domingo, 29 de mayo de 2016

El medio natural y trashumancia - 14

Foto: Salamanca (Santiago Bayón Vera)
La embocadura de los puertos de montaña y los cruces fluviales importantes atrajeron mercadeo y elaboración de lanas y pieles en función del tránsito de los animales que, de esta manera, contribuyó a fundar o a desarrollar núcleos inmediatos de población. Los mismos visitadores cañariegos del siglo XIX aseveran, así, que la cañada «entra en la población de Tudela [de Duero) por la puerta del Castillo» y «atraviesa por mitad de la villa». La Segoviana, según informan, «pasa por la calle pública» en el madrileño de Guadarrama, y, más al sur, «entra en medio de la población de Quijorna». Y la Soriana lo hacía en la ciudad de la que toma el nombre por la plazuela del Marqués de Vadillo y por la «calle o camino de Los Rábanos» y, más adelante, «pasa por medio del pueblo» en el toledano de Fuensalida y en Los Pozuelos de Calatrava.
Se deduce que el núcleo se habría ensanchado abrazando la ruta de los rebaños. En general, no en los muy importantes y bien cercados por murallas, como Toledo o Salamanca, que los hatos se limitaban a circunvalar, pero sí en otros muchos. Así, uno de los ramales de la cañada Soriana, según informa el correspondiente visitador, atravesaba la población de Quero con el siguiente itinerario: «Calle Real, calle de la Vereda. Deja la iglesia parroquial a la izquierda...», y otras vías pecuarias pasaban también por la denominada calle Real en Manzanares el Real y en Villana de San Juan. En Tomelloso una lo hacía por la plaza de la Constitución, y en Argamasilla de Alba, inmediata a la iglesia y, de igual manera, por la plaza de la Constitución. En otros casos seguían la calle de la iglesia, como en la localidad cordobesa de Villaharta. Es decir, en general, la cañada recorría los núcleos por su parte más céntrica, como se deduce de tales denominaciones de calles y plazas o de la inmediatez al templo parroquial. Y esos recorridos pecuarios obligaron a dejar más ancha la arteria de paso: en el lugar manchego de Manzanares, discurría por la «Plazuela de los Paradores» —que requeriría amplitud para su trajín—, y en Santa Cruz de la Zarza, por la vía que, precisamente. se denominaba «Camino Ancho». Es lo que puede verse en Salamanca, donde ahora los rebaños trashumantes la rodean —a altas horas de la noche para evitar el movimiento automovilístico— por lo que fueron rondas orientales de la última muralla y, cuando las abandonan, continúan por las calles que, por haber sido importantes vías pecuarias, contrastan por su anchura, en sus tramos más modernos, con las del núcleo histórico.
Foto: Cañada Real de la Plata. Salamanca (Santiago Bayon Vera) 
A pesar de tantas disposiciones protectoras como se emitieron, los caminos ganaderos fueron perdiendo amplitud, mordidas sus márgenes por el arado de los agricultores vecinos. Los historiadores conocen bien este progresivo proceso de estrechez. Los mismos visitadores no dejaron de denunciarlo. Pero estos últimos tampoco silenciaron las pérdidas que las cañadas habían sufrido ya, no sólo en su anchura, también en sentido longitudinal. Al iniciarse la segunda mitad del siglo XIX, sobre la cañada Leonesa se sobreponía el camino de Talavera de la Reina a Alcolea de Tajo; en la Segoviana lo hacía el que enlazaba las localidades madrileñas de Quijorna y Villamanta; en la Soriana, los toledanos de Valmojado a Fuensalida y de Arcicollar a Villamiel o Camarena. En la misma reserva cañariega o en la denominada de Cuenca, hacían igual los enlaces camineros de esa capital con Fernán Caballero, Villarta de San Juan con Herencia, Alcázar de San Juan con Villarrubia de los Ojos, Almagro con Puertollano. Argamasilla de Alba con Manzanares... Y «durante largo trecho», como se indica respecto al que iba desde Argamasilla de Alba a Tomelloso: o como, en la prolongación andaluza de la misma cañada Soriana, que en el término de Almodóvar del Río e incluso antes de entrar en él, la ruta merinera «sigue siempre la dirección del camino de Sevilla», expresión que viene a indicar que ya se daba más importancia a la vía trazada para el tránsito ecuestre y de carruajes que a la originaria de las ovejas con la que coincidía.
Foto Salamanca (Santiago Bayon Vera) 
Ejemplos de coincidencia de calzadas y vías pecuarias  No sólo porque muchos rebaños utilizaran el puente romano. O porque desde que se intensificó en él el tránsito de vehículos pesados y cuando se ha transformado en peatonal, los hatos que por estos pagos se mantienen fieles a las prácticas trashumantes estén utilizando el de Enrique Estevan, de principios de siglo, según hemos dicho. También porque, como en las denominaciones actuales de las vías que se dirigen por el sur a alguno de esos puentes, también se confunden las denominaciones, que en unos casos hacen alusión al uso pecuario y en otros se cambia por el de calzada, trueque usual en la provincia.
Foto Cordel de Miranda Salamanca (Santiago Bayon Vera) 
No se piense que esos caminos que montaron sobre las vías pecuarias fueron simples trochas o veredas: los visitadores definen como «camino real» el de Talavera de la Reina a Velada y precisan que en el lugar segoviano de Fresnillo de la Fuente y siguientes, «coincide con la cañada el camino real de Burgos, construido sobre ella misma». Es que muchos de los caminos que podemos denominar «cañariegos», porque a expensas de esas reservas pecuarias se formaron, pasaron a ser calzadas o carreteras importantes. Tanto que, en la denominación del tramo coincidente, llegó a pesar más el de ellas que el de la vía pecuaria precedente. Así, en el término de San Lorenzo de El Escorial, la Leonesa, según el respectivo visitador, «baja a la Calzada Real de Madrid, por la que continúa medio cuarto de legua» y, después, discurre por la «antigua de Valdemorillo». Y desde Guadarrama, «continúa por el camino de Castilla» y «sigue la cañada el camino real adelante» y, en el término madrileño de Piñuécar, «vuelve la carretera a incorporarse a la cañada». De igual manera, la Soriana se encuentra ocupada en no pocos tramos a su paso por distintas provincias: en territorio de Algara, de la guadalajareña, dice el visitador que prosigue por la «carretera nacional de Zaragoza [ahora definida como  N- III  que va sobre la cañada por espacio de ciento treinta varas». Y, claro está, coincidían en los tramos urbanos, como en la calle Real de Villarta de San Juan. Y, lo que es más grave, el organismo oficial encargado de las obras públicas no siempre se había limitado a construir la carretera por uno de los lados de la vía ganadera, sino incluso hasta por el centro de ella. ¿Cómo no hacerlo si hasta en medio de la Soriana, y del camino de Tomelloso a Socuéllanos que la utilizaba, se había levantado la «ermita de San Antón, que está en el centro de la cañada»? Así, en la Soriana «entra la carretera nacional otra vez por la cañada, dividiéndola en fajas», y en otro lugar, «la mencionada carretera [de Francia] divide el camino pastoril en dos fajas desiguales».


