domingo, 22 de noviembre de 2015

El medio rural y la trashumancia - 6


Mal podría alcanzarse un pecuario tan importante sin trasladar los animales de unos parajes a otros en busca de pasto, lo que requería unos caminos adecuados. El mismo Jovellanos creía, y así lo manifestaba en el Informe al que pertenecen las palabras antes transcritas, que «cuando la agricultura se restauró y extendió por los fértiles campos góticos, debió hallar establecida, y respetar, la servidumbre de las cañadas». Apoya su creencia en textos clásicos que aluden a las prácticas trashumantes en otras partes del mundo romano que soportan parecidos contrastes climáticos que las ibéricas. Así, afirma que «Consta de Cicerón (Pro Sextio, Italiae calles, atque pastorum stabula) que esta servidumbre pública era respetada en Italia con el nombre de calles pastorum. De ellas hace también memoria Marco Varrón (lib. 2, cap. 2), refiriendo que las ovejas de Apulia trashumaban en su tiempo á los Samnitos, distantes muchas millas á veranear en sus cumbres». A todo lo cual podemos añadir por nuestra cuenta que las famosas esculturas zoomorfas ibéricas que se conocen con el nombre de Toros de Guisando se montaron y aún pueden contemplarse sobre una de las cañadas que enlazan los extremos septentrional y meridional del occidente meseteño. ¿No será heredera de alguna de aquellas calles pastorum que tuviera similar itinerario?



            Algo de lo ya señalado por Jovellanos lo ha repetido Adolfo Schulten en tiempos más recientes: «podría ser que los rebaños de ovejas de los vacceos del curso medio del Duero trashumaran, en verano, a las tierras de los numantinos, sus amigos y vecinos. Igual que también en Italia la estrecha amistad entre los samnitas de la montaña y los pulieses de la llanura no se basaba sólo en su parentesco, sino también en el intercambio estacional de pastos». De igual manera, diversos hallazgos han hecho suponer a otros arqueólogos que la trashumancia no fue desconocida entre los iberos: «Una pizarra visigoda procedente de Santibáñez de la Sierra [en la provincia de Salamanca] parece contener las palabras stratum y pedagium, y Gómez Moreno piensa que puede hacer referencia al gravamen que sufría el ganado trashumante en su tránsito anual hacia Extremadura por la "Calzada de la Plata", gran vía entre Astorga y Mérida».

miércoles, 11 de noviembre de 2015

El medio Natural y la trashumancia - 5


LA FUENTE INSPIRADORA DE LA TRASHUMANCIA
            Al llegar a este punto procede intercalar en nuestra exposición un amplio paréntesis dedicado al posible origen de la trashumancia y del trazado de los caminos por la que se practicó. Para ello, trataremos de discurrir lógicamente y sin abandonar la mano de historiadores y arqueólogos.



            Ha quedado demostrado que la ganadería fue importante en gran parte de la península en tiempos romanos y en los precedentes inmediatos. El historiador J. M. Blázquez dice que «La riqueza en ganado de la Celtiberia queda bien patente en el hecho de que las téselas de hospitalidad frecuentemente tienen la forma de animales; en forma de toro en Monreal de Ariza, probablemente la antigua Arcóbriga, la de Huete con el nombre de Segobriga, la de Sasamón (quizá caballo), y en los Fosos de Bayona». El concepto de «téselas de hospitalidad» ya implica, por sí mismo, relación entre personajes, tribus o pueblos distanciados, ya que se hacían dos, labradas con similar figura, para que permanecieran en manos de ambos interlocutores como señal de mutua amistad. Y más adelante, el mismo historiador insiste en que «las representaciones de fíbulas zoomorfas (toros, caballos, jabalíes, jinetes, etc.) tan generalizadas» vienen a corroborar esa riqueza pecuaria de la Meseta. En otra publicación ha escrito también que «En la Lusitania y Celtiberia los ganados constituían la base de la vida; eran, pues, pueblos pastores primordialmente, como se desprende de las palabras puestas por Tito Livio (XXI, 43, 8-9) en boca de Aníbal al arengar a las tropas lusitanas y celtíberas ... El comercio de los esquilmos del ganado constituía una gran fuente de riqueza en toda España, pues en algunos pueblos, como en el Norte, "las pieles las cambian con mercaderes por vasos, sal y objetos de bronce" (Estrabón, III, 175). Otros, pobres como los numantinos, pagaban el tributo a los romanos en pieles de bueyes y en caballos». Y añade a todo ello que en Lusitania, «la ganadería permaneció pujante en época romana; así, los cerdos (Varrón, Rerum Rust., 2, 4, 11), cabras, ovejas y toros, animales todos mencionados, con sus valores res-pectivos, por Polibio (Afhen. Deipn., 330)».
Foto : Santiago Bayon Vera 

