Fotos: Ganaderia Sorrosal Mediana de Aragon (Zaragoza) (Santiago Bayón Vera)
“El paisaje del pastoralismo constituye en estos momentos el primer recurso natural para la Comunidad Europea y otras áreas desarrolladas del mundo” González Bernáldez (1991)
lunes, 5 de noviembre de 2018
Haciendo historia - 11
Fotos: Ganaderia Sorrosal Mediana de Aragon (Zaragoza) (Santiago Bayón Vera)
lunes, 2 de julio de 2018
Haciendo historia - 10
Fotos. Oncala (Soria) (Santiago Bayón Vera)
En
otro orden de cosas, la metrología será más antropocéntrica entre los
agricultores, donde el cuerpo y sus miembros constituían las unidades aldeanas
por excelencia, mientras tenía connotaciones espaciales entre los mesteños, que
medían las dehesas de los extremos y los puertos de las cabeceras en millares o
superficie que proporcionaba yerbas a
mil ovejas y quintos a quinientas cabezas. La conversión o la equivalencia de
estas medidas antiguas a las actuales sólo puede ser aproximativa, puesto que no
era lo mismo una cabeza de hierba en la umbría que en la solana, en terreno
limpio o pedregoso, en alto o en llano. Por fin, la imposición del sistema
métrico decimal que acompaña al triunfo de los regímenes liberal-burgueses, sin
ir precedida de la pertinente revolución mental en agricultores y ganaderos,
deshumanizará estas tradiciones pastoriles, empíricas, armónicas y mesuradas.
La abstracción del metro, materializada en una barra de platino conservada en
el Museo de Artes y Oficios de París, estará siempre más alejada del campesino que su relación ecológica con el medio natural.
Mientras
la ganadería estante se integraba en las explotaciones agrarias, las migraciones
pecuarias eran contempladas con recelo por el labrador, que consideraba a los
herbazales y a las tierras marginales como un seguro de vida en años de
carestía y vigencia de la ley de rendimientos decrecientes. El campo de visión
del paisaje que tiene el pastor desde la cañada y los extremos le permitía
tener una sucesión de horizontes de la que carecía el labriego apegado a su
terruño. En cambio, su procedencia serrana, en la medida en que las montañas
eran consideradas la reserva de la brujería y los miedos para los habitantes de
los burgos y las villas, y su calidad de “hombre de paso”, contribuyeron a su fama de asocial
en el seno de las culturas sedentarias. La consideración de los pastores
migratorios como “intocables” y etnia marginal la hemos constatado desde las
tribus nómadas hasta los mesteños a los que alude el romancero castellano. Y es
que la antítesis a las sociedades agrícolas, al mundo culto, y, por tanto,
cultivado, viene dada por los pueblos ganaderos y montañeses.
domingo, 22 de abril de 2018
Haciendo historia - 9
La
cultura mesteña
La
presencia entre los pueblos de la Península Ibérica durante siglos de una
modalidad de pastoreo trashumante de largo alcance, reglamentada y tutelada en
el caso castellano por la corporación del Honrado Concejo de la Mesta, ha
dejado una huella imborrable en el patrimonio y la idiosincrasia ibéricos,
puesto que la misma dinámica de las migraciones cíclicas facilitó el
intercambio de objetos y productos característicos de nuestra cultura popular.
De
manera que podemos hablar de la existencia de una "cultura mesteña",
diferenciada tanto del mundo agrícola como del urbano, algunas de cuyas
manifestaciones han venido proyectándose hasta nuestros días y forman parte de
las señas de identidad de la piel de toro.
Ahora
bien, las manifestaciones culturales ganaderas no son homogéneas, sino que
responden a la ordenación estamental de la sociedad y a las categorías que
jerarquizaban a los propios agremiados. Por consiguiente, y sin negar la
"circularidad" cultural entre ganaderos propietarios y mayorales y pastores
asalariados, irán contraponiéndose las casas solariegas y los ranchos a la
choza y la cabaña de raíces paleolíticas, el vestuario señorial a la
indumentaria campera, el mobiliario lujoso al modesto ajuar salido de las manos
del pastor artesano.
Donde
la cultura pastoril plasma sus rasgos más arcaicos y naturalistas es en el arte
pastoril, la medicina popular y la herboristería, la indumentaria y la
gastronomía. El pastor autodidacta decora a punta de navaja y raspado colodras
y cuernas con temas astronómicos, vegetales, cinegéticos y taurinos. El
utillaje doméstico que ora porta el caballo hatero ora puebla la desnudez de la
choza, utiliza la madera y el corcho de las dehesas de paso y majadeo.
