miércoles, 25 de mayo de 2011

Trashumancia en Sanabria - Historia - 6

Una vez en la sierra, el encargado organiza los equipos y turnos de los pastores. Para ello hay que seleccionar a los pastores que tendrán que convivir estrechamente durante varias semanas. El buen hacer depende en gran medida de las relaciones personales, por lo que la elección de los equipos es una de las decisiones más delicadas que ha de tomar el responsable.
Finalmente, y con arreglo a los mismos criterios que se tuvieron en cuenta para la subida a las sierras, el encargado decide el momento óptimo del regreso a los pastos bajos para aprovechar “la espiga”. Y así, tras el viaje de vuelta, la responsabilidad del encargado termina cuando se aparta el ganado. El momento del recuento simboliza la entrega al propietario del rebaño del que se hizo responsable durante la temporada de verano. Con el ajuste de cuentas la campaña concluye hasta el año siguiente.
No obstante lo dicho, durante la campaña de 1992 se advirtieron diferencias organizativas entre unas cabañas trashumantes y otras. Así, el encargado de la cabaña de Palazuela, la más numerosa, habia dirigido directamente todos los trabajos hasta hace pocos años, con sus más de ochenta años sigua organizando el viaje trashumante, delegando algunas responsabilidades pero manteniendo una autoridad que nos transporta a otros tiempos; acompaña a la hacienda en coche, saltando de un punto de parada al siguiente, para tener preparada la llegada del rebaño. Se trataba del tío Felones, hoy desaparecido que era considerado como una institución entre los Churreros del Aliste   En la cabaña de Valer, el propio encargado ejerce, a su vez, funciones de arreador en el viaje, así como de pastor en la sierra. Las demás cabañas de churreros no tienen una estructura tan rígida, aunque mantienen la figura del encargado.

Los trashumantes de Tábara (con menos antigüedad en estas prácticas ganaderas) juntan rebaños más pequeños (menos de 2.000 cabezas), de menos propietarios y, por tanto, más manejables. El encargado de la cabaña suele acompañarse durante el viaje de un coche de apoyo que transporta equipaje y comida durante el recorrido.
Los pastores son los responsables de cuidar la hacienda en la sierra. Sus ocupaciones varían en función de las cabañas, del sistema de agostada adoptado y de las peculiaridades de cada uno de ellos. El día se emplea en acompañar al ganado en su careo por la sierra, atendiendo los problemas que surjan. Los más jóvenes suelen encargarse del avituallamiento y de la cocina.
Los churreros siempre tienen pastores con intereses en el rebaño. Al ser cabañas formadas por ganaderos de muchos propietarios, siempre hay alguno que quiere quedar de pastor para velar más de cerca su hacienda. En el caso de los pastores de Tábara el sistema de organización es “a rodas”; es decir, con turnos rigurosos entre todos los propietarios del rebaño, siguiendo una ancestral costumbre local. Tan sólo en la cabaña de Palazuelos se mantienen los mismos pastores durante toda la temporada en la sierra. Otra posibilidad que a veces se elige es el reparto de tiempo en función del número de ganado que se aporta a la cabaña.
Durante el traslado de la cabaña a la sierra surge otra figura: los arreadores. Son pastores cuya misión consiste únicamente en guiar al ganado desde los pueblos de origen a los pastos de destino, donde acaba su responsabilidad. Cada uno lleva sus perros de trabajo, que volverán con ellos cuando acabe el recorrido. Son, en muchos casos, propietarios del ganado y durante el verano, en ocasiones, también harán turnos en aquellas cabañas que así lo organicen.
Los perros resultan un auxiliar fundamental para el trabajo de los pastores y arreadores.
Los grandes son mastines, de mayor o menor pureza de raza, cuya misión exclusiva es la protección del rebaño. Durante el viaje acompañan a la cabaña con paso cansino y aparentemente abúlico: unos caminan al lado del rebaño, otros dentro, y en algunos casos abren la marcha. A veces se tumban entre las ovejas andariegas, y quedan rezagados, momento en que reanudan su marcha hasta recuperar su posición unos centenares de metros más adelante. Durante las dormidas, y desde que comienza a llegar la noche, cualquier ruido anormal es captado por los perros, que con un ladrido avisan a sus compañeros. En un momento se forma una gran algarabía que fácilmente disuade a cualquier visitante nocturno. Las primeras noches del viaje son las más inquietas. Las ovejas se extrañan unas a otras y los perros están alerta, pues no en vano se transita por territorio del lobo. Sólo la presencia de los pastores, que velan casi toda la noche, consigue tranquilizar a los animales.
En algún momento se oye la voz estruendosa del encargado, quien al grito “¡Ah, maricón!” espanta lobos reales o imaginarios.
Los perros pequeños o carea son utilizados para el manejo del rebaño, trayendo y llevando las reses que se escapan del grupo. Son de gran inteligencia y enorme vitalidad, y en los puntos conflictivos resulta inestimable su ayuda. Difícilmente se separan de su dueño y esperan prestos y ansiosos cualquier orden de mando (voz,  gesto, piedra), pero siempre que venga de su amo.
Los perros, conocidos o no de años anteriores, establecen sus jerarquías en las primeras horas del viaje; pequeñas escaramuzas posteriores confirman el rango de cada cual.
De otra parte, los pastores dicen que “los perros bien comidos se vuelven tontos” y llevan a rajatabla el precepto: los alimentan con pan, sobras de las comidas y desechos de las reses que mueren en el camino o en la sierra.
Finalmente, los trashumantes más tradicionales prescinden de vehículos de apoyo, sirviéndose todavía de animales de carga para el transporte y el avituallamiento (las yeguas han desplazado al tradicional burro alistano en este cometido). El aprovisionamiento en las sierras se hace cada tres o cuatro días con su ayuda. Con todo, la utilización de caballerías va desapareciendo al mejorar las condiciones de estancia de los pastores trashumantes, ya que casi todas las majadas tienen camino de acceso para vehículos de motor. Es uno de los motivos por los que la raza del asno alistano ha estado a punto de desaparecer.



