de España, en los que además se han producido y producen múltiples fenómenos de complementariedad espacial motivados tanto por las alternancias climáticas, como por los valores agregados provenientes de los intercambios económicos y humanos habidos entre las zonas de agostadero e invernadero, fruto de las cuales se implementan redes territoriales (Áreas de pastoreo invernal y estival, red de vías pecuarias, lugares de mercado, puntos de aprovisionamiento, etc.), flujos demográficos con intercambios parentales y flujos económicos variados (Precio de los pastos, valor de la lana y del canal de las carnes, salarios de pastores y ganaderos, transportes, servicios alimentarios y sanitarios, etc.), que conforman buena parte de la caracterización histórica y socioeconómica de muchas comarcas ganaderas españolas.


A los usos tradicionales de los territorios en los que la trashumancia está presente se une de forma más tardía el fenómeno del turismo rural, motivado entre otras razones por el atractivo que dicho medio supone para amplias capas de la población residentes en medios urbanos o metropolitanos, en paralelo con el incentivo del que son responsables diferentes administraciones —especialmente las autonómicas— que promueven programas de puesta en valor de actividades productivas tradicionales, desde la misma trashumancia ganadera
a otras derivadas de ésta como la producción de quesos y derivados lácteos artesanales, artesanías laneras populares o el empleo de vías pecuarias para otros fines no estrictamente ganaderos, tales como redes de cortafuegos, rutas lúdico-culturales o ejes viarios alternativos en caso de catástrofes naturales.
De ahí que pueda considerarse el alto valor de la trashumancia como elemento estructurante del territorio, especialmente en áreas rurales en las que ejerce funciones muy precisas de articulación espacial. Este hecho se ha puesto de relieve en aquellas áreas en las que la trashumancia ha decaído o dejado de existir, advirtiéndose entonces un verdadero vacío funcional que repercute en la pérdida de insumos económicos en tales espacios rurales: los antiguos «puertos» y demás áreas de pastoreo pierden valor económico y quedan abandonados generando nuevas problemáticas ambientales y demográficas, se produce la pérdida de empleo antes dedicado a labores pecuarias y pierden también vigor las localidades en las que se generaban actividades económicas vinculadas (Mataderos, transporte de ganados, aprovisionamientos, instalaciones textiles, etc.). En suma, un proceso degenerativo del tejido social y territorial, al que sólo se puede poner freno con prácticas que traten de activar dichos espacios con otros ingredientes de componente económico y social, compatibles con unos medios caracterizados por su alta sensibilidad ante cualquier tipo de actuación.

La implantación de actividades de turismo rural ha supuesto en los últimos tiempos un cierto aliciente en lo que se refiere a la revitalización de los espacios mencionados.
En ocasiones, la atracción turística estaría motivada por el conocimiento del pasado trashumante, de sus principales eventos como ferias o fiestas y desde hace muy poco tiempo en algunas ofertas realizadas, la posibilidad de conocer «en vivo» la propia trashumancia pudiendo participar de sus actividades, por ejemplo, acompañando rebaños en sus desplazamientos o visitando áreas de pastoreo y majadas o corrales de ganado en recorridos culturales, resultando además un evidente atractivo para las labores pedagógicas en los distintos niveles educativos, en los que la visita al objeto de estudio supone una actividad recomendada u obligada .
La  trashumancia  como  tal  conjunto  de  actividades  y  repercusiones  territoriales  se  presenta  hoy  como  un  verdadero  modelo  social  y  económico  para  muchas  comarcas  españolas, pero más que emular su pasado, lo que corresponde en el momento presente  es valorar la posibilidad de mantener activos algunos de sus tradicionales parámetros,  es  decir,  incentivar  su  existencia  en  aquellos  espacios  y  enclaves  en  los  que  aún  es  plausible  y  emplear  su  legado  histórico,  socioeconómico,  territorial  y  cultural,  como  elementos al servicio de nuevos modelos de estructuración societaria. Distintos foros y entidades especializadas en la materia abundan en estos objetivos y señalan alternativas personalizadas para conseguir los mismos

La plasmación real de tal enunciado se plantea como un verdadero reto en orden al sostenimiento de las áreas rurales en declive, ya que frente a estos objetivos finalistas se impone la realidad de unos espacios en los que los procesos de transformación se desarrollan de una forma muy lenta, obstaculizados por las deficiencias dotacionales, el despoblamiento y los escasos incentivos que puedan suponer al traslado de efectivos humanos procedentes de las ciudades.
La aportación del modelo trashumante difiere de unas regiones a otras. En algunos casos está plenamente vigente como ocurre en ciertas comarcas extremeñas, leonesas, turolenses, por señalar algunos casos aún activos; en otros la trashumancia se encuentra en franco declive y mediante acciones concertadas de apoyo cabe esperar que pueda subsistir a corto plazo, mientras que en otras tantas áreas de la geografía española está en trance de desaparecer o lo ha hecho ya desde hace un tiempo. En éste último caso la posibilidad de reinstauración tan sólo sería posible mediante un cambio profundo de las estructuras rurales, así como de la transformación del actual modelo productivo del sector pecuario, muy condicionado por la tutela de las políticas de la Unión Europea.

