lunes, 27 de febrero de 2012

La Serena - 4

Quintana y Zalamea.
Sigue recta la Cañada por término común de la citada villa y la de Zalamea, por el sitio de
El fornazo o Tarnazo,
Arroyo del mismo nombre,
El pedazo de judas,
El de las Suertes,
Juntas de Hijobejo,
El Canchal o los Canchales,
Camino de la villa del Valle.
Zalamea.
Entra la Cañada en término privativo de Zalamea;
Sigue por una ladera,
Al arroyo de las Fuentes,
Al puerto de la Cañada serrana o de las Veredas,
Al de Hijobejo;
Pasa por la orilla de la dehesilla del Conde de Arce, y concluye el término de Zalamea.
Valle de la Serena e Higuera de la Serena.
Entra en término comunero de las villas del VaNe y La Higuera de la Serena.
Sigue por los sitios de
Pozo del Alamillo,
Arroyo del Campo,
El Collado,
Camino que va a la Higuera,
Lomo de la Añora,
Fuentes de Don Martín.

Higuera de la Serena.
Entra en término privativo de la Higuera de la Serena.
Continúa por el Sitio del Barrial o del Barraca!,
Charco de la HIgueruela,
Arroyo Guadamez,
Las Hontanillas,
Sitio de Lázaro Pérez,
A dar al arroyo Cicaratón o Zaratón;
Sigue por los baldíos muy dilatados,
A los Zaurdones de Murga,
Por entre los dos pueblos del Valle y la Higuera.
Por el puerto Argayen o de la Ventilla.
Se baja un buen trecho de dicho puerto hasta el arroyo de Argayen, donde concluye el término de la
Higuera.
PARTIDO DE LLERENA
Retamal y Campillo.
Entra la Cañada en términos comuneros de los pueblos del Retamal y Campillo.
Desde el citado arroyo Argayen,
Llega al río Guadamez;
Va por la orilla arriba de este último, sin pasarle, por entre los dos pueblos,
Al sitio de El Venero,
A dar frente a la ermita de San Salvador,
Sitio del Barroso,
Hay un arroyo que baja de! lado del Campillo, que estrecha el paso de los ganados en una vega.
La Cañada prosigue
Por entre el Caz del molino de Los Pascuales o de la Pizarra, y tierras labrantías del pueblo del Campillo,
Por el sitio de los Valles,
Vereda del Contadero,
Cerro judío,
Sitio de los Pilones o de los Palacios,
El Bercial