Trashumancia en Sanabria - Historia - 5


La composición de la cabaña tiene que estar perfectamente estructurada para obtener el óptimo rendimiento en la marcha y en el pastoreo de los rebaños. Son varios los protagonistas responsables de velar por la hacienda: el encargado o capataz, los pastores, los arreadores, y como fieles acompañantes, los perros grandes, los carea y las caballerías (yeguas, mulas y burros), que en casi todos los casos están siendo desplazadas por vehículos a motor. De todas formas, transportar determinados bultos hasta las majadas sigue necesitando la ayuda de los equinos.
El encargado de la cabaña es el máximo responsable de los rebaños que realizan todo el recorrido a pie. Los churreros confían el cuidado de su hacienda a esta persona, que se hace cargo de ella hasta la vuelta en el mes de septiembre.
Las responsabilidades del encargado comienzan con la selección de los rebaños que compondrán la cabaña. Para ser aceptados en ésta se tienen en cuenta la antigüedad, los lazos de amistad, la disponibilidad de pastos y de pastores y el número total de cabezas de ganado ya comprometido. De esta forma, muchas veces ganados de un mismo pueblo se reparten entre diferentes cabañas.
Al tiempo que perfila la composición de la cabaña el encargado busca los pastos de arriendo en las sierras. El origen de éstos es variado: subastas de montes del Estado, de los Ayuntamientos e, incluso, de particulares. Los precios y calidades de los pastos varían mucho, por lo que hay que confiar en la habilidad y en la experiencia para conseguirlos en cantidad y calidad suficientes y a buen precio.

El encargado decide la fecha de salida a las sierras en función de la disponibilidad de alimento en la zona baja, del estado de los pastizales de verano y de las condiciones meteorológicas. Rápidamente se establece una pequeña táctica: hay que aguantar en Aliste lo justo para que «las sierras estén buenas» y procurar iniciar el tránsito por el cordel antes que los demás para disponer de alimento durante el camino, a cuyos efectos se intentará sonsacar a los integrantes de otras cabañas la fecha de partida.
Dispuesta la salida, el encargado indica a los arreadores su posición durante la marcha, establece los lugares de sesteo y dormida, que año tras año suelen ser los mismos, y se encarga del avituallamiento durante el recorrido.


