Foto: Salamanca (Santiago Bayón Vera)
La
embocadura de los puertos de montaña y los cruces fluviales importantes
atrajeron mercadeo y elaboración de lanas y pieles en función del tránsito de
los animales que, de esta manera, contribuyó a fundar o a desarrollar núcleos
inmediatos de población. Los mismos visitadores cañariegos del siglo XIX
aseveran, así, que la cañada «entra en la población de Tudela [de Duero) por la
puerta del Castillo» y «atraviesa por mitad de la villa». La Segoviana, según informan,
«pasa por la calle pública» en el madrileño de Guadarrama, y, más al sur,
«entra en medio de la población de Quijorna». Y la Soriana lo hacía en la
ciudad de la que toma el nombre por la plazuela del Marqués de Vadillo y por la
«calle o camino de Los Rábanos» y, más adelante, «pasa por medio del pueblo» en
el toledano de Fuensalida y en Los Pozuelos de Calatrava.
Se
deduce que el núcleo se habría ensanchado abrazando la ruta de los rebaños. En
general, no en los muy importantes y bien cercados por murallas, como Toledo o
Salamanca, que los hatos se limitaban a circunvalar, pero sí en otros muchos.
Así, uno de los ramales de la cañada Soriana, según informa el correspondiente
visitador, atravesaba la población de Quero con el siguiente itinerario: «Calle
Real, calle de la Vereda. Deja la iglesia parroquial a la izquierda...», y
otras vías pecuarias pasaban también por la denominada calle Real en Manzanares
el Real y en Villana de San Juan. En Tomelloso una lo hacía por la plaza de la
Constitución, y en Argamasilla de Alba, inmediata a la iglesia y, de igual
manera, por la plaza de la Constitución. En otros casos seguían la calle de la
iglesia, como en la localidad cordobesa de Villaharta. Es decir, en general, la
cañada recorría los núcleos por su parte más céntrica, como se deduce de tales
denominaciones de calles y plazas o de la inmediatez al templo parroquial. Y
esos recorridos pecuarios obligaron a dejar más ancha la arteria de paso: en el
lugar manchego de Manzanares, discurría por la «Plazuela de los Paradores» —que
requeriría amplitud para su trajín—, y en Santa Cruz de la Zarza, por la vía
que, precisamente. se denominaba «Camino Ancho». Es lo que puede verse en
Salamanca, donde ahora los rebaños trashumantes la rodean —a altas horas de la
noche para evitar el movimiento automovilístico— por lo que fueron rondas
orientales de la última muralla y, cuando las abandonan, continúan por las
calles que, por haber sido importantes vías pecuarias, contrastan por su
anchura, en sus tramos más modernos, con las del núcleo histórico.

Foto: Cañada Real de la Plata. Salamanca (Santiago Bayon Vera)
A
pesar de tantas disposiciones protectoras como se emitieron, los caminos
ganaderos fueron perdiendo amplitud, mordidas sus márgenes por el arado de los
agricultores vecinos. Los historiadores conocen bien este progresivo proceso de
estrechez. Los mismos visitadores no dejaron de denunciarlo. Pero estos últimos
tampoco silenciaron las pérdidas que las cañadas habían sufrido ya, no sólo en
su anchura, también en sentido longitudinal. Al iniciarse la segunda mitad del
siglo XIX, sobre la cañada Leonesa se sobreponía el camino de Talavera de la
Reina a Alcolea de Tajo; en la Segoviana lo hacía el que enlazaba las
localidades madrileñas de Quijorna y Villamanta; en la Soriana, los toledanos
de Valmojado a Fuensalida y de Arcicollar a Villamiel o Camarena. En la misma
reserva cañariega o en la denominada de Cuenca, hacían igual los enlaces
camineros de esa capital con Fernán Caballero, Villarta de San Juan con
Herencia, Alcázar de San Juan con Villarrubia de los Ojos, Almagro con
Puertollano. Argamasilla de Alba con Manzanares... Y «durante largo trecho»,
como se indica respecto al que iba desde Argamasilla de Alba a Tomelloso: o
como, en la prolongación andaluza de la misma cañada Soriana, que en el término
de Almodóvar del Río e incluso antes de entrar en él, la ruta merinera «sigue
siempre la dirección del camino de Sevilla», expresión que viene a indicar que
ya se daba más importancia a la vía trazada para el tránsito ecuestre y de
carruajes que a la originaria de las ovejas con la que coincidía.

Foto Salamanca (Santiago Bayon Vera)
Ejemplos
de coincidencia de calzadas y vías pecuarias No sólo porque muchos rebaños utilizaran el
puente romano. O porque desde que se intensificó en él el tránsito de vehículos
pesados y cuando se ha transformado en peatonal, los hatos que por estos pagos
se mantienen fieles a las prácticas trashumantes estén utilizando el de Enrique
Estevan, de principios de siglo, según hemos dicho. También porque, como en las
denominaciones actuales de las vías que se dirigen por el sur a alguno de esos
puentes, también se confunden las denominaciones, que en unos casos hacen
alusión al uso pecuario y en otros se cambia por el de calzada, trueque usual
en la provincia.

Foto Cordel de Miranda Salamanca (Santiago Bayon Vera)
No
se piense que esos caminos que montaron sobre las vías pecuarias fueron simples
trochas o veredas: los visitadores definen como «camino real» el de Talavera de
la Reina a Velada y precisan que en el lugar segoviano de Fresnillo de la
Fuente y siguientes, «coincide con la cañada el camino real de Burgos,
construido sobre ella misma». Es que muchos de los caminos que podemos
denominar «cañariegos», porque a expensas de esas reservas pecuarias se
formaron, pasaron a ser calzadas o carreteras importantes. Tanto que, en la
denominación del tramo coincidente, llegó a pesar más el de ellas que el de la
vía pecuaria precedente. Así, en el término de San Lorenzo de El Escorial, la
Leonesa, según el respectivo visitador, «baja a la Calzada Real de Madrid, por
la que continúa medio cuarto de legua» y, después, discurre por la «antigua de
Valdemorillo». Y desde Guadarrama, «continúa por el camino de Castilla» y
«sigue la cañada el camino real adelante» y, en el término madrileño de
Piñuécar, «vuelve la carretera a incorporarse a la cañada». De igual manera, la
Soriana se encuentra ocupada en no pocos tramos a su paso por distintas
provincias: en territorio de Algara, de la guadalajareña, dice el visitador que
prosigue por la «carretera nacional de Zaragoza [ahora definida como N- III que va sobre la cañada por espacio de ciento
treinta varas». Y, claro está, coincidían en los tramos urbanos, como en la
calle Real de Villarta de San Juan. Y, lo que es más grave, el organismo
oficial encargado de las obras públicas no siempre se había limitado a
construir la carretera por uno de los lados de la vía ganadera, sino incluso
hasta por el centro de ella. ¿Cómo no hacerlo si hasta en medio de la Soriana,
y del camino de Tomelloso a Socuéllanos que la utilizaba, se había levantado la
«ermita de San Antón, que está en el centro de la cañada»? Así, en la Soriana
«entra la carretera nacional otra vez por la cañada, dividiéndola en fajas», y
en otro lugar, «la mencionada carretera [de Francia] divide el camino pastoril
en dos fajas desiguales».