Distintos actores y analistas del sector ganadero español señalan otras virtualidades de la práctica trashumante, como la limpia de los montes por parte de los rebaños, la puesta en valor de la red histórica de vías pecuarias mediante el paso de los ganados o la activación económica de áreas rurales a través de modelos ganaderos de carácter extensivo, con los que se puede actualizar el valor de las tradicionales áreas de pastos.
Pero fuera de este escenario y aprovechando otras iniciativas comunitarias europeas, se abren algunas otras vías para aquellos antiguos contextos espaciales en los que se desarrolló la trashumancia, en este caso más bien vinculados a la conservación de antiguos legados humanos y sociales en su faceta cultural, antropológica o etnológica, apartados en los que la Unión Europea muestra un interés creciente en los últimos tiempos. De ahí que uno de los grandes activos del modelo trashumante en ese sentido, pueda ser el que se catalice dicho  interés a través de un conjunto de acciones que pongan de manifiesto esos otros «valores culturales» del pasado trashumante, valores en lo económico a partir de artesanías pastoriles  (Cueros, textiles, antigüedades, objetos musicales, etc.), productos alimentarios (Quesos,  mantequillas, carnes…) y artículos provenientes de una producción cultural: libros, videos, música, guías culturales, cursos monográficos o rutas turísticas asociadas.




TRASHUMANCIA Y TURISMO CULTURAL EDUCATIVO

El creciente desarrollo de las prácticas culturales desde la matriz del turismo natural (excursionismo, cicloturismo y rutas ecuestres), en las que el visitante forma parte activa y directa de la conformación de la propia visita, es otro de los grandes factores de atracción turística que la trashumancia ofrece, en este caso por intermedio de los recorridos por las vías pecuarias y sus infraestructuras conexas como majadas, descansaderos, contaderos, abrevaderos, balsas, pasaderas, corrales, ranchos de esquileo, roperías, chozos, etc.
Puede encontrarse ya en internet y en otros medios de difusión escrita la oferta de distintas opciones de participación en flujos trashumantes, siendo ésta una de las facetas más innovadoras al respecto, es decir, la posibilidad real de acompañar a rebaños en sus movimientos estaciónales. Detrás de dicha oferta se encuentran algunos pequeños empresarios del sector de la hostelería rural, vinculados a su vez al mundo de la trashumancia, en los que subyace el interés por ofertar nuevas opciones de turismo cultural, en las que el turista sea objeto directo de la propia actividad, ayudando en labores auxiliares del quehacer pecuario.
La función participativa es tanto más evidente en el turismo cultural que utiliza recursos de la práctica trashumante como elementos determinante de la visita grupal. La enseñanzas básicas y medias suponen una verdadera cantera en la generación de flujos de visita a infraestructuras trashumantes preparadas a tal vez efecto, así como a museos monográficos o a espacios naturales protegidos, en los que la trashumancia está íntimamente ligada a dichos espacios. En este sentido, los museos monográficos, de interpretación de la naturaleza y etnográficos en general, tienen secciones dedicadas a la trashumancia y cuentan ya con programas educativos concertados a distintos niveles, yendo del básico al universitario, pasando por presentaciones multimedia de carácter interactivo en las que el visitante puede familiarizarse con mayor detalle con la trashumancia: videos, archivos sonoros, colecciones de objetos ganaderos preparados para el manejo del visitante, cartografía temática, etc.