La Serena - 3

Documentos antiguos redactados por los Visitadores Extraordinarios describen los recorridos de las principales rutas trashumantes a mitad del siglo XIX. En este Cuaderno recogemos la descripción que realizan al paso por La Serena de la llamada Cañada Real Leonesa.
DESCRIPCIÓN
De la Cañada Real Leonesa, desde los Puertos de Valdeburón, Partido de Riaño, en la Montaña de León, hasta el término de Montemolín, en los confines de la provincia de Badajoz con la de Huelva; y de otros dos ramales: con arreglo a los apeos y demás documentos que obran en el Archivo y Secretaría de la Asociación General de Ganaderos y al reconocimiento practicado por el Visitador Extraordinario D. JUAN MANUEL ESCANCIANO, en el año de 1852."
"PARTIDO DE HERRERA DEL DUQUE.
Casas de Don Pedro. Entra un corto trecho en jurisdicción de Casas de Don Pedro;
 Puebla de Alcocer. Continúa luego por término otra vez de la Puebla de Alcocer, Al barranco y umbría del león, Sitio del Botonar, o calle del Bodonal, donde confluye la Cañada que viene por Agudo, Tamurejo y Siruela. Continúa al pontón del arroyo Guadalamea, Por donde sale de este término.
Esparragosa de Lares.
Entra en el de Esparragosa de Lares, desde el citado arroyo de Guadalamea,
Al alto de la Sierra,
Por tierra yerma y baldía,
Al sitio de la Jarilla.
Al Boquerón,
Cerro del Calderín,
ElLavandero,
El Tejar,
La Solana,
Por cima de la ermita de Nuestra Señora de la Cueva,
Falda de dicha sierra, que queda a la derecha,
Al contadero de Esparragosa.
En este sitio se forman dos ramales: el de la izquierda se dirige a Cabeza del Buey.
El de la derecha (que se va describiendo), continúa por la jurisdicción de Esparragosa por toda La Serena
abajo,
Entre las dehesas de la Bodeguilla Cimera y Bodeguilla Bajera;
Deja a la izquierda la dehesa de Monreal,
Prosigue por las de los Terrines y Soterraña, cerca del río Guadiana,
Pasa el río Sújar por la barca de Esparragosa y Campanario,
Entra en jurisdicción comunera con Castucra y otras villas de La Serena,
Pasa junto a la dehesa Portugalesa,
Sube por la orilla del río Guadalefra,
Hasta el sitio de los Villaraltos.
PARTIDO DE CASTUERA
Castuera.
Entra la Cañada en jurisdicción de Castuera por dicho sitio de (os Villaraltos.
Donde se separa un cordel con dirección a la villa de Castuera.
La Cañada que se describe prosigue
A la dehesa del Egidillo,
Dehesa de la Balija;
Continúa subiendo por el río Guadalefra,
La atraviesa y toma la dirección sobre la derecha;
Linda con la dehesa de la Jambra.
Sigue hasta dejar La Serena,
Entra en la dehesa del Chantre, que era de la Encomienda de Zalamea;
Pasada ésta, vuelve la Cañada a pasar el Guadalefra;
Sigue recta por los sitios de El Molinillo,
El Colmenar,
Baldío de Lanchafría,
Rodeo de Quintana,
Canalizas del Churriana,
Hasta el arroyo y millar de la Fuente Seca, en donde concluye el término de Castuera.
Malpartida.
Entra en término de Malpartida, por el citado arroyo y millar de la Fuente Seca;
Continúa por el sitio del Tocico,
Pilón de La Cañada Serrana, que está frente del Zahurdón del Calero donde concluye este término y el baldío de la Fuente Seca.
Quintana.
Entra en término de Quintana;
Pasa al sitio de
La Rentilla, Reertillas, Reerta o Reyerta, cuyo sitio confina por la derecha con la dehesa boyal;
Sigue al Mojón Gordo,
Los Pocitos,
Laguna del Dornajo Dorpajo.
Zahúrdas de Don Gil,
Sitio del Escarabajero,
Camino adelante de Quintana a Zalamea,
Por baldíos de uno y otro pueblo,
Sitio de la Lanchahuela o Lanchahueca,
El Villar de Periquito o Villar primero,
Basconuño y Valcorruño,
El Cabezudo,
Cerro alto,
La Atalaya,
La Portezuela, Puentezuela o Fuentezuela,
El Gibujillo o Piloncillo,
Arroyo H ortiga;
Cruza dicho arroyo, y en él concluye el término privativo de Quintana.