Trashumancia en Sanabria - Historia - 4

En las sierras sanabresas confluyen rebaños procedentes de dos invernaderos distintos: uno lejano, localizado en las provincias extremeñas, y otro próximo, asentado en las comarcas zamoranas vecinas, integrantes del partido de Alcañices, que incluye las Tierras de Aliste y de Tábara. De manera ocasional se añaden un rebaño de la comarca de Sayago (Zamora) y otro de la provincia de Salamanca.
Ahora bien, así como la trashumancia de procedencia extremeña es un hecho sabido, y en particular la originaria de la comarca de La Serena, de la que proviene la mayor parte del ganado merino, por contra es poco conocida la trashumancia de las comarcas próximas a la de Sanabria, a pesar de su elevada participación en el pastizal sanabrés.
Por todo esto, casi se puede considerar que es la Tierra de Aliste la que proporciona las claves del mantenimiento de la trashumancia en el extremo noroeste de la Península, motivo por el que se dedicará una mayor atención a las características geográficas y sociales de este peculiar y cercano invernadero que, en adelante, denominaremos genéricamente Aliste.


Churreros
Bajo el nombre de «Churreros de Aliste» se conocen en Sanabria a los ganaderos trashumantes que proceden de la vecina comarca alistana, y por proximidad geográfica engloban también a los procedentes de la Tierra de Tábara. Los límites que definen este invernadero son: la Sierra de la Culebra, al Norte; el río Esla, al Este; el río Duero, al Sur, y la frontera con Portugal, al Oeste.
Las cabañas
En la época estival se reúnen diversos propietarios de diferentes pueblos para realizar conjuntamente el desplazamiento y el aprovechamiento de los pastos de las sierras sanabresas. La unión de estos rebaños (de 30 a 500 cabezas) forman las cabañas.
En Aliste cada cabaña local trashumante es conocida por el nombre del pueblo en donde reside el «encargado», que, como la misma palabra sugiere, se responsabiliza de todo lo relacionado con la actividad trashumante. De esta forma se puede hablar de cuatro cabañas: Palazuelos, Valer, Fradellos y Riofrío, a las que se puede añadir una quinta, la de San Vicente de la Cabeza-Rabanales. En Tábara hay tres y para diferenciarlas se las conoce con el nombre del propio encargado.

De entre las alistanas, la cabaña de mayor entidad es la Cabaña de Palazuelos, que arrienda sierras en los términos de Hermisende (La Tejera, Cástrelos y Sierra Gamoneda), Pedralba (Sierra Gamoneda y Calabor), Requejo (Sierra Gamoneda) y Lubián. Le sigue en importancia la Cabaña de Valer. Los pastos de verano arrendados en esta campaña se localizan en el término de Porto; unos son de titularidad municipal y otros se encuentran en montes del Estado transferidos a la Junta de Castilla y León.
La Cabaña de Fradellos engloba se desplazan a Valdecasares, Valdalastra, La Piedriña, Aciberes, El Gañeron, Segundera II y Valdelacasa, en el término municipal de Porto, y Sospacio, en el de Pedralba. La Cabana de Riofrío, compuesta de unas 2.000 reses, agrupa rebaños de Abejera (Riofrío) y Rabanales que se dirigen a El Cabril y Santa Coloma (Porto). La Cabaña de San Vicente de la Cabeza-Rabanales, con 1.400 efectivos, a una dos rebaños que aprovechan los pastos en las cercanías de Robledo, al sur del término municipal de Puebla de Sanabria.
Las tres Cabañas de Tábara recogen unas cuatro mil cabezas, todas ellas pertenecientes al pueblo que les da nombre. Dos de ellas se forman con el ganado de varios propietarios (cuatro en cada caso), mientras que la otra es de un solo ganadero que lleva ovejas y cabras. Las fincas arrendadas se localizan en diferentes sierras del término municipal de Porto.