lunes, 19 de octubre de 2015

El medio natural y la trashumancia - 4


En definitiva, las dos zonas presentan caracteres relativos al desarrollo vegetal tan complementarios como los climáticos. Y similares a ellos son los de los otros dos extremos cañariegos que hemos visto respecto al clima, esto es, los de Zafra y Rabanal de Luna. El crecimiento intenso de la vegetación en el agro de la localidad extremeña mejora algo, no mucho, al sevillano, y el detenido comprende los meses centrales del verano; en el leonés, la intensidad se inicia a mediados de mayo y se prolonga hasta ya entrado el mes de julio, en tanto que se detiene el crecimiento entre la segunda mitad de octubre y el final de marzo, es decir, cuando el suelo se cubre de nieve o permanece helado.
            El agricultor acomoda la explotación de sus secanos a esas condiciones mediante plantas leñosas resistentes a la aridez estival, como la vid o el olivo, o con herbáceas, los llamados cereales de invierno, por ejemplo, que se siembran a favor de las lluvias otoñales y se cosechan, ya en sazón, antes de que advengan los fuertes calores del estío. La acomodación que encontró el ganadero de los mismos territorios que no dispusiera de humedales o frescas riberas fue llevar los animales en el verano a los rastrojos cerealistas o, más bien, a pagos de montaña. Y el montañés, bajarlo a pacer en el invierno en latitudes meridionales libres de heladas. Es lo que a finales del siglo XVIII veía Jovellanos como práctica secular y necesaria. Dejó escrito que «Los mayorales cruzando con sus inmensos rebaños desde León á Extremadura en una estación en que la mitad de las tierras cultivables de tránsito estaban en rastrojo, y volviendo de Extremadura á León cuando ya las hallaban de barbecho, empezaron a mirar las barbecheras y rastrojeras como uno de aquellos recursos sobre que siempre ha fundado esta grangeria sus enormes provechos». Porque, según decía, «la trashumación fue necesaria para la conservación de los ganados». 


Y argumentaba:
            Es tan constante que los altos puertos de León y Asturias cubiertos de nieve por el invierno, no podrían sustentar los ganados, que en numero tan prodigioso aprovechan sus frescas y jugosas yerbas veraniegas, como que las pingües dehesas de Extremadura esterilizadas por el sol del estío, tampoco podrían sustentar en aquella estación los inmensos rebaños que las pacen en invierno. Oblíguese á una sola de estas cabañas á permanecer todo un verano en Extremadura, ó todo un invierno en los montes de Babia, y perecerán sin remedio. (Melchor Gaspar Jovellanos. Informe de la Sociedad Económica de esta Corte del Real Consejo Supremo de Castilla en el Expediente de Ley Agraria)
Fotos: Santiago Bayon Vera 

martes, 29 de septiembre de 2015

El medio natural y la trashumancia - 3

Las repercusiones sobre el herbazal



            La vida vegetal se atempera a esos ritmos climáticos. Así lo traducen las isofenas o curvas que enlazan los puntos en los que se produce a la vez un mismo fenómeno de subordinación natural meteorológica. Una puede ser la relativa a la floración del almendro, aunque no tenga relación con el aprovechamiento pecuario. En 1992 tal floración, anunciadora de bonanza térmica, acaeció hacia la mitad del mes de enero en una limitada zona pacense, en el bajo valle del Guadalquivir y en el litoral penibético y surestino. Las dos isofenas quincenales siguientes contornean a ésa hasta englobar la de mediados de febrero a la meseta inferior y a casi todo el litoral mediterráneo. En contraste con ello, la franja cantábrica y la zona pirenaica no vieron sus almendros en flor hasta comienzos de abril, es decir, dos meses y medio después que aquella zona meridional, y lo mismo ocurrió o más tarde en las montañas ibérico-sorianas.