La Serena - 2


Invernadero tradicional de la cabana trashumante
Desde el período de repoblación La Serena tuvo una vocación eminentemente ganadera favorecida por dos causas: el mar de pastizales en una de las rutas preferentes del ganado trashumante y la política de proteccionismo ganadero por parte del reino castellano con la institucionalización de La Mesta (la Provisión de 27 de octubre de 1600 cita a Villanueva como uno de los pueblos de Extremadura donde realizar dichos concejos. Sin embargo, varios concejos de mestas se realizaron en Don Benito y Campanario, lo que hace presumir la gran afluencia de ganado trashumante a esta zona).
Al principio, el área se mantuvo relativamente despoblada, los maestres y comendadores de las órdenes arrendaban los pastos sobrantes a los ganaderos de las Sierras, quienes, con la renta pactada, contribuían de manera primordial a revalorizar estas tierras. Estos serranos mesteños estaban amparados por las leyes siempre que siguiesen sus cañadas y ajustasen los pastos con sus dueños sin hacer perjuicios, si bien después hicieron de estos derechos excesivos privilegios. Tal es el uso del llamado de "alenguamiento", por el cual, cuando un trashumante concurría a una subasta de pastos de corporaciones y pujaba, adquiría, por el propio hecho de hacerlo, las hierbas; y cuando eran de particulares, con pastar un único invernadero y si el dueño no quería arrendarla reclama la posesión en el primer Concejo de Mesta y tan sólo con la reclamación decían tenerla ya adquirida. En 1501 apareció la primera disposición general en una Real Cédula hablando de este privilegio (de posesión), que defiende a los trashumantes en el sentido de que no pueden serles quitadas ni rotuladas las dehesas que llevaran en arrendamiento. Esta "ley de posesión y tasa" implicaba que los ganados ganaban "posesión" sobre las hierbas de invierno una vez apalabradas con los propietarios de las dehesas, quienes sólo podían desahuciarlos en tres casos concretos: impago de rentas, enfermedad del ganado y aprovechamiento del terrateniente con sus propios animales.
Este tipo de actos daría lugar a pleitos por parte de los municipios contra el Concejo de la Mesta, hasta que obtuvieron Providencia de Carlos V ordenando que en los arriendos se especificase la obligación de dar a los pueblos todas las tierras que necesitasen para sus labores y ganados con prioridad a los extraños.

Los terrenos pertenecientes a la Mesa Maestral empezaron a denominarse Real Dehesa de La Serena cuando el Maestre D. Juan de Zúñiga, en 1494, celebró las capitulaciones de pase del Maestrazgo a La Corona aprobadas por los Reyes Católicos, quienes obtuvieron para sí y sus sucesores el título de Administradores perpetuos.
La Real Dehesa tenía, todavía en 179 "una extensión de 250 millares de tierra, algunos poblados de robustas encinas, otros con acebuches y los más rasos y sin monte, de terreno pizarroso y poco fondo". Estos últimos "millares" son, precisamente, los que han dado fama a la zona por sus exquisitas, ricas y finas hierbas.
El derecho de las villas sobre La Real Dehesa de La Serena se concretaba en el de baldiaje, consistente en el disfrute de 102 millares de cabida para pastos y labor. El "Valdiage de la Serena" (como lo denomina Madoz) permitía la libre entrada de los vecinos en los millares donde no pastaba la cabaña del Maestre desde mediados de marzo hasta el 18 de octubre. Este derecho fue fijado después, por real Cédula de 17 de septiembre de 1734, en la tercera parte de la Dehesa, precisamente en los sitios más inmediatos a los pueblos y con la condición de hacer constar que así lo necesitaban, una vez ocupados sus respectivos propios y baldíos. El sobrante quedaba para los ganaderos trashumantes y mesteños.

Felipe V decide enajenar en 1744 varios millares de la Real Dehesa para sufragar los gastos de las guerras de Italia. Para ello consiguió la aprobación de S. S. Benedictino XIV (ya que se trataba de bienes de una Orden religioso-militar), sin perjuicio de seguir reconociendo el mencionado derecho de baldiaje. Como ello suponía un problema para encontrar compradores llegó a un acuerdo con los representantes de las villas: los compradores contribuirían a las villas con una tercera parte y les darían preferencia en el arriendo sobre los foráneos. A cambio, las villas renunciaron a un mes de baldaje, teniendo la entrada el 15 de abril y manteniendo la salida en el 18 de octubre.
En 1760 se dictó el Reglamento para disfrutar la tercera parte de asignación en la Real Dehesa, concediéndose la facultad de romper la décima de cada millar para la labor, quedándose los otros nueve de pasto y con imposiciones de severas penas para quien roturase de más.
Según la población fue en aumento, los propios y ejidos y la asignación en tercera parte de la Real de Serena fueron insuficientes para mantener sus propios ganados y escasearon las tierras de labor. Surgen así problemas tales como el arriendo de las encomiendas de nobles a trashumantes, contra el derecho de naturaleza a que las villas son acreedoras
. En 1873 fue suprimida la jurisdicción eclesiástica especial de las órdenes militares en España, en virtud de la bula "Quo gravius", expedida por Pío IX en Roma el 14 de julio de dicho año. No sólo ganadería y agricultura fueron los soportes económicos de las villas de esta comarca. En poblaciones como Cabeza del Buey la industria de fabricación de paños fue especialmente importante a partir de 1700, coincidiendo con la maquina de hilar y su instalación industrial. Su máximo esplendor fue de 1700 a 1740. En 1888 existían en esta villa dos fábricas de paño, cuatro tintes y cinco fábricas de hilo y algodón. De dicho año trata el estudio realizado por D. Nicolás Pérez y Giménez, doctor en Medicina y Cirugía, quien, preocupado por la mejora en el desarrollo de esta comarca, incita en su trabajo a la industrialización de algunas de las villas.