Los rebaños que en otro tiempo formaban la cabaña ovina alistana eran de raza Churra, por lo que estos trashumantes eran conocidos en la región sanabresa como los «Churreros de Aliste». Sin embargo, las cualidades de esta oveja, especialmente su rusticidad y sus cualidades lecheras, no han servido para procurar su supervivencia pura. Poco a poco ha sido sometida a cruzamientos raciales y posteriormente reemplazada por la oveja Castellana, que con su triple aptitud leche-carne-lana es la que tiene mayor presencia. Los motivos de este cambio vienen determinados por el mercado de la carne, al ser éste el producto más rentable, especialmente en una época en la que la leche no se considera suficientemente remunera-da y la lana apenas adquiere valor, máxime teniendo en cuenta que mientras el peso medio de la oveja Churra oscila de 40 a 65 kg, el de la Castellana varía entre los 55 kg en las hembras y los 70 kg en los machos. Es este mayor tamaño el factor decisivo para elegir la raza Castellana como productora de corderos lechales, objetivo principal de las explotaciones.
Otro tanto puede decirse respecto de la raza Manchega, con la que en los últimos años se están realizando nuevos cruces para obtener corderos de mayor envergadura (las ovejas manchegas pesan de 55 a 70 kg y lo moruecos de 70 a 90 kg). A pesar de ser de mayor tamaño que la oveja castellana, es menos rústica y sobria, si bien tiene a su favor que, en condiciones favorables, la fertilidad es de hasta el 100' y la prolificidad llega a oscilar entre 130 y 160 corderos por 100 partos.
La mayor parte del ganado ovino que trashuma hacia Sanabria corresponde a estas dos razas autóctonas (la Castellana y la Manchega) y de aptitud carne-leche, con cuyos cruces se pretende mejorar la producción del cordero lechal.


domingo, 24 de abril de 2011

Trashumancia en Sanabria - Historia - 3

Superpuesta a esta trashumancia realizada entre áreas tan distantes, destaca la presencia de otro invernadero geográficamente más cercano: la comarca de Aliste, desde donde parten los churreros (denominados así por los sanabreses por la raza churra que componía su cabaña ganadera) hasta las sierras de Sanabria. La pertenencia a la misma provincia de Zamora dificulta encuadrar el periplo ganadero que realizan los alístanos dentro de los actuales términos de trashumancia y trasterminancia. En la época de La Mesta los ganados en desplazamiento se conocían como trashumantes, cañariegos, caminantes y pasantes, pudiendo tan sólo encuadrarse dentro de los primeros. Además, el número de jornadas y las distancias recorridas a pie han hecho que prevalezca esta terminología, considerando que si bien se trata de una trashumancia relativamente corta frente a los grandes desplazamientos de antaño, el número de kilómetros de vías pecuarias utilizados por estos ganaderos es mayor que en otras áreas peninsulares.

Por último, son los propios alistanos los que se denominan a sí mismos trashumantes, asegurando que está práctica ganadera se lleva realizando en su comarca "cientos de años".
Esta última afirmación es poco justificable, siendo sus orígenes de difícil determinación. Para intentar fijar su comienzo hay que considerar que:
La Mesta se ocupó exclusivamente de una de las dos razas ovinas sobre las que se fundamenta la ganadería española, la merina de hebra blanca, ya que el ganado churro, de lana rojiza, se relegó a la categoría de estante.
El aprovechamiento ganadero en la comarca de Aliste es una constante histórica: "Muchedumbre de ganados son apacentados en tan dilatada región montuosa y particularmente en las nombradas comarcas de Alcañices, Sanabria y Sayago, en las que por antonomasia llaman la hacienda a cualquier ganado"


Por su comarca cruzaban bianualmente y durante siglos los trashumantes que invernaban en Extremadura y en verano accedían a las sierras de la vecina comarca de Sanabria, siendo conocidos por los alístanos los itinerarios utilizados.
Considerando estas premisas, se ha esbozado lo que podría haber sido el comienzo y desarrollo de la trashumancia desde los invernaderos de Aliste hasta los pastos de Sanabria. El ganado alistano tradicionalmente debió de ser estante, y seguramente fue en los dos últimos siglos cuando se estableció la práctica de trashumar. Por su parte, la cabaña estante de ganado de Aliste fue incrementándose, necesitando cada vez más zonas de pastos, al no serles suficientes los existentes en su comarca. Además, sus pastos comunales se verían fuertemente recortados en el presente siglo por la política de reforestación llevada a cabo en la Sierra de la Culebra. A su vez, los pastizales de las sierras sanabresas se verían paulatinamente desocupados por dos motivos: la decadencia de la trashumancia, especialmente tras la abolición de La Mesta, y la despoblación de esta región, lo que conllevaba el descenso de la cabaña ganadera propia de los lugareños de Sanabria.





