Mostrando entradas con la etiqueta Trashumancia en Aragón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Trashumancia en Aragón. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de junio de 2014

Pastores, trashumancia y Pirineos y 7


Los fuertes y drásticos cambios sufridos y vividos en e! Pirineo, en todas las áreas de montaña, como pueden ser los cambios de un tipo de ganadería a otro, los distintos y completamente opuestos sistemas de trabajo, así como los diferentes modos de comportamiento social y económico, sin olvidar el gran espectro de la despoblación que ha asolado a un buen número de lugares y pueblos altoaragoneses, han conllevado la práctica pérdida y olvido de estas formas de ser y de vivir en un medio, en la montaña concretamente, habituales hasta hace escasamente medio siglo y en la actualidad sólo contempladas con un resto arqueológico, como unos simples trazos escritos y unas bellas imágenes emulsionadas de una realidad no muy lejana, de unos hechos realizados por el hombre en sus diversos medios y en sus variadas culturas. No obstante, y por el propio devenir del ser humano, hay que abrigar la esperanza en la llegada de ese día, no muy lejano, a ser posible,  en que renazcan las montañas, ya que "será el momento en que el montañés podrá permitirse el lujo de asumir y autopotenciar su historia cultural bajo e! signo del progreso.  Entonces los pastores serán recordados, como serán recordados todos aquellos que, de un modo u otro, hicieron posible la vida en estas montañas, de todos aquellos que hicieron transcurrir su devenir diario conforme a lo que la tradición y su mayores les habían ido enseñando desde su infancia.

sábado, 3 de mayo de 2014

Pastores, trashumancia y Pirineos - 5


Y de este modo, a lo largo de la primera quincena de noviembre comenzaba ese largo itinerar, esa trashumancia que en torno a una semana y media y bajo una estricta estructuración jerárquica de la “cabañera”, desembocaba en las tierras preferidas y contratadas para esta destacada fase pastoril, la más larga de todo e! ciclo. “Cabañera” y trasiego en el que por norma general iban siete u ocho pastores, más “mayoral” y “repatán”. El “mayoral” era e! más antiguo y el que más experiencia tenía (el de mayor cultura; que supiera hacer números), y el encargado de decir dónde y qué se cenaba, de hacer «estremas» (hacer tiempo para cenar o comer o para descansar un día), y de pagar los pasos. El “repatán” era el ayudante del anterior. Así se sucedían los caminos, los montes, los ríos,... los días, hasta que se llegaba al lugar de destino, debiendo satisfacer los obligados ritos de paso e, igualmente, el de estancia en los pastos de la “tierra baja”, descendiendo para ello por los ejes que solían marcar los mesones. De esta forma, mientras la montaña se sumía en el letargo invernal y quedaba despoblada de tiones, había que ir en busca de los últimos resquicios de vida a Tierra Baja".
Trashumancia que posibilitaba, asimismo, el intercambio cultural entre los lugares de contacto, entre el llano y la montaña, llegando incluso a establecerse, una economía agropecuaria o ganadera entre la gente de la tierra baja y de la montaña, de la cual se beneficiaban mutuamente por medio de la trashumancia o éxodo de los rebaños de ganado lanar, en el intercambio de los pastos..
Trajín e itinerancia de un tugar a otro ya prácticamente desaparecido por efecto de diversas causas, entre las que influyen considerablemente el cambio sufrido en la ganadería de montaña, la moderna y extendida estabulación y los medios de transporte utilizados por norma general en el traslado de! ganado, habiéndose perdido, a! igual que el resto de las fases, el hito , quizás, más destacado del ciclo pastoril , aquel que alejaba más tiempo fuera de casa a los pastores y a las reses, aquel que mayor influencia y elementos aportaba en los lugares que pasaba y que asimismo recibía de los mismos, aquel que mejor sintetiza y caracteriza el mundo de lo pastoril y sus diversas, varias y ricas manifestaciones. Trashumancia ya sólo conservada y revivida en algunos puntos pirenaicos, como pueden ser los pastores del pueblo de Fanlo,  quienes se acercan hasta los montes  y paridera  de Torrecilla de Valmadrid, en las inmediaciones do Zaragoza.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Pastores, trashumancia y Pirineros - 4


