LAS
VÍAS PECUARIAS
Foto Cañada Real de Mostrencas , Cabezas del Villar (Avila) Vuelo FEPMA

Si los barcos que portan las sacas de lana en sus bodegas navegan por aguas familiares, si los trenes de carretas y las hileras de mulas se mueven por caminos ibéricos, las cabañas lo hacen por una densa red de vías pecuarias. Los desplazamientos entre zonas de pastos complementarios se realizaban en la Europa mediterránea y en la América hispana a través de unas rutas pecuarias específicas que variarán en función de las circunstancias políticas, bélicas, climáticas y mercantiles. Y es que la ganadería móvil necesita siempre de una infraestructura viaria.
El
mismo concepto recibe diferentes nombres según los países: tratturi,
subdivididos en tratturelli e braci en Italia, cabañeras en Aragón, azadores
reales en Valencia, carreradas en Cataluña, carraires en Provenza, caminhos en
Portugal y, en fin, cañadas reales en Castilla y León.



Al
evocar la historia de las cañadas, vemos que, en el caso de los territorios de
la antigua Corona de Castilla, va unida a los avatares del gremio ganadero de
la Mesta. De entrada el camino es un hecho natural que se convierte en
artificial cuanto interviene la técnica de una cultura superior. En este
sentido, en la actualidad, algunos naturalistas barajan

la idea del nacimiento de las vías pecuarias
por las mismas sendas que abren los animales en busca de abrevaderos, por lo
que las cañadas existirían desde la protohistoria. Y los arqueólogos de la
última hornada han detectado intercambios pecuarios en las tribus ibéricas de
la antigüedad, así como la reutilización pecuaria de sus hábitats, cuevas y abrigos,
por romanos y godos. De hecho, el inicio de una reglamentación de los desplazamientos
ganaderos y de sus rutas camineras se encuentra en el famoso código del Fuero
Juzgo visigodo, la cual se interrumpió con la conquista musulmana y la
implantación de una economía de guerra fronteriza.