domingo, 15 de mayo de 2016

El medio natural y trashumancia - 13

Foto: Revilla de la Cañada (Avila) (Santiago Bayon Vera) 

Coincidencia de cañadas y cursos fluviales
Las vías pecuarias iníciales y las que después ordenó la Mesta, muy probablemente coincidentes con aquéllas, según hemos dicho, buscaron los cruces montañosos y fluviales más fáciles. Pero, traspuestos unos y otros, también siguieron caminos naturales en lo posible. Los citan por doquier las mismas descripciones decimonónicas de las que nos estamos sirviendo. En el término abulense de Higuera de las Dueñas, la cañada Leonesa baja un trecho «arroyo abajo del Parrón»; en el pacense de Castuera, «continúa subiendo por el río Guadalefra»; en el de Berlanga, de la misma provincia de Badajoz, «prosigue por el arroyo, dejándole en medio de la Cañada, por ir ésta por partes, es decir, mitad por un lado y mitad por otro», y más adelante, en Fuente del Arco, discurre cierto trecho «todo un arroyo abajo». A la vez, una de las derivaciones «sigue el río por la izquierda de la cañada» antes de llegar ésta a Quero. El ramal que va desde Medellín hasta Fuente de Cantos, en Extremadura, lo hace «arroyo arriba de Botocillo» en Usage, y continúa «por la ribera o margen izquierda del río Ardilla», en Fuente de Cantos.
De igual manera, la Soriana asciende «por la orilla del río Guajaraz» en Argés y «arroyo arriba» en Layos. Y el ramal que se dirige desde Villacañas al valle de Alcudia, lo hace en Consuegra «siguiendo un arroyo arriba». El ramal de la Soriana que se incorpora a la de Cuenca realiza este enlace donde el río Jabalón «linda por la izquierda con la cañada», cuyo itinerario discurre por «la vega abajo» en Quero, en Herencia y en Almagro. Y. tras trasponer Sierra Morena esa misma vía pecuaria, uno de sus ramales se trazó en Torrecampo por las márgenes del río Guadalmez y, más adelante, «orilla del arroyo Pereza, que corre por la izquierda, y se sigue hacia abajo». Son ejemplos que podemos completar con el relativo a la zona de Hornachuelos, donde la cañada tenía entonces su continuación por la orilla derecha del arroyo Guadal vacarejo y, pasada la confluencia con el Bembézar, que es su colector, «sube por la orilla de éste, que corre a la izquierda». En definitiva, al iniciarse la segunda mitad del siglo XIX,  según la misma descripción que tanto estamos utilizando, tales vías tenían muchos de sus trechos sobre valles o riberas de ríos e incluso por el mismo cauce fluvial, por los abundantes arroyos o riveras de aguas discontinuas.