De
la zamarra y los zahones al zurrón y al morral, de las albarcas a la manta y
del cayado a la honda, el vestido del ganadero recicla pieles, huesos y, cómo
no, lana labrada en husos, ruecas y telares. El poder curativo de las yerbas se
reforzaba con la creencia primitiva en las piedras del rayo colgadas al cuello
u ocultas en el fondo del talego. Las migas canas y las calderetas
reconfortaban los estómagos, como los rabeles -de origen árabe-, las flautas y
las panderetas armonizaban las fiestas
domingo, 11 de marzo de 2018
Haciendo historia - 8
La
percepción del espacio.
Las
diferencias en la percepción del espacio han sido muy acusadas entre los
hombres sedentarios y transeúntes. Ya definamos a unos como agricultores o
burgueses, ya a los otros como viajeros o trashumantes, lo cierto es que
encamarán arquetipos contrastados en su relación con el medio circundante. De
manera que en sus respectivas visiones se han venido contraponiendo las formas
de vida estable y móvil, estática y dinámica, aferradas a la tierra y la urbe o
utilizándolas como vectores de desplazamiento. No es más que el contrapunto
entre la idealización de la vida pastoril por las élites literarias y
artísticas del mundo culto y la dureza de los afanes reales que exigía el
ejercido de la granjería pecuaria.
De
resultas, la visión del pastor desde sus confines migratorios en la montaña o
la dehesa le han conferido una mayor profundidad de campo, al tiempo que sus
cíclicas marchas a extremos le proporcionarán una experimentación cinemática
del paisaje, en la que se suceden imágenes en movimiento a la velocidad del
careo de los rebaños. Las especies ganaderas que integraban las cabañas
modelaban con sus formas de pastar y sus cuitados el territorio transitado. La
práctica de una modalidad pecuaria tan histórica como la trashumancia fue
definiendo sobre el terreno itinerarios privativos entre los campos cultivados.
Lo que será, en fin, un patrimonio viario intrínseco a la cultura pastoril de
los pueblos del Mediterráneo y similar al de las ganaderías móviles del mundo.
El
alumbramiento de estas sendas ganaderas fue gestado por las mismas trochas que
abren los animales de forma espontánea en busca de abrevaderos y pastizales.
Esto conlleva la concepción de! camino, así como de la vía pecuaria, como un
suceso natural convertido en artificial por la evolución del utillaje mental de
las sociedades modernas. A partir de este estadio se dará una superposición,
reutilización e intersección de rutas antiguas, calzadas romanas, cañadas
ganaderas, carriles de ruedas y herraduras, carreteras y raíles ferroviarios.
Cada sistema de comunicación dispondrá de redes, medios y vectores privativos,
lo que no es óbice para que sean complementarios e integradores en el proceso
de ordenación territorial de cada paisaje.
viernes, 2 de febrero de 2018
Haciendo historia - 7
La visión del mundo pastoril
En
lo que atañe a la visión del mundo del pastor, como en otras ganaderías móviles
del planeta, delata una filosofía natural y empírica, una concepción cíclica
del mundo, en la que las dimensiones para ese vivir
sobre e! terreno y desplazarse estacionalmente las
ofrece el juego de planos entre el firmamento, la cañada y el horizonte. Esta
actitud
vital
se evidencia en la medida del tiempo, la percepción del espacio y, en suma, en
las
manifestaciones
de la cultura mesteña.
La medida del tiempo.
La
medida del tiempo en los pastores se aleja de la campana eclesiástica y del
reloj
burgués,
del tiempo sagrado de la Iglesia y del tiempo civil del mercader, que desbrozan
la
vida cotidiana de la aldea y la ciudad. A diferencia del comerciante que veía
en el dominio de la cronología una inversión, el militar una estrategia y e!
político una forma más de administración, el tiempo de
los humildes mesteños se recreaba en los ciclos naturales,
los
movimientos del sol y las fases de la luna. Si la ortodoxia religiosa había
monopoliza-do el tiempo diurno, fraccionado en horas litúrgicas "ángelus,
tercia, nona, etc.- y medido en avemarias y
padrenuestros, la cronología pagana seguía reinando en el tiempo nocturno,
empleándose códigos visuales y auditivos, como la puesta del sol y el canto del
gallo.