            A la inversa, la desnudez de los viñedos, estampa expresiva del comienzo de los fríos invernales, se había producido en 1991 a principios de noviembre en el carasol de las montañas prepirenaicas y en los sistemas Ibérico y Central; hasta una quincena después en las zonas que circundan a ésas en el interior y, por el contrario, los bacelares onubenses y gaditanos, más los del sureste y los del entorno del delta del Ebro continuaron vestidos de hojas hasta el mes de diciembre, esto es, poco antes de que en algunas de estas partes se iniciara la floración del almendro.



            Las mismas diferencias climáticas señaladas antes determinan también, claro está, las disponibilidades de herbazal. En la Bética, Extremadura y La Mancha el período estival es largo y con altas temperaturas, a las que no acompañan precipitaciones que las suavicen. Lo mismo ocurre en la costa penibética, en las llanuras levantinas e incluso en el interior de la depresión del Ebro, zonas desde las que también se trasladaba ganado hasta las montañas próximas. Tanto en aquéllas como en éstas la vegetación herbácea no encuentra entonces humedad suficiente en las capas superiores del suelo para conservar la jugosidad y el verdor que mantuvo hasta la primavera y que no podrá recuperar hasta que se inicie la otoñada, es decir, cuando tornen de nuevo las temperaturas suaves y las precipitaciones. Sobre las montañas, más frescas y húmedas, tal verdor está en su plenitud durante el final de la primavera y el inicio estival y, en cambio, son las heladas invernales las que lo quebrantan. Los valores de él iguales o inferiores a 0,2 expresan que el crecimiento vegetal se halla detenido y, en cambio, los próximos a la unidad traducen la intensidad del mismo. Tomemos como ejemplo los resultados de aquellas localidades situadas en los extremos de la vía merinera que enlazaba la baja Andalucía con las montañas ibérico-sorianas. Se observa que el período en el que es intenso el crecimiento de la vegetación, en la sevillana resulta tan reducido que puede considerarse inexistente, mientras que en el campo de la soriana abarca los meses de mayo y junio. Y, por el contrario, el crecimiento está detenido en el de la andaluza en pleno verano, desde mediados de junio hasta finales de agosto, y en la soriana durante el invierno. 
Fotos: Santiago Bayon Vera

jueves, 24 de septiembre de 2015

El medio natural y la trashumancia - 2



El clima principal fenómeno casual 
Una cañada importante y de largo recorrido enlazaba la Andalucía hética con las montañas ibérico-sorianas. Pueden apreciarse bien las grandes diferencias climáticas existentes entre los extremos de ella si representamos de forma gráfica los datos de dos de sus observatorios y enfrentamos esos gráficos entre sí. Por ejemplo, las relativas a los de Sevilla y Vinuesa, esta última, localidad situada en las montañas de Soria, a 1.017 m de altitud y a más de cuatro grados de latitud septentrional respecto a aquélla. La temperatura media anual es de 18,8 grados en la localidad sevillana, mientras se limita a 9,6 en la castellana; y si el pluviómetro de la segunda recoge al año un total de 1.002 mm de precipitación, la del andaluz se reduce a 571. Estas precipitaciones sevillanas se producen cuando las temperaturas no han alcanzado las altas cotas propias del estío. En consecuencia, hay aridez acusada desde el comienzo del mes de mayo hasta bien entrado el de septiembre. En contraste con esto, la aridez de Vinuesa es limitadísima en intensidad y en duración, tanto que puede considerarse prácticamente inexistente. En la consecuencia de que, en esta localidad de las montañas ibéricas, las temperaturas sean bajas, y sostenidas, además de altas, las precipitaciones.