lunes, 25 de abril de 2016

El medio natural y la trashumancia -12


Foto Valle de San Emiliano.(León)  Cañada Real la Plata (Santiago Bayon Vera)

En primavera y en otoño, épocas del trasiego pecuario, las lluvias pueden producir avenidas y dificultar que los animales vadeen. Un avispado vecino se aprovecharía de ello poniendo a disposición de pastores y animales alguna almadía, pontón o barca. Los hubo en Castrillejo de la Olma, del término palentino de Villoldo, y en Villacastín, Puebla de Alcocer, Hornachos, Navalagamella, Villanueva de Perales, Casasbuenas, Santa Cruz de la Zarza, Granátula, Manzanares, Hornachuelos... En general, sobre arroyos, pero también, en algunos casos, sobre corrientes de más porte, como el Guadiana en Herrera del Duque y el Guadalquivir en Almodóvar del Río, dificultades de paso que en ambos casos se realizaban mediante una barca. Incluso cabía que el concejo se encargara de montar el utensilio de cruce en el momento adecuado, como hacía el de Fernán Caballero, en «Las madres del río Bañuelo, que se atraviesa por pontón que suele poner el Ayuntamiento». También a esos elementales sistemas se recurrió donde existía puente, pero inservible, como en el caso de la travesía del soriano río Verde, «con vestigios de puente arruinado, y se pasa por pontón». En otros lugares se construyó donde había antes prestado tal servicio alguno de aquellos medios rudimentarios. Así, junto a la ya señalada travesía del Guadiana en Herrera del Duque «hay un puente moderno, que parece que se ha hecho por los mismos que tenían la barca para el paso de los ganados». Y al anterior remedio de cruce parece aludir el nombre de «la Barquilla» que se dio al puente que sobremonta el soriano arroyo de San Gregorio. Es significativo al respecto que se denominara «de las Ovejas» el que se levantó sobre el Guadiana en el término ciudadrealeño de Alcolea de Calatrava. Y la misma fuente informativa revela que, en su tiempo, en Fuentidueña de Tajo se salvaba este importante río por el puente colgante de la carretera Madrid-Valencia, pero que antes se hacía mediante una barca. Todas son noticias recogidas en la descripción que dejaron del reconocimiento que realizaron los mencionados visitadores de las cañadas meseteñas ente 1852 y 1860
Foto: Cordel San Tome de Rozados (Salamanca) (Santiago Bayón Vera) 

Como casi con toda seguridad habían hecho antes las manadas de animales salvajes, los rebaños se condujeron primero desde aquellos pasillos montañosos hacia los vados más frontales y fáciles. Después, hacia el puente que los sustituyó. O a uno y otro. Como en Salamanca, donde se forma una de las grandes confluencias de vías pecuarias. Las de procedencia suroccidental y meridional se encaminan hacia el puente romano, y la central, al denominado de Enrique Estevan, que, desde principios del siglo actual, cruza el mismo Tormes al costado oriental del romano. Antes de que existiera éste, o cuando el romano estuvo inutilizable debido a avenidas del río, los rebaños lo atravesaban por el vado que existía donde, algo más al este, se halla el paso de la vía férrea. Se denomina puente del Pradillo, porque al final del vado existía un prado que era donde las ovejas, fatigadas y con la lana mojada por el vadeo, descansaban. Todavía hacia ese lugar se encaminan las dos cañadas más orientales, aunque de una de ellas deriva un ramal hacia otro vado situado aguas arriba, junto al pueblo de Santa Marta.  