En la actualidad sigue siendo el sector agrario, tanto agrícola como ganadero, el factor clave de la actividad económica en La Serena. Esta comarca representa uno de los tradicionales invernaderos resaltados por la calidad de sus pastos y la benignidad de su clima, durante cientos de años. La unión entre extremos se realizaba antaño por medio de las grandes Cañadas Reales que atraviesan la Península de Norte a Sur, enlazando cualquier agostadero con los pastos de La Serena.
La unión desde las montañas de Zamora y León se realizaba a través de la Cañada Real de la Plata o por el ramal más próximo a las tierras de Portugal, pasando por Ciudad Rodrigo, enlazando después con las Cañadas Reales Leonesa Occidental y Oriental.
Desde las Sierras de Cuenca y Teruel se utilizaba la Cañada Real Conquense, también denominada de los Chorros, utilizando las uniones con la Cañada Real Segoviana que atraviesa las estepas de La Serena.
Las posibilidades de los sorianos estaban más diversificadas pudiendo utilizar según convienese (eran múltiples los factores que determinaban los recorridos) cualquiera de las dos Cañadas Reales Sorianas, Oriental u Occidental, la Cañada Real Segoviana en todo su recorrido o bien la Cañada Real Galiana.

La Serena - 1


El origen y significación del topónimo "La Serena" no está claro. Algunos autores, como Paredes Guillén, se inclinan por la existencia de una población romana llamada Seria (o Fauna Julia) a partir de la cual se diría "Campos de la Seriana", convirtiéndose posteriormente en Campos de la Serena. Agúndez Fernández apunta en su obra otras posibilidades -tales como la derivación de vocablos que hacen referencia a la topografía de esta zona ("serna", locución árabe que indica llanura, o "serenus", palabra latina que designa tierras llanas, rasas y de escaso monte) o a tradiciones mitológicas en torno a la figura de una sirena (que aparece en el escudo de Villanueva de la Serena)-, aunque dicho autor se inclina a pensar que el origen del nombre de La Serena se encuentra en el apellido de una familia patricia romana dueña de estos territorios.
La configuración histórica de la comarca de La Serena tiene su origen en el Bajo Medievo. Las campañas cristianas por recuperar estas tierras de manos musulmanas provocaron su despoblación ante los largos hostigamientos militares a los que se vieron sometidas. La "Reconquista" de La Serena fue organizada por los reyes de León, quienes, no disponiendo de medios suficientes para llevarla a cabo, buscaron el apoyo de las órdenes Militares y de caballeros nobles.
Especial importancia tuvo la Orden de Alcántara. Acometió la ocupación de La Serena empezando por el castillo de Mojafar, en los dominios de la actual Villanueva de la Serena ("Aldea Nueva de los Freyres"). Tras esta conquista se recuperaron Magacela, Zalamea, Benquerencia, etc., hasta quedar en poder cristiano y en el de la citada Orden todo el Este de la actual provincia de Badajoz, hasta Puebla de Alcocer. Almorchón y Capilla, que procedían de la suprimida Orden templarla, pasaron al dominio de los Caballeros de Alcántara, quienes llegaron a poseer el territorio de los actuales partidos judiciales de Don Benito, Villanueva, Castuera y Puebla de Alcocer.
Ocupada La Serena por los Caballeros de Alcántara, era preciso poner en explotación sus tierras, defenderlas y controlarlas de modo efectivo. A tal efecto, sus territorios fueron cedidos a los maestres de esta Orden para "sostenimiento de su dignidad, exceptuando de esto a las dehesas boyales, ejidos y baldíos que señalaron a los pueblos para su disfrute particular".