Contrastes similares ofrecen los extremos de las otras cañadas de largo recorrido. Emparejemos los referentes a una comarca de las montañas cantábricas de León y a la baja Extremadura. En concreto, los de las localidades de Rabanal de Luna, en aquel septentrión leonés, y de Zafra, en la provincia de Badajoz. La primera, situada a 1.156 m de altitud, tiene un período húmedo que abarca casi todo el año y suma en total 1.140 mm de precipitación, pero nada más se ve libre de heladas seguras o probables desde junio hasta finales de septiembre, es decir, en los meses estivales; en la extremeña, el período húmedo queda interrumpido desde mediados de abril hasta finales de septiembre y la precipitación total se reduce a 574 mm, pero, en cambio, las heladas seguras son aquí desconocidas y sólo hay probabilidad de algunas, y de rara incidencia, desde diciembre hasta finales de febrero .


Los de Rabanal de Luna y Zafra son, pues, otros climas que se complementan. Contrastes similares se dan entre el litoral levantino o el centro de la depresión del Ebro y las montañas ibéricas o pirenaicas. Y sin que en todo caso cupiera acortar el camino de la trashumancia. Por ejemplo, en el año agrícola que se inició el mes de septiembre de 1991 y terminó con el final de agosto de 1992, sólo la franja septentrional que se extiende desde Galicia hasta el ángulo nororiental de Cataluña ha recibido 800 o más milímetros de precipitación total. La contornea otra con valores comprendidos entre 600 y 800, pero la inmensa mayoría del restante espacio peninsular del país se encuentra dentro o por debajo de la isoyeta de los 400 mm. 
Fotos: Santiago Bayon Vera 

domingo, 19 de julio de 2015

Trashumancia en España y el Medio Natural

Fotos: Cañada Real Soriana Occidental. Lagunilla (Salamanca) Santiago Bayon Vera

Trashumancia en España Peninsular y el Medio Natural.
            Desde que en 1920 se publicó el famoso estudio de Julius Klein sobre la Mesta, numerosos historiadores han ido sumando a él los propios. Unos se refieren al mismo organismo mesteño; otros, a los caminos que los rebaños tuvieron reservados para el desplazamiento y a las repercusiones del paso de las ovejas y sus sesteaderos sobre el esquileo, el comercio y el laboreo laneros. Sin embargo, se relaciona poco la trashumancia con las constantes físicas a las que hubo de acomodarse, quizá porque se piense que las principales de tales constantes, que son las climáticas y las del herbazal que se deriva de ellas, no requieren mucha explicación, a fuer de obvias y conocidas. Pero también las topográficas y las fluviales incidieron en los itinerarios. Y, en cualquier caso, faltan a nuestro entender análisis de los movimientos pecuarios de antaño —o de los residuales de hogaño no mecanizados— y de sus rutas con esta otra perspectiva, es decir, a través de los hechos natura-les que los condicionaron. Con la presente exposición pretendemos rellenar algo ese vacío.



Los Itinerarios.
            Los movimientos realizados con las reses responden a la dificultad de alimentar una grey importante sobre los mismos predios durante todo el año y, a la vez, a la conveniencia de aprovechar recursos lejanos, que, de otra forma, estarían inactivos o infrautilizados cuando en los de partida escasean o no existen. Así, la práctica del traslado estacional de animales ha estado muy generalizada en la España peninsular. Ha existido incluso en la de clima atlántico. No sólo porque hasta ésta penetraran, traspasando los puertos de las montañas galaico-leonesas y cantábricas, los hatos procedentes de invernaderos extremeños o manchegos; también debidos a que, con estos de alejada procedencia meridional, compartían el herbaje estival algunos de asentamiento invernal próximo. Es lo que ocurría en el siglo XVIII, por ejemplo, en el asturiano concejo de Somiedo con dos o tres mil cabezas ovinas propiedad del monasterio de las Huelgas de Avilés. Y lo que durante siglos han realizado los «vaqueiros de alzada», remontando con sus bóvidos la vertiente septentrional de la Cordillera Cantábrica para que pacieran las brañas de ésta durante el verano. Vacadas de La Vera de Gredos suben todavía por la calzada romana del puerto del Pico, en el Sistema Central, para herbajar desde junio hasta octubre en las abulenses umbrías serranas. Y, efectuada la derrota de mieses en los secanos cerealistas de cualquier región, se trasladan a ellos rebaños ovinos que se alimentan en el rastrojo mientras lo estercan con sus escíbalos. Más desde que se emplean cosechadoras en el trajín agrícola, ya que dejan más grano caído que el que otrora perdían los segadores y escapaba al posterior apaño de las espigadoras.