viernes, 8 de abril de 2016

El medio natural y la trashumancia - 11



Foto: Pascualcono (Avila) Cañada Real Soriana Occidental (Santiago Bayón Vera) 

Corrientes fluviales
         La mayor parte de las corrientes fluviales iníciales descienden de la montaña al llano. Son, pues, consecuentes al relieve. Los principales ríos recogen tales aportes montañosos. Dado que casi todas las cordilleras se alinean aquí de este a oeste o viceversa, esos ríos importantes tienen también la misma orientación, es decir, son subsecuentes. Así, las largas rutas de los desplazamientos animales tenían que atravesar, además de las alineaciones montañosas, estos ríos. Los visitadores que recorrieron y describieron las cañadas de la Meseta al iniciarse la segunda mitad de la centuria decimonónica prestaron más atención a tales travesías fluviales, y del cotejo de sus detalles se deduce la evolución que tuvieron aquéllas hasta entonces. El primer estadio sería el más elemental de vadear. Es lo que hacen los animales salvajes, sean o no herbívoros y de actitudes gregarias. Ni siquiera los osos, buenos nadadores, pasan los ríos por cualquier parte, sino por la que ofrece la mejor posibilidad de tránsito. Y lo mismo hacen los jabalíes. Bien lo sabían los cazadores. En publicación ya añeja hemos citado como ejemplo, en este sentido, una cacería real celebrada en el siglo XV que, partiendo de Sevilla, se realizó en un monte cercano a La Algaba e inmediato al vado del Guadalquivir denominado de Las Estacas. Es donde los cazadores cobraron un gran jabalí que, al ser acosado, había ido en busca de esa más fácil travesía del río, que sería la de su querencia, no ignorada sin duda por los cazadores. De los animales salvajes aprendió el hombre también esto. Cualquier jinete o carretero avezado sabe bien que, cuando la caballería se resiste a cruzar una corriente fluvial, la solución consiste en darle rienda suelta ya que, por instinto, ella misma busca el lugar apto para vadear. 

Foto. Montemayor del Río (Salamanca) Cañada Real Soriana Occidental (Santiago Bayón Vera) 
      Si el rebaño lanar no alcanzara a tanto, lo harían las acémilas hateras que lo acompañaban. Y al empleo de la vadera se volvió cuando resultaba caro utilizar el puente o cuando éste había quedado cortado. Esos visitadores de las cañadas en el primer decenio de la segunda mitad del siglo XIX encontraron cruces fluviales de las ovejas por vados en Villoldo (Palencia), Hornachos (Badajoz), Navalagamella y Villanueva de Perales (Madrid), Manzanares y Granátula de Calatrava (Ciudad Real) y en otros distintos términos. En el de Posadas, en la provincia de Córdoba, las ovejas vadeaban el arroyo Guadalvaida, pero, según dejaron escrito los visitadores, cuando «viene crecido y no da paso, se señala una vereda entre los dos molinos del señor conde de Villanueva para facilitar el paso». Y donde no había parecida solución, se volvía a la del vado, incluso en ríos importantes, como el Duero en Almazán, donde «hay una colada, para cuando el río sale de madre, interceptando el paso por la cañada»