Varios de dichos museos ofrecen la posibilidad de visitar otras infraestructuras trashumantes localizadas en el enclave en el que se sitúan, como los Museos de Guadalaviar, Oncala, Lumbreras, Vaqueiro, Rancho de Esquileo o Centro Fotográfico de la Trashumancia Pirenaica, con los que mediante contacto previo es posible realizar visitas guiadas a sectores de los agostaderos de montaña, majadas, chozos, parideras o corrales de ganado, algunos de los cuales han sido rehabilitados ex profeso para su visita como por ejemplo los «torrucos» de Guadalaviar (Variedad de chozo pastoril), brañas en Tineo o Somiedo, majadas madrileñas o ranchos de esquileos segovianos.
Llama la atención que buena parte de la difusión espacial de dichos centros y ofertas de visita se sitúe en el sector septentrional de España, y que en contraste, en contadas ocasiones se localicen en emplazamiento situados en al mitad meridional del país, pese a existir noticias que indican la futura aparición de algunos nuevos centros monográficos en dicha área.


Castilla y León, Rioja y el sector pirenaico incluido el área vasco-navarra, concentran una parte significativa de los actuales museos monográficos o especializados en la trashumancia, con un número superior a la decena de unidades. La disponibilidad de instalaciones ganaderas e infraestructuras trashumantes asociadas a dichos museos, les dota de un especial dinamismo ya que permite a los museos la implementación de programas de visita vinculadas con grupos excursionistas, universidades o grupos de interés cultural, en los que además tiene un peso determinante la posibilidad de alojamiento tanto en hospedaje convencional preexistente como en casas rurales a demanda, activando así un nivel complementario de renta económica para pequeños empresarios hosteleros locales, que en los últimos tiempos están teniendo un especial interés y protagonismo en realzar las virtualidades paisajísticas, patrimoniales o históricas de los espacios en los que están enclavados, generando guías de mano, páginas web e incluso denominaciones cualitativas, en las que se da una atención preferente a la ganadería trashumante, tal como está ocurriendo en la Sierra de la Demanda burgalesa, la Tierra de Pinares soriana, el sector noroccidental de la Cordillera Ibérica, el sector oriental de la ibérica turolense, la montaña leonesa, o zamorana, Pirineos, Gredos, Cáceres, etc.

Parte del atractivo del fenómeno trashumante radica a su vez en su gran capacidad de captación de visitantes con ocasión de ferias y fiestas monográficas. En este caso, la difusión espacial de dicha atracción es aún mayor, trascendiendo incluso del ámbito peninsular a los contextos insulares balear y canario. Una primera aproximación a este  hecho  permite  contabilizar  casi  una  treintena  de  eventos,  conformada  alrededor  de  ferias, fiestas y encuentros culturales o jornadas académicas; algunos como ciertas ferias  mallorquinas o navarras son tradicionales y se remontan en algún caso al siglo XIV, otros  se han retomado en los años setenta y ochenta del siglo XX, en tanto que en el último  decenio del siglo anterior y en lo que va de siglo se han multiplicado las celebraciones  de estas características, hasta el punto de contarse en la actualidad con más de dieciséis  eventos aparecidos en los últimos diez años, algunos de los cuales van ya por su séptima  edición, hecho que pone de manifiesto la solidez de tales manifestaciones

La reivindicación cultural de la ganadería en general y de la trashumancia en particular en diversas áreas de España, incluidas las insulares, permite augurar la continuidad de las manifestaciones señaladas en el futuro, ya que además de realizarse dicha vindicación desde estamentos institucionales, están surgiendo agrupaciones vecinales, culturales y académicas que dan sustento o apoyo material a la aparición de nuevas ferias, fiestas y encuentros, en las que el binomio de lo festivo asociado al recuerdo de un pasado inmediato supone una importante baza para su mantenimiento futuro; fenómenos novedosos como la aparición de escuelas de pastores (País Vasco, Aragón, Rioja…), espacios naturales protegidos en los que la trashumancia es un hecho destacado (Cebollera, Espadán, Gredos, etc.), y la especialización comercial de distintas ferias (Pujalt, Sineu o León), permiten augurar una línea de progreso en su conocimiento y difusión.
La mayor parte de las manifestaciones señaladas crean un efecto de llamada entre diversos sectores sociales interesados, resultando que año tras año la afluencia a las mismas es mayor. No se cuenta aún con estadísticas fiables y continuadas en el tiempo, pero fiestas como las de Brieva o Lumbreras han llegado a congregar en su última edición a más de tres mil asistentes, en tanto que otras ferias o fiestas registran cifras de visitantes in crescendo, del mismo modo que ocurre en ciertas jornadas o encuentros académicos, en los que la afluencia de comunicantes es cada vez más significativa, contándose con jornadas y encuentros que acumulan ya siete ediciones, de las que derivan libros y actas de congresos, que como las Jornadas de la Trashumancia, vinculadas al Centro de Estudios de la Trashumancia del Museo de Guadalaviar, cumplen ahora su cuarta edición.