Para poblar estas tierras concedieron cartas pueblas, fueros y otros privilegios, otorgando franquicias superiores a las de concesión real o señorial nobiliario. Prueba de la acertada administración por parte de la Orden Militar fue el notable aumento de villas y ciudades que fueron surgiendo o resurgiendo en las jurisdicciones de Alcántara, Villanueva, Don Benito, Castucra y Cabeza del Buey.
Dada la extensión de sus territorios, la Orden compartimento la jurisdicción en distritos independientes para su mejor gobierno: las Encomiendas.
En el reparto jurisdiccional las primeras encomiendas que se crearon fueron las de Magacela y Benquerencia; posteriormente las de Castilnovo, Galizuela, Lares, Almorchón, Casa Vieja, el Rincón o Cabeza del Buey, Adelfa, Peraleda de Zaucejo, Diezmos, Portugalesa, Zalamea y Quintana. Desde el punto de vista patrimonial, una parte del territorio de la Orden se cedió a las villas para labores y pastos, debiendo abonar diezmos a la Mesa Maestral. De ella, ciertos terrazgos adquirieron el carácter de dehesas boyales, egidos y baldíos de cada pueblo, y algunos otros eran disfrutados por las agrupaciones de villas, las Comunidades. El resto quedó como propio de la Dignidad Maestral, correspondiendo a lo que posteriormente se denominó Real Dehesa de La Serena.
Cuatro fueron las Comunidades creadas: l) Magacela, formada por ésta, Villanueva, La Haba, La Coronada, Campanario, La Guarda y Quintana, disfrutando la llamada Mata y sus aljares; 2) Benquerencia, con ella Castucra, Esparragosa de la Serena, Malpartida y Monterrubio, que aprovechaban Las Rañas; 3) Zalamea, con Valle de la Serena e Higuera, disfrutando la Giralta; y 4) Esparragosa de Lares, con Sancti-Spiritus y Cabeza del Buey, en la Sierra de Lares. Cuando el vecindario fue en aumento, los maestres cedieron parte de sus tierras, reservándose las sobrantes para arrendar a los particulares, quienes a su vez las subarrendaban a los trashumantes. Estas 18 villas, distribuidas en las cuatro comunidades, pertenecieron al Partido de La Serena, el cual durante el Antiguo Régimen era uno de los nueve que constituían la actual región extremeña (los otros partidos los formaban: Cáceres, Alcántara, Plasencia, Coria, Trujillo, Mérida, Badajoz y Llerena).


viernes, 9 de diciembre de 2011

Mazizo Iberico - y 6


Según estos datos, no se conciertan matrimonios entre ganaderos y mujeres del sur de España hasta los años cincuenta de nuestro siglo, aunque son casos excepcionales.
A partir de los años setenta, la nueva generación de ganaderos trashumantes ha roto la norma tradicional, y ya se han olvidado los viejos refranes que decían: "en La Mancha, el que no mancha, tizna", o "más vale tener una mancha en la familia que un familiar en La Mancha».
Las razones de esta nueva tipología matrimonial están en la reducción demográfica de los pequeños pueblos serranos desde los años sesenta hasta nuestros días, llegando en muchos casos al abandono. No ocurre lo mismo en la zona meridional, donde los pueblos con mayor entidad han conservado población, sobre todo femenina, al contrario de los serranos, que son enclaves de ancianos y varones solteros.
En la actualidad tales relaciones se ven favorecidas porque los ganaderos serranos disponen de economía y medios de transporte suficientes para acudir a los pueblos próximos a las fincas y mantener contacto con la población comarcana.