domingo, 13 de marzo de 2016

El medio natural y la trashumancia -10


Si, como hemos señalado, los mamuts de la época glaciar acertaban a trasladarse repetitivamente entre Siberia y el valle del Danubio a impulsos de su instinto de conservación, ¿cómo no iban a efectuarlo muchos de los herbívoros ibéricos al ser expulsados de las montañas y de las llanuras meridionales, en un caso por las heladas invernales y en el otro por la aridez estival? Las manadas fueron sin duda haciendo camino en su reiterada marcha estacional. Primero, quizá, de manera difusa o múltiple. Después, eliminando ramales. Porque el desplazamiento desde el sur peninsular hasta las cordilleras más septentrionales tropieza con otras distintas cadenas montañosas: a partir de las costas meridionales, con las penibéticas, las subbéticas, las ibéricas y las prepirenaicas; y en un itinerario más occidental, con Sierra Morena, los Montes de Toledo y el Sistema Central. En muchos tramos están compuestas por varios ra-males. Ni siquiera las aves de altos vuelos, como las cigüeñas, los cru-zan por cualquier parte, sino sobrevolando los menos elevados, que son los puertos y las depresiones intramontañosas. Y así, por tales corredores naturales, lo han realizado y realizan también las palomas y las grullas que vienen de zonas transpirenaicas, en estos casos, respectivamente, por Echalar y el Roncal. ¿Cómo imaginar a los mamíferos trashumantes cruzando altas sierras si disponían de más fáciles travesías por sus puertos? En derechura hacia estos pasos más accesibles harían las manadas de herbívoros salvajes su camino. Como hacen al presente las que quedan así en zonas circumpolares de escasa población humana.
Es lo que, con sus rebaños, efectuaron después los ganaderos, aprendices al respecto de aquella fauna herbívora no domesticada. Los ya indicados estudiosos del yacimiento de la Cuesta del Negro ven que «la situación del poblado es excelente, cercano a un paso natural de extraordinaria importancia, como el "pasillo del Pozo Alcón", al norte de la Depresión del Guadix, abierto por el Guadiana Menor, que enlaza con el Alto Guadalquivir y desde aquí con el sur de la Meseta. Por otro lado, nuestro poblado está enclavado en el borde de una extensa altiplanicie de magníficas posibilidades pastoriles». Esa depresión es parte del largo corredor intrabético sobre el que, inmediata a aquella zona accitana, se halla la de Baza, rica también en necrópolis y yacimientos neolíticos e ibéricos y con huellas de centuriaciones. Y donde surgieron ciudades importantes sobre «amplios retazos, lo que justifica el trazado de la Vía Augusta y quizá otros caminos más antiguos para comunicar el E. y S. de la Península».' En efecto, dentro del intrincado conjunto montañoso bético, en tal surco longitudinal no faltan otros menores transversales y todos facilitan el contacto con zonas situadas allende las cordilleras que los cercan. Y lo mismo cabe señalar respecto a las otras alineaciones montañosas transversales a las tradicionales rutas mesteñas.

Ciertamente que alguno de tales puertos montañosos entrañaría dificultades de paso. A eso parece aludir el nombre de Reventón que se dio al que ha de cruzar uno de los ramales de la Cañada Sonaría cuando choca con la sierra de Calderina, en los Montes de Toledo, camino del Valle de Alcudia. En contraposición a ése, otros cruces serranos expresan en sus nombres cierta facilidad de ascensión. En los distintos brazos de la cañada Leonesa, por ejemplo, puerto Pando, alto de las Lomas, raso del Collado, collado de la Venta del Cojo, puerto Bajero, puertecilio de la Sierra de Cristina o la Serrezuela, portillo de Garabís o Portollano y, también, portillo de Villanovita. Y no a otra razón que la de la mayor facilidad respondía el cruce que efectuaba la Segoviana por Somosierra, puerto de altitud inferior en 805 m que, por ejemplo, el de Navafría, al oeste en el mismo Sistema Central montañoso.

sábado, 13 de febrero de 2016

El medio natural y la trashumancia - 9

Foto: Los Campos (Soria) (Santiag0 Bayon Vera) 
Desplazamiento de los animales.

Los herbívoros dotados de defensas las utilizan, aprovechándose al máximo de sus posibilidades, al detectar la proximidad de un carnívoro peligroso. Así, los vacunos que pastan libres en una gran dehesa forman un círculo en cuyo centro sitúan las crías, mientras ellos, rodeándolas, encaran al depredador con sus cornamentas. Similar ruedo organizan caballerías, y también con las crías en el interior, cuando aventan el peligro, pero enfrentando sus cuartos traseros al atacante para recibirlo a coces. Los que carecen de esas defensas no encuentran otra solución que marchar en manada, que rompen en desbandada cuando presienten el peligro, para desorientar al atacante. En todo caso, en momentos o en zonas en que los humanos, debido a su escasez, incrementan poco el contingente de los depredadores, muchos herbívoros buscan el alimento ayuntados en grupos raciales porque así, reunidos, pueden defenderse mejor. Y encontrado el camino de llegada, lo siguen después año tras año. En tiempos pasados, los ganaderos carentes de abundantes o complementarios pastizales pactaban arriendos de larga duración sobre herbazales ajenos y para períodos fijos del año, como, por ejemplo, desde el día de San Juan hasta el de San Miguel. Todos sabían bien que era preciso aguzar la atención en vísperas del trasiego de las reses porque éstas lo presienten y aumenta entonces su inquietud. Y esos ganaderos eran también sabedores de que si algún motivo, como la clausura del contrato de arriendo, impedía o modificaba la fecha del desplazamiento, al llegar la que venía siendo habitual los animales abatían rediles y cercas y escapaban hacia el destino acostumbrado. La alimentación asistida con piensos y la eliminación de traslados ha roto tales actitudes, de las que ni siquiera se libraban los ovinos. En 1809 efectuó Robert Semple su segundo viaje a España y, al referirse a los rebaños lanares extremeños, escribió lo siguiente: «Cuando llega el mes de abril, o por el propio instinto o por el hábito de mover sus cuarteles, los rebaños parecen percatarse de que ha llegado el momento de empezar la marcha. Todos los pastores están de acuerdo en la extraordinaria inquietud que muestra el rebaño, y que es difícil de sujetar. Ha ocurrido, a veces, cuando los pastores se han descuidado o dormido, que los rebaños han avanza-do por su propio instinto hasta dos o tres leguas en busca de los cuarteles de verano».

