Los
fuertes y drásticos cambios sufridos y vividos en e! Pirineo, en todas las
áreas de montaña, como pueden ser los cambios de un tipo de ganadería a otro,
los distintos y completamente opuestos sistemas de trabajo, así como los
diferentes modos de comportamiento social y económico, sin olvidar el gran
espectro de la despoblación que ha asolado a un buen número de lugares y
pueblos altoaragoneses, han conllevado la práctica pérdida y olvido de estas
formas de ser y de vivir en un medio, en la montaña concretamente, habituales
hasta hace escasamente medio siglo y en la actualidad sólo contempladas con un
resto arqueológico, como unos simples trazos escritos y unas bellas imágenes
emulsionadas de una realidad no muy lejana, de unos hechos realizados por el
hombre en sus diversos medios y en sus variadas culturas. No obstante, y por el
propio devenir del ser humano, hay que abrigar la esperanza en la llegada de
ese día, no muy lejano, a ser posible,
en que renazcan las montañas, ya que "será el momento en que el
montañés podrá permitirse el lujo de asumir y autopotenciar su historia cultural
bajo e! signo del progreso. Entonces los
pastores serán recordados, como serán recordados todos aquellos que, de un modo
u otro, hicieron posible la vida en estas montañas, de todos aquellos que
hicieron transcurrir su devenir diario conforme a lo que la tradición y su
mayores les habían ido enseñando desde su infancia.
“El paisaje del pastoralismo constituye en estos momentos el primer recurso natural para la Comunidad Europea y otras áreas desarrolladas del mundo” González Bernáldez (1991)
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lunes, 23 de junio de 2014
sábado, 3 de mayo de 2014
Pastores, trashumancia y Pirineos - 5
Y de
este modo, a lo largo de la primera quincena de noviembre comenzaba ese largo
itinerar, esa trashumancia que en torno a una semana y media y bajo una
estricta estructuración jerárquica de la “cabañera”, desembocaba en las tierras
preferidas y contratadas para esta destacada fase pastoril, la más larga de
todo e! ciclo. “Cabañera” y trasiego en el que por norma general iban siete u
ocho pastores, más “mayoral” y “repatán”. El “mayoral” era e! más antiguo y el
que más experiencia tenía (el de mayor cultura; que supiera hacer números), y
el encargado de decir dónde y qué se cenaba, de hacer «estremas» (hacer tiempo
para cenar o comer o para descansar un día), y de pagar los pasos. El “repatán”
era el ayudante del anterior. Así se sucedían los caminos, los montes, los
ríos,... los días, hasta que se llegaba al lugar de destino, debiendo
satisfacer los obligados ritos de paso e, igualmente, el de estancia en los
pastos de la “tierra baja”, descendiendo para ello por los ejes que solían
marcar los mesones. De esta forma, mientras la montaña se sumía en el letargo
invernal y quedaba despoblada de tiones, había que ir en busca de los últimos
resquicios de vida a Tierra Baja".
Trashumancia
que posibilitaba, asimismo, el intercambio cultural entre los lugares de contacto,
entre el llano y la montaña, llegando incluso a establecerse, una economía
agropecuaria o ganadera entre la gente de la tierra baja y de la montaña, de la
cual se beneficiaban mutuamente por medio de la trashumancia o éxodo de los
rebaños de ganado lanar, en el intercambio de los pastos..
Trajín
e itinerancia de un tugar a otro ya prácticamente desaparecido por efecto de
diversas causas, entre las que influyen considerablemente el cambio sufrido en
la ganadería de montaña, la moderna y extendida estabulación y los medios de
transporte utilizados por norma general en el traslado de! ganado, habiéndose
perdido, a! igual que el resto de las fases, el hito , quizás, más destacado
del ciclo pastoril , aquel que alejaba más tiempo fuera de casa a los pastores
y a las reses, aquel que mayor influencia y elementos aportaba en los lugares
que pasaba y que asimismo recibía de los mismos, aquel que mejor sintetiza y
caracteriza el mundo de lo pastoril y sus diversas, varias y ricas manifestaciones.