La endogamia de los pueblos pastores lo era para mantener un sistema de propiedad y herencia. Pero también en el caso de los trashumantes se trataba de una endogamia «funcional», ya que, debido a su situación laboral, económica y de aislamiento no podían tener ninguna relación con las localidades próximas a las fincas por su pobreza y alejamiento físico.
El nuevo modelo de trashumancia ha variado en muchos aspectos de la vida pastoril narrada por los viejos mayorales y recitada en coplas y romances. Sin embargo, existen muchos elementos que permiten clasificar a este grupo como colectivo muy tradicionalista en muchas manifestaciones. Son frecuentes casos de generaciones de pastores que llevan trasladándose a la misma finca desde hace más de cien años, bien como asalariados y más tarde como arrendatarios. Lo mismo se puede decir de sus relaciones en la cañada, de los sistemas de contratación e incluso rituales religiosos que hoy siguen practicando.


Posiblemente el interés que los medios de comunicación han mostrado en los últimos años por "los últimos trashumantes", unido a sus propias características, han creado cierta aureola en torno a ellos, sólo mitigada por los escasos rendimientos económicos que hoy consigue el ganadero. No obstante, muchos ganaderos trashumantes poseen el orgullo profesional que no se encuentra fácilmente en otros grupos laborales.
La continuidad de este colectivo se podría asegurar si los rendimientos fueran medios. Pero el hecho cierto es que algunos pastores jóvenes, depositarios de prácticas trasmitidas por sus mayores y capacitados en las nuevas técnicas del manejo y la explotación ganadera, manifiestan su deseo de abandonar la profesión, y no por los viejos tópicos de la dureza de los quehaceres, la separación del hogar o el aislamiento, sino simplemente porque la lana no tiene precio y la carne de cordero está al mismo precio que en 1985.
Fotos: Juan Carlos Labajos Briones 





Mazizo Iberico - 5


La temporalidad de las actividades se ha modificado por dos razones importantes: primera, por la menor duración de los traslados de los ganados, y, en segundo lugar, por la mayor permanencia de éstos en los pastizales de invierno.
En el pasado, con los recorridos a pié, la salida hacia extremos se hacía desde finales de septiembre hasta terminado el mes de octubre. Con treinta días de camino se llegaba a las fincas del sur y en pocas fechas se iniciaba la época de partos. El refranero le recordaba al pastor "que en la Pura (8 de diciembre) la paridera apura".
Antes de esa fecha el ganadero debía rehacer el chozo, revisar las lindes de las fincas, sanear las fuentes y preparar la leña para todo el año, labores éstas encomendadas al zagal.
Siguiendo con el calendario clásico de las labores, el mes diciembre era no sólo época de paridera sino de "ahijar" o ayudar en las labores de lactancia a los corderos descarriados, "doblando" o alimentándolos de dos madres, sacrificando a los más débiles y "empellizando" con su piel a otros para ser alimentados por sus nodrizas. Estos quehaceres tenían mucho de selección y, en tiempos laneros, ya muy remotos, trataban de preservar la salud de la oveja y fomentar el rendimiento del vellón.
A comienzos de febrero «la chicada» (rebaño de corderos nuevos) podía salir al campo y comenzar su alimentación de pasto, al tiempo que las crías eran separadas de sus madres.
Durante toda esa época los sementales se encontraban separados de las hembras, de forma que sólo se cruzaban al llegar a los pastos de verano. En marzo se iniciaban las labores del esquileo de las crines de las caballerías ("marceo"), que se aprovechaban para la fabricación de sogas de pelo elaboradas por el pastor con un sencillo torno de hilar manual.