El trasiego buscaba, pues, zonas que fueran diferentes en su economía agraria porque lo son en sus caracteres naturales. Espacios adehesados y labrantíos, por ejemplo. O llanos sequedales y montañas cercanas y más húmedas. Eso permitió aumentar las existencias pecuarias. Y en tal grado se realizó el aumento que no bastó la cercana complementariedad de recursos y se alargó el desplazamiento. Pronto surgiría el deseo de organizar caminos de exclusivo uso pecuario que no interfirieran con los intereses de los propietarios de panes o vides. La prohibición de que penetrara el arado en tales caminos permitía a los animales el pasturaje sobre la marcha. Son las cañadas, cordeles, veredas, galianas, coladas, cabañeras... por los que aún se practican movimientos de corto radio y los pocos que se realizan todavía mediante marchas que duran unas cuantas semanas. No existen mapas en los que se represente el denso entramado que formaron tales vías ganaderas; ni siquiera uno que señale lo que resta de ellas al presente. 

miércoles, 13 de mayo de 2015

Importancia y Beneficios de la ganaderia extensiva - 4

La ganadería extensiva genera productos alimenticios de gran calidad
Los productos alimenticios exclusivos y de gran calidad son una de las salidas económicas más importantes da gran parte del medio rural del Sur de Europa, cuyo relieve no permite competir en otros ámbitos agropecuarios como puede ser la agricultura o la ganadería intensivas. De norte a sur de la Península Ibérica, como también ocurre en otros lugares de la UE, se producen excelentes alimentos en torno a la ganadería extensiva. La calidad organoléptica de estos productos, derivada principalmente de la alimentación natural a la que lleva el manejo extensivo del ganado, así como del bienestar animal que se deriva de una vida en semilibertad, es notoria, y esa calidad es algo que cada vez está más demandado socialmente.

En algunas ocasiones son productos muy bien conocidos, valorados socialmente e implantados comercialmente, como pueden ser el exclusivo queso de Gamonéu del Puertu, o el más selecto de los quesos de Cabrales, ambos relacionados con el brañeo cantábrico, una trashumancia corta con hondas raíces en las antiguas costumbres seminómadas locales. Los quesos de las marcas Idiazábal, Idoki, Irati o Roncal son otros ejemplos de productos alimentarios de gama alta y calidad reconocida, muy apreciados en la sociedad vasca y relacionada con las prácticas ganaderas extensivas en territorio vasco. Más conocido aún, el Jamón Ibérico debe su calidad en gran parte a su alimentación natural y extensiva a base de bellotas por las dehesas y bosques del suroeste peninsular.

Muchos más son los productos que, a pesar de su enorme calidad, están mal implantados comercialmente, y en muchas ocasiones a punto de desaparecer,  como el queso Casín del Puertu, otro producto de características muy exclusivas relacionado con la transterminancia cantábrica. Las potencialidades económicas de decenas de productos específicos están sin desarrollar aún.

También existen carnes de cualidades específicas, asociadas a razas adaptadas a los distintos medios y a su alimentación natural: las carnes vacunas de Casín, de Sayagüesa; la oveja Xalda; el cerdo Ibérico, el cerdo Cantábrico...