Son los meses en los que el pastor se situaba y vivía a una altura aproximada de 1.800 metros, altitud a partir de la cual se solían , y suelen, encontrar las «mallatas» o majadas y en !a que restaban en el período estival buenos, frescos y abundantes pastos para el rebaño. La vida durante esos meses era monótona y habitual, desarrollando las mismas labores día tras día, como ya queda dicho anteriormente al referir las tareas y los trabajos; dicha monotonía sólo se veía alterada cuando aparecía alguna res muerta o enferma, en los casos de tener que ahuyentar algún animal maligno para !a “cabañera” principalmente lobos cuando aún existían, de cuya acción quedan abundantes topónimos y testimonios , el momento prefijado , cada diez o quince días, para que subieran los del “recao” a llevarle la comida para todo ese lapso de tiempo, o el instante determinado ,en torno a veinte días o un mes, para dar la sal a los animales a orillas de! río al cual descendían. Además, y por su relación constante con el entorno natural, los pastores eran buenos conocedores del medio y del tiempo (basándose para la predicción en la posición ,por ejemplo ,de la luna o en otros aspectos que se divisen en. el cielo), desarrollando asimismo una interesante y destacada artesanía elaborada en los muchos momentos libres que tenían en este período a lo largo del día: para distraerse en sus ratos libres o en aquellos en que no existe ninguna tarea, se suele ejecutar cañablas laboreadas, cuya madera proporcionan diversos árboles .   En ellas, como en otras piezas, cucharas, cerilleros..., ejecutaban toda clase de dibujos, desde los geométricos, estrellas, círculos, etc.… hasta representaciones animadas, pasando por los temas florales o de temática varía. Distintos dibujos y motivos también localizables en las marcas de propiedad realizadas a las reses en este momento de! año para distinguirlas, las cuales responden en algunos casos a las mismas implicaciones y significaciones que las localizables en la artesanía de la madera, si bien en la actualidad ya no representan símbolos arcaicos y de difícil interpretación en muchos casos, sino que consisten en la primera inicia! del amo.
Transcurrido todo este tiempo, y llegando los últimos días de septiembre (para la «Sanmigalada»), daba comienzo e! siguiente ciclo, caracterizado por ila preparación de los distintos elementos y requerimientos necesarios para realizar la trashumancia, para transcurrir los duros meses invernales en los ambientes más propicios del valle del Ebro, en donde restan suficientes pastos y el invierno es mas llevadero. Es el momento, por consiguiente, de contratación de los pastores para Tierra Baja, lo cual por estas tierras de Pirineo se solía realizar en el marco de las distintas ferias de ganado celebradas en diversos núcleos (Jaca, Biescas, Barbastro, Huesca, etc.)

miércoles, 29 de enero de 2014

Pastores, trashumancia y Pirineos - 1





El pastoreo, o la práctica de la ganadería, han ido unidos muy estrechamente al desarrollo del hombre desde sus primeras etapas, desde los primeros estadios de su evolución.  A partir de esos primeros instantes, se fue generalizando este fenómeno que, con e! paso del tiempo y   con la adquisición de experiencias, posibilitó el asentamiento y desarrollo de una serie de pautas y de formas necesarias para su realización, influyendo asimismo su práctica y sus ciclos en el común itinerar de la vida de los pueblos, en cada una de las manifestaciones llevadas a cabo diaria y cotidianamente por el resto de los pobladores ,véanse, a este respecto, la acomodación de la agricultura o la celebración de las fiestas.
Como en cualquier área montañosa, en el Pirineo se basaba , o se centraba,  la vida y la obtención de los necesarios y diarios recursos económicos en la ganadería, en el pastoreo y en su continuo trajín en busca de unas tierras y de unos pastos para la «cabaña» o rebaño. Todo estaba en función de su realización y de sus fases o etapas más importantes, desarrollándose el resto de las actividades -domésticas, agrícolas, festivas,  dependiendo de las distintas fases que conllevaba el pastoreo, invierno/verano, trashumancia/estancia alpina; otoño y primavera, en tos alrededores del lugar o, como ellos mismos decían, por los «bajantes»-. Todo un mundo adecuado a unas necesidades, y a la continuación de la vida tras la obtención de los escasos e invariados productos ofrecidos por el medio natural, que se sentía y del que se oía hablar desde el mismo momento de nacimiento de los herederos, desde los primeros instantes de la infancia, constituyendo asimismo un a modo de rito iniciatico para aquellos más pequeños que, con el transcurso del tiempo, y no tardando mucho, ya que se empezaba a marchar con la «cabañera» apenas pasados los primeros diez años, serán los encargados de seguir llevando a cabo este peculiar y característico faenar, serán los protagonistas de conservar, perpetuar y transmitir la esencia y el ser del pastoreo como actividad, y del pastor como persona y oficio.
Foto: Santiago Bayon Vera