Ha sido tradicional «rabotear» (cortar el rabo de los corderos) el primer viernes de marzo o, en algunos casos, en Viernes Santo, y se preparaban los rabos, debidamente limpios, refritos con arroz. A este alimento lo llamaban los pastores «comer vivo».
El mes de abril, tormentoso en las sierras del norte, era apacible en «extremos» y se dedicaba al esquileo, aunque, en ocasiones, esta tarea se realizaba durante el viaje de vuelta e incluso en las propias sierras. Cuadrillas de esquiladores visitaban las dehesas y el mayoral ajustaba precio y fechas. La labor se hacía a tijera y posteriormente con cortadoras mecánicas, hasta llegar a las sofisticadas esquiladoras actuales. La rapidez del esquileo dependía de la época, de la raza de las ovejas (las merinas precisan mucha más atención que las churras) y, sobre todo, de las herramientas, ya que en la actualidad se puede duplicar el número de animales que hace treinta años se esquilaban en el mismo tiempo. Las labores se realizaban en locales cerrados ("ranchos"), para que con el calor se facilitara la operación. No obstante, en muchas dehesas se realizaba al aire libre, tal como hoy lo siguen haciendo.
Una vez esquilados los animales se organizaba el viaje hacia el norte, y en los treinta días de recorrido la lana comenzaba a crecer, protegiéndolos del frío de las sierras. Ya en los montes, el ganadero echaba los sementales a los rebaños y se cerraba el ciclo anual.
Un fenómeno que ha ido a menos es el contacto con el medio natural. En el pasado los ganaderos utilizaban plantas silvestres tanto por sus propiedades medicinales para personas y animales, cuanto por su valor alimenticio (hongos, espárragos y tubérculos silvestres;); también algunos pastores, por afición o simplemente por necesidad, pescaban y cazaban con artilugios muy sencillos.
Lo mismo puede decirse de las actividades artesanales de transformación de productos naturales (pieles, cuernos, huesos, maderas, corchos, crines, etcétera), que en el pasado el ganadero practicaba al disponer de abundante tiempo y contar con mano de obra suficiente, que permitía el manejo de la cabaña con mayor comodidad. Por otra parte, la escasa disponibilidad de dinero hacía que los pastores se elaboraran todo su ajuar, utensilios y herramientas, con los materiales que tenían más cercanos. Las nuevas relaciones laborales, la facilidad de las comunicaciones, la aparición de otros entretenimientos, como la radio y la televisión, han hecho que el trashumante actual disponga de su tiempo de otra forma y haya prescindido no sólo de las labores artesanales, sino hasta de la elaboración de cecinas y carnes secas, o de la preparación de queso.
Lo mismo podríamos decir de la especial facilidad de los pastores para la versificación, como lo demuestran las muchas composiciones recogidas para ser recitadas o cantadas. De la comarca soriana son interesantes "las Epístolas" o relatos romanceados en que se alude a hechos o dichos de los pueblos de la comarca de San Pedro Manrique:
Otras composiciones utilizadas por los pastores son «los Mandamientos» de su profesión:
Y son habituales otros muchos romances y composiciones que los pastores trashumantes -los que sabían leer y escribir- componían en sus ratos de ocio. Según los ganaderos actuales, "hacían versos porque disponían de tiempo y estaban más alegres". Estas, como otras muchas manifestaciones culturales, son impensables en la vida pastoril actual.
Continúa el trashumante de hoy, como el de antaño, sintiendo una gran admiración por la tierra del sur: "extremos". Las características climatológicas y ambientales de las dehesas del sur, no sólo distintas sino complementarias de las correspondientes a las de los puertos del norte, han hecho siempre soñar al ganadero norteño con los pastos de invernada, como lo recuerda esta composición.

Pese a la admiración que tradicionalmente han suscitado las tierras del Valle de Alcudia y Extremadura, es interesante notar que la comunidad trashumante ha mantenido escasas relaciones con las personas de la zona sur y, en especial, ha evitado los matrimonios con mujeres de las comarcas meridionales, como lo demuestran las consultas a los archivos parroquiales de algunos pueblos trashumantes de Soria y La Rioja.
Fotos: Exposicion Caminos Silencionsos en el claustro de la Catedral de Burgos . Santiago Bayon Vera 