Trashumancia ya sólo conservada y revivida en algunos puntos pirenaicos, como
pueden ser los pastores del pueblo de Fanlo, quienes se acercan hasta los montes y paridera de Torrecilla de Valmadrid, en las
inmediaciones do Zaragoza.
miércoles, 19 de marzo de 2014
Pastores, trashumancia y Pirineros - 4
Son
los meses en los que el pastor se situaba y vivía a una altura aproximada de
1.800 metros, altitud a partir de la cual se solían , y suelen, encontrar las
«mallatas» o majadas y en !a que restaban en el período estival buenos, frescos
y abundantes pastos para el rebaño. La vida durante esos meses era monótona y
habitual, desarrollando las mismas labores día tras día, como ya queda dicho
anteriormente al referir las tareas y los trabajos; dicha monotonía sólo se
veía alterada cuando aparecía alguna res muerta o enferma, en los casos de
tener que ahuyentar algún animal maligno para !a “cabañera” principalmente
lobos cuando aún existían, de cuya acción quedan abundantes topónimos y
testimonios , el momento prefijado , cada diez o quince días, para que subieran
los del “recao” a llevarle la comida para todo ese lapso de tiempo, o el
instante determinado ,en torno a veinte días o un mes, para dar la sal a los animales
a orillas de! río al cual descendían. Además, y por su relación constante con
el entorno natural, los pastores eran buenos conocedores del medio y del tiempo
(basándose para la predicción en la posición ,por ejemplo ,de la luna o en
otros aspectos que se divisen en. el cielo), desarrollando asimismo una
interesante y destacada artesanía elaborada en los muchos momentos libres que
tenían en este período a lo largo del día: para distraerse en sus ratos libres
o en aquellos en que no existe ninguna tarea, se suele ejecutar cañablas
laboreadas, cuya madera proporcionan diversos árboles . En ellas, como en otras piezas, cucharas,
cerilleros..., ejecutaban toda clase de dibujos, desde los geométricos,
estrellas, círculos, etc.… hasta representaciones animadas, pasando por los temas
florales o de temática varía. Distintos dibujos y motivos también localizables
en las marcas de propiedad realizadas a las reses en este momento de! año para
distinguirlas, las cuales responden en algunos casos a las mismas implicaciones
y significaciones que las localizables en la artesanía de la madera, si bien en
la actualidad ya no representan símbolos arcaicos y de difícil interpretación
en muchos casos, sino que consisten en la primera inicia! del amo.
Transcurrido
todo este tiempo, y llegando los últimos días de septiembre (para la «Sanmigalada»),
daba comienzo e! siguiente ciclo, caracterizado por ila preparación de los
distintos elementos y requerimientos necesarios para realizar la trashumancia,
para transcurrir los duros meses invernales en los ambientes más propicios del
valle del Ebro, en donde restan suficientes pastos y el invierno es mas
llevadero. Es el momento, por consiguiente, de contratación de los pastores
para Tierra Baja, lo cual por estas tierras de Pirineo se solía realizar en el
marco de las distintas ferias de ganado celebradas en diversos núcleos (Jaca,
Biescas, Barbastro, Huesca, etc.)
miércoles, 29 de enero de 2014
Pastores, trashumancia y Pirineos - 1
El
pastoreo, o la práctica de la ganadería, han ido unidos muy estrechamente al
desarrollo del hombre desde sus primeras etapas, desde los primeros estadios de
su evolución. A partir de esos primeros
instantes, se fue generalizando este fenómeno que, con e! paso del tiempo
y con la adquisición de experiencias,
posibilitó el asentamiento y desarrollo de una serie de pautas y de formas
necesarias para su realización, influyendo asimismo su práctica y sus ciclos en
el común itinerar de la vida de los pueblos, en cada una de las manifestaciones
llevadas a cabo diaria y cotidianamente por el resto de los pobladores ,véanse,
a este respecto, la acomodación de la agricultura o la celebración de las
fiestas.
Como
en cualquier área montañosa, en el Pirineo se basaba , o se centraba, la vida y la obtención de los necesarios y
diarios recursos económicos en la ganadería, en el pastoreo y en su continuo
trajín en busca de unas tierras y de unos pastos para la «cabaña» o rebaño.
Todo estaba en función de su realización y de sus fases o etapas más
importantes, desarrollándose el resto de las actividades -domésticas,
agrícolas, festivas, dependiendo de las
distintas fases que conllevaba el pastoreo, invierno/verano,
trashumancia/estancia alpina; otoño y primavera, en tos alrededores del lugar
o, como ellos mismos decían, por los «bajantes»-. Todo un mundo adecuado a unas
necesidades, y a la continuación de la vida tras la obtención de los escasos e
invariados productos ofrecidos por el medio natural, que se sentía y del que se
oía hablar desde el mismo momento de nacimiento de los herederos, desde los
primeros instantes de la infancia, constituyendo asimismo un a modo de rito
iniciatico para aquellos más pequeños que, con el transcurso del tiempo, y no
tardando mucho, ya que se empezaba a marchar con la «cabañera» apenas pasados los
primeros diez años, serán los encargados de seguir llevando a cabo este
peculiar y característico faenar, serán los protagonistas de conservar,
perpetuar y transmitir la esencia y el ser del pastoreo como actividad, y del
pastor como persona y oficio.
Foto: Santiago Bayon Vera
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