Las
divisiones del calendario oficial habían sido impuestas desde instancias
culturales ajenas a la ganadería, como el mes de los romanos y la semana de los
hebreos, y los mayorales que guiaban la cabaña miraban más a los signos de!
cielo y el paisaje. Estos variaban de acuerdo al medio atravesado por las vías
pecuarias, pues, mientras en tas poblaciones los trashumantes y trasterminantes
miraban a los relojes solares situados en el frontispicio de las iglesias y
edificios civiles de paso, en plena naturaleza tomaban como referencia los
albures meteorológicos, la posición del sol y las estrellas y los signos silvestres
(cantos, vuelos, ruidos, etc.) tan familiares a los ganaderos de todo tiempo y
lugar.
A
diferencia del sedentario, que no podrá llevar consigo la medida del tiempo
hasta que se popularice e! reloj, la cronología siempre fue portátil para e!
trashumante, aunque en tiempos recientes aspirará a atraparla en la caja mecánica
que se asociaba con un instrumento de ostentación burguesa. El proceso de aculturación
experimentado por los pastores ha seguido un ritmo acelerado a medida que nos
acercamos a nuestro siglo y los nuevos medios de comunicación han terminado con
su aislamiento temporal en las mar-chas y los pastizales.
Las
actividades laborales en las cabañas estaban supeditadas al paso de las estaciones,
contrastando la dureza de la paridera con la cosecha lanar del esquileo,
adelantándose o retrasándose la marcha a extremos de acuerdo con los cambios
climatológicos y la mayor o menor dureza de !a vía pecuaria. De ello nos ha
dejado cumplida noticia el hermano mesteño Manuel del Río, dándonos cuenta de
la repartición de pastores y perros, número de chozos y orden de los rebaños,
efectos de los nublados y enfermedades de ¡os ganados, y dejando constancia de
cierto sentido pasional de la trashumancia por las cañadas: "Cuando los
ganados emprenden su marcha para las sierras, los Pastores no sienten el
camino, por el gusto que llevan de poner el fruto de sus tareas en manos de los
amos, y el deseo de llegar a su país para descansar y ver a sus familias. Estos
placeres no dejan de estar mezclados de disgustos, por los continuos
acontecimientos que les suceden en el camino...".
El
arriendo de yerbas y los contratos laborales se ajustaban por San Marcos y San
Juan de acuerdo al calendario eclesiástico fruto de la cristianización de las
fiestas populares. Por lo tanto, la vida de estos seminómadas, desde la
demografía familiar a su percepción del espacio y de! tiempo, era cíclica y
circular.
viernes, 22 de diciembre de 2017
Haciendo historia - 6
Fotos. Cespedosa de Tormes (Salamanca) (Santiago Bayon Vera)
Fotos: Santiago Bayon Vera
sábado, 18 de noviembre de 2017
Haciendo historia - 5
LAS
VÍAS PECUARIAS
Foto Cañada Real de Mostrencas , Cabezas del Villar (Avila) Vuelo FEPMA
Si los barcos que portan las sacas de lana en sus bodegas navegan por aguas familiares, si los trenes de carretas y las hileras de mulas se mueven por caminos ibéricos, las cabañas lo hacen por una densa red de vías pecuarias. Los desplazamientos entre zonas de pastos complementarios se realizaban en la Europa mediterránea y en la América hispana a través de unas rutas pecuarias específicas que variarán en función de las circunstancias políticas, bélicas, climáticas y mercantiles. Y es que la ganadería móvil necesita siempre de una infraestructura viaria.
El
mismo concepto recibe diferentes nombres según los países: tratturi,
subdivididos en tratturelli e braci en Italia, cabañeras en Aragón, azadores
reales en Valencia, carreradas en Cataluña, carraires en Provenza, caminhos en
Portugal y, en fin, cañadas reales en Castilla y León.
Al
evocar la historia de las cañadas, vemos que, en el caso de los territorios de
la antigua Corona de Castilla, va unida a los avatares del gremio ganadero de
la Mesta. De entrada el camino es un hecho natural que se convierte en
artificial cuanto interviene la técnica de una cultura superior. En este
sentido, en la actualidad, algunos naturalistas barajan

la idea del nacimiento de las vías pecuarias
por las mismas sendas que abren los animales en busca de abrevaderos, por lo
que las cañadas existirían desde la protohistoria. Y los arqueólogos de la
última hornada han detectado intercambios pecuarios en las tribus ibéricas de
la antigüedad, así como la reutilización pecuaria de sus hábitats, cuevas y abrigos,
por romanos y godos. De hecho, el inicio de una reglamentación de los desplazamientos
ganaderos y de sus rutas camineras se encuentra en el famoso código del Fuero
Juzgo visigodo, la cual se interrumpió con la conquista musulmana y la
implantación de una economía de guerra fronteriza.
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