jueves, 8 de diciembre de 2011

Mazizo Iberico - 4



La vivienda tradicional de los pastores en "extremos" era un "chozo" circular, con estructura de madera, sobre la que se colocaba una cubierta vegetal de "escoba" o "retama" que, debidamente instalada y renovada cada otoño, impedía la entrada del aire y la lluvia. El chozo contenía los camastros, con pies y base de madera, y sobre éstos las pieles de oveja y las mantas elaboradas en Enciso, Munilla, Canales o Ezcaray (La Rioja). En el centro del chozo se hacía el fuego, y el humo ascendía por la cubierta a través del ramaje.
El escaso ajuar de los pastores se guardaba en bolsas de piel o sacos de cáñamo. La iluminación del chozo se conseguía con «teas» de madera de pino seca traídas de las regiones septentrionales, y también con las cañas de los «gamones», planta abundante en «extremos» que, al arder, iluminaba casi sin humo el espacio del chozo. 
Los últimos chozos de material vegetal se utilizaron por pastores del Alto Macizo Ibérico en los años 1965 al 1970, cuando ya la mayor parte de las fincas tenían edificaciones de ladrillo con su chimenea o cocina para preparar los alimentos. A partir del año 1972 no se han conocido en la zona pastores que residieran en «chozos».
Como complemento al chozo se utilizaba «el chozuelo», pequeña construcción vegetal portátil que se trasladaba diariamente al lado del «redil», esto es, junto al aprisco rudimentario y móvil que permite el descanso de los ganados y el estercolado. En la actualidad, al no existir lobos, no es preciso pernoctar al lado de los rebaños, por lo que los ganaderos pasan la noche en viviendas convencionales.
La alimentación tradicional de los pastores del Alto Macizo Ibérico se basaba prioritariamente en el pan. Este alimento se compraba semanalmente a panaderos itinerantes o "recoveros" que visitaban las fincas. Con el pan bien picado la noche anterior se preparaban las migas, alimento mañanero, acompañadas de manteca o grasa de oveja, pimentón y ajos.
Durante el día «se echaba merienda» (embutido o queso), que mantenía al pastor hasta el anochecer, en que comía de nuevo alimentos calientes como patatas, legumbres o sopas y, si resultaba alguna res muerta, y sólo en esta ocasión, la carne fresca hacía su aparición. La narración describe el menú habitual de aquella época.


La actual movilidad de los ganaderos -que suelen disponer de vehículos propios y contar con accesos practicables en la mayor parte de las fincas- hace posible su traslado a los pueblos próximos para adquirir cualquier tipo de producto. Los alimentos en conserva, legumbres, arroz, bacalao, etcétera, constituyen su dieta habitual, prescindiendo casi siempre, por costumbre, de verduras y frutas. Pese a estas facilidades, las migas siguen siendo en las mañanas de invierno «su cotidiano alimento».
Con el traslado en ferrocarril ha desaparecido el problema que presentaba el ajuar ("hato") que cada pastor llevaba en las caballerías, y esto ha llevado a incrementar el número y volumen de los objetos transportados. Sin embargo, el pastor trashumante, como buen nómada, utiliza muy escasas herramientas, y entre ellas siempre aparece la navaja, el punzón, hacha, envases, botiquín para prácticas veterinarias, caldero, cubiertos, útiles de limpieza, radio y pocos más objetos, que junto con las ropas de abrigo, mantas y prendas contra la lluvia, son las pertenencias actuales que los ganaderos trasladan de norte a sur cada año.


En el pasado las ropas de piel (pantalón, chalecos, zagones y pellizas) protegían del frío y de la lluvia. Estas prendas, de piel de oveja, "estezada", las curtían y cosían los propios pastores.
Las pieles de oveja sin curtir servían para colchón, y con pieles se hacían sacos y bolsos, así como protecciones contra la lluvia. El primitivo calzado -primero de piel de vacuno, más tarde albarcas de llanta- ha sido sustituido por la bota de goma, y, al decir de muchos ganaderos es, "junto con el butano, uno de los mejores inventos para nuestra profesión". Las prendas enceradas sustituyeron a los «espalderos» de piel de cabra para protegerse de la lluvia; hoy los trajes de goma reducen la humedad de una labor que se desarrolla todos los días a la intemperie. En nuestros días la prenda más utilizada por los ganaderos es el «buzo», traje de algodón cerrado con cremallera, que se complementa con las prendas para la lluvia.
El transporte de los vehículos de los ganaderos, casi siempre furgonetas o todo terreno, permite que el ajuar sea más voluminoso, pero, en esencia, se han transformado los materiales y no se han incrementado las necesidades.