Es de suponer que los alístanos, necesitados de pastos frescos con los que alimentar su ganado en verano, se lanzaran en su búsqueda en la comarca vecina, siguiendo las mismas rutas que utilizaron los antiguos trashumantes y adaptándose a este peculiar sistema de vida que impone la trashumancia. La estructura de los rebaños en grandes cabañas y las jerarquías internas de los pastores siguen patrones similares, si bien sus nombres no son iguales; así, por ejemplo, la figura del mayoral la asume el "encargado", quien dirige a los arrendadores y establece los turnos de los pastores.
De todos los pueblos que la configuran, son los vecinos de Porto los que presentan mayor arraigo e implicación en la vida trashumante. Sus mayores aseveran que desde hace siglos los ganados de sus sierras eran desplazados por sus propietarios hasta los invernaderos de Extremadura y Andalucía.





En la memoria popular de los sanabreses permanece, sin embargo, una constante que permite entender la trashumancia actual. Son de la opinión generalizada de que, si bien en un principio la mayor parte de los ganados trashumantes pertenecían a grandes terratenientes vecinos de estas localidades, que bajaban en invierno hasta los "extremos", poco a poco estos ganaderos, comprobando la benignidad del clima en las tierras extremeñas, decidieron establecerse en esas regiones sureñas, sin por ello dejar de trasladarse, ellos y sus ganados, a los pastos sanabreses en los meses de verano. Así, mayorales y rabadanes seguían siendo sanabreses, ya que los propietarios sabían que eran éstos los mejores conocedores de sus sierras y los más aptos para cuidar sus rebaños en esta zona. Ésta es una tradición que aún hoy se mantiene, aunque haya descendió significativamente.

Trashumancia en Sanabria - Historia - 2


En la Edad Media, bajo el reinado de Alfonso X El Sabio, con la creación del Concejo de La Mesta estos caminos pastoriles quedarían definitivamente establecidos y legislados. Por la geografía más occidental, y de Norte a Sur discurría la Cañada Real del Oeste, que ponía en conexión los puertos de la montaña de León con las dehesas de Extremadura. Una ramificación de esta Cañada, en las proximidades de Benavente, ponía a los trashumantes en relación con los puertos de Sanabria.

La trashumancia es, en esta región de Sanabria, fruto de la geografía y de la diferencia del clima entre regiones distantes, siendo los factores determinantes el rigor del invierno, las nieves de las montañas y la bonanza de las dehesas en las extremaduras, y el tórrido verano, cuando se agostan los pastos extremeños y en las sierras crecen verdes y frescos.
Existe constancia documental de la subida de trashumantes extremeños y salmantinos a las sierras de Sanabria en la segunda mitad del siglo XVIII. Así, entre los primeros, don Joaquín Jorge de Quiñones, hacendado cacereño, mantenía en verano 2.900 cabezas dispersas por Galicia, La Cabrera y Puebla de Sanabria; don Antonio Enríquez de Guzmán y doña Isabel de Alba Maldonado, entre los segundos, desplazaban sus respectivas cabañas a los puertos de León, Palencia y Zamora, entre los que se encontrarían, evidentemente, los puertos sanabreses.


Las personas más ancianas de Porto relatan cómo toda la Sierra de su término municipal pertenecía a los Condes de Benavente, quienes la vendieron a un vecino de Madrid, don Alejandro Pidal, cuya viuda fraccionó el terreno y lo vendió a los vecinos de Sanabria, apareciendo en las escrituras de estos pueblos el no poder impedir el paso a ningún viandante ni a ganado trashumante merino. La especificación de esta raza ovina y que se les trate como foráneos (los vecinos no necesitaban confirmación de paso) ratifica el supuesto de que la mayoría de los ganados que llegaban a los pastos de estos pueblos, al menos en los últimos siglos, procedían de Extremadura.
Ya en pasado siglo algunos de estos mismos pastores acompañaron a pie, en la década de los treinta, a los rebaños de merinas extremeñas hasta los pastos de invernada, realizando el viaje por una cañada que se ajusta notablemente al camino descrito.
Por último, es ya en la segunda mitad del siglo cuando aparecen los primeros datos de ganado trashumante que se desplaza a las sierras sanabresas.  , en su estudio sobre la trashumancia en ferrocarril, cita la comarca de Sanabria como una de las seis áreas de verano del ganado trashumante: "La zona de Sanabria, hasta cuya estación llegan siguiendo ramal que parte de la Vizana, por el río Tera, se comunica directamente con las dehesas de Cáceres por el único itinerario Zamora-Salamanca-Cáceres... (Abellan García A.La trashumancia por ferrocarril en España) Los escasos rebaños trashumantes de la zona de Zamora que hoy salen de Sanabria no alcanzan las 6.000 cabezas (de Porto, Galende y Trefacio)... y proceden exclusivamente de Cáceres.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Trashumancia en Sanabria - Historia


El paisaje de la serranía sanabresa es fruto de un ancestral aprovechamiento ganadero que permite considerar sus pastizales como áreas de agostada. Sin embargo, no se han encontrado fuentes documentales que relacionen históricamente la comarca sanabresa con la trashumancia, lo que implica que este sistema de aprovechamiento ganadero sea un hecho reciente. Muy por el contrario, y extrapolando la historia de las comarcas cercanas, se puede fijar su arraigo en épocas anteriores a los romanos.
La influencia celta en el occidente peninsular dejó la impronta de una vida pastoril. Los pueblos celtas que ocupaban la comarca sanabresa eran eminentemente ganaderos, que combinaban la explotación de los pastos de sus sierras con los de las áreas más sureñas y climáticamente más enigmas que posteriormente se designarían como "extremos". En los principios del otoño, gran parte de sus habitantes disponían de sus ganados y emprendían la trashumancia a esas zonas más templadas de la Península. Este supuesto origen celta de los sanabreses está basado en los restos existentes de antiguos castros y citanias, como los de Vega del Castillo, Trefacio, Hermisende, Puebla, Castrelos, etc., repartidos por toda la comarca, así como por la referencia toponímica. Allí llegarían los celtíberos, los vacceos, los vetones y los lusitanos.

Algunos autores perfilan curiosos modelos de vida para estos pueblos., dentro del pueblo los habitantes se repartían las tareas. Los que emigraban como pastores llevaban sus ganados y los de las familias que se quedaban encargadas de la agricultura; como no volvían hasta primavera, no podían hacer las sementeras y, por esta causa, sembraban y cosechaban los que se quedaban, entregando a los trashumantes la parte que les correspondía en pago de haber sido sus pastores aquel año. En la temporada siguiente los papeles se invertían, quedando al cuidado de la agricultura los que fueron pastores el año anterior y viceversa, garantizando así unos y otros cumplir bien su cometido.
El periódico y bianual viaje se realizaba por rutas establecidas con anterioridad a las calzadas romanas. De entre los caminos, el que mejor se adecua a las necesidades de poner en contacto la comarca sanabresa con las tierras sureñas es el denominado "Camino desde Galicia por la frontera portuguesa a las Extremaduras". En el recorrido que establece existen lugares fácilmente identificables hoy en día, si bien otros probablemente se refieran a parajes cuyos nombres han caído en el olvido. El punto de origen lo sitúa en Viana del Bollo, localidad de Orense (Viana do Bolo) próxima a la Sierra de Porto, que marca el límite provincial actual entre Zamora y Galicia. El itinerario recorre los siguientes lugares (entre paréntesis se indica el nombre actual identificado):


Frade Cabalos.
Dentro de la provincia de Zamora:
Adradas (Las Hedradas).
Luvian (Lubián).
Mombuey (Mombuey).
Villar de Ciervos (Villardeciervos).
Cabanas de Liste (Cabañas de Aliste).
Gamones (Gamones).
Villar del Buey (Villar del Buey).
Dentro de la provincia de Salamanca:
Cabeza de Framontanos (Cabeza de Framontanos).

Cabeza del Caballo (Cabeza del Caballo).

Berrueco Pardo (Berruecopardol).
Lumbrales (Lumbrales).
San Felice de los Gallegos (San Felices de los Gallegos).
Barba de Puerco. Villar de Ciervos (Villar de Ciervo).
Villar de Yegüa (Villar de la Yegua).
Gallegos de Argañán (Gallegos de Argañán)
Ciudad Rodrigo (Ciudad Rodrigo).
Postores (Pastores).
Pedrosin.
Venta del Caballo.
Dentro de Extremadura:
Alcántara (Alcántara).
Valencia de Alcántara (Valencia de Alcántara).
Gallegos.
Cervera.

Queda así esbozado uno de los principales itinerarios que enlazaría los pastos sanabreses con el sudoeste peninsular y que, como se ver posteriormente, coincide ampliamente con una de las vías pecuarias utilizadas por los trashumantes en las primeras décadas de nuestro siglo.
Durante el proceso de romanización, dejando a un lado los episodios bélicos, las leyes romanas reconocían la "trashumación" y protegían los caminos pastoriles, los cuales incluían los puntos más convenientes para alimentar los rebaños, utilizando en muchas ocasiones el trazado de estas vías para construir sus calzadas.
Posteriormente, en la época visigoda, la vida pastoril y la trashumancia también serian protegidas. Así, el Fuero juzgo disponía que los trashumantes tuvieran acceso a tierras abiertas, ya pertenecieran a la Corona, a los pueblos o a particulares. Sobre la existencia de usos comunales, y especialmente de pastos comunes, hablan diferentes leyes, casi todas del libro VIII: las 26 y 27, título IV, que reconocen el derecho de pastos en los campos abiertos y desamparados para los ganados trashumantes

lunes, 14 de febrero de 2011

Trashumancia en Sanabria

La comarca de Sanabria, a caballo de las estribaciones y los valles del conjunto serrano de Cabrera y Segundera, posee una indudable identidad física y cultural derivada de su especial situación entre las provincias de León, Zamora y Orense y el vecino distrito portugués de Tras os Montes. El duro ambiente de montaña y su localización periférico han marcado el carácter de la región en sus diversos aspectos.
Los recursos pastables de sus sierras en el período estival ofrecen la perfecta complementación con los de otras zonas más meridionales para el tradicional aprovechamiento ganadero en régimen de trashumancia.
Con todo, la trashumancia, vista desde Sanabria, ha experimentado cambios diversos en los dos últimos siglos. En primer lugar, puede conjeturarse que la comarca sanabresa, por causa de la expresada marginalidad geográfica, ha tenido poca o ninguna presencia entre los ganaderos serranos que integraban la cuadrilla mesteña de León. Por contra, existen referencias documentales que atestiguan la presencia de ganaderos trashumantes extremeños en la comarca sanabresa desde mediados del siglo XVIII, presencia que todavía hoy mantienen; en efecto, los merineros extremeños representan otro sistema de aprovechamiento que tiene puntos comunes con el pasado y el presente: poseen grandes rebaños de ganado muy seleccionado, majadas estables en la sierra y una gran tradición trashumante. Realizan sus largos desplazamientos en ferrocarril y sus tierras extremeñas los empujan a Sanabria desde mayo hasta noviembre.


Aunque su incorporación es probablemente mucho más tardía que la de los extremeños, los ganaderos de la comarca zamorana de Aliste integran hoy el contingente trashumante con mayor presencia en Sanabria. Los alístanos (churreros) no cambian de provincia y no permanecen en Sanabria nada más que dos meses, pero completan su ciclo productivo dependiendo de tierras que distan menos de cien kilómetros, efectúan sus desplazamientos por vías pecuarias y mantienen las más puras tradiciones trashumantes, incorporando unos sistemas sociales comunales muy arraigados que plasman en una rígida jerarquía laboral durante la temporada de pasto de las sierras.
Aún quedan otros visitantes ganaderos que, dispersos por tierras extremeñas, salmantinas y zamoranas, se acomodan en la comarca sanabresa durante el estío, llegando en camiones y con calendarios menos estrictos que los demás grupos.
Todos ellos, sin embargo, comparten la condición de ganaderos foráneos. Mas, poniéndose otra vez de manifiesto la dinámica trashumante, unos pocos ganaderos de la parte baja de la comarca, tal vez perpetuando usos que antaño compartían los pueblos del Común de Sanabria, suben en verano hacia las altas sierras de Porto con sus vacadas, y, en cierta reciprocidad con los merineros extremeños, bajan con ellas a las dehesas de Cáceres durante el invierno.


Es objeto de estos artículos sobre la trashumancia en Sanabria, la caracterización y cuantificación de todas estas modalidades trashumantes, insertándolas en el espacio socioeconómico sanabrés. Desde fuera llega la presión urbanizadora, la tendencia a la intensificación, los “modernos” parametros de calidad de vida y la tercialización y globalización de la economía. Las consecuencias son inmediatas: envejecimiento de la población, abandono de las tierras y las prácticas agrarias tradicionales, pérdida de cultura popular, degeneración o desaparición de las razas autóctonas y, en definitiva, un estrés sobre el territorio que en pocos años está provocado cambios irreversibles en la comarca de Sanabria.