martes, 12 de enero de 2016

El medio natural y la trashumancia - 8



Hay que preguntarse si esa trashumancia, que parece más que probable en tiempos tan remotos, surgió de manera espontánea o como herencia de un precedente de lógica existencia. La ganadería coexistía entonces con la caza, y ésta persistió con mucha importancia en épocas históricas. En la romana se perseguían jabalíes, venados y caballos salvajes en la península, según testimonios de Estrabón, Plinio y Marcial. Este último consideraba mediocre la caza en Italia comparándola con la que se podía practicar en pagos ibéricos. En tiempos de Adriano, fue famoso cazador Tulio Máximo, legado de legión en Hispania, donde abatió ciervos, luchó con jabalíes y persiguió caballos. La importancia cinegética prosiguió en los siglos siguientes. Los animales tenían a su disposición extensas masas montaraces, de las que el Libro de la Montería cita muchos parajes como propicios a la caza mayor: 15 en el madrileño valle del Lozoya, 35 en torno a Cadalso de los Vidrios y San Martín de Valdeiglesias, otros 32 en Navamorcuende (Toledo), etc. Anteriormente, cuando esos y otros herbívoros mayores eran muy abundantes, no tendrían otra solución para subsistir que emigrar temporalmente en busca de pasto, emigración que la escasez de población humana facilitaba.
Es lo que realizaban en época glaciar entre el norte de Asia y el centro de Europa: «Las llanuras de Rusia y de Europa Central eran tundras descubiertas o estepas... Grandes manadas de mamuts, renos, bisontes y caballos salvajes recorrían las llanuras rozando el pasto. Cada año las manadas emigraban de los pastos de verano en Rusia y Siberia a los forrajes de invierno en el valle del Danubio o en la estepa póntica, para regresar de nuevo». Así lo revelan «las inmensas cavernas descubiertas bajo el loess en Mezina, cerca de Kiev, en Predmost cerca de Prerau, en Moravia, en Willendorf en la baja Austria y otras partes», algunas tan importantes que en la de Predmost se han reconocido restos de más de mil mamuts.


En nuestra península, donde el clima presenta los fuertes contrastes estacionales a los que nos hemos referido, los grandes herbívoros tendrían que desplazarse, necesariamente, abandonando las montañas cuando empezaran a cubrirse de nieve y a helarse su herbazal, y cruzando las planicies de la Meseta y el interior de las depresiones bética e ibérica antes de que los calores estivales las dejaran peladas de hierba. Y, claro está, desde que existe el hombre, iría tras las bestias o las acecharía en los lugares de paso habitual para darles caza. Y en las mismas migraciones temporales de ellas se inspiraría con las que logró domesticar. ¿Cabe pensar algo distinto sin apartarse de la lógica? Se puede argumentar que desde las etapas prehistóricas y romana hasta la organización mesteña de Alfonso X transcurrieron unos cuantos siglos y se produjeron no pocos avalares político-militares. Pero también cabe preguntarse si estos acontecimientos fueron tan revolucionarios como para borrar de manera radical aquellos modos de vida tan enraizados y que eran, y son, acordes con las condiciones naturales que pesan sobre la explotación con fórmulas tradicionales del suelo agrario en la mayor parte